«Este debate es un diálogo de sordos, es una síntesis perfecta de lo que ha sucedido en esta cámara durante los últimos cuatro años». Así comenzó ayer su intervención el socialista Jesús Fernández Vaquero. En efecto, la segunda jornada del Debate sobre el Estado de la Región no deparó sorpresas. Las siete resoluciones presentadas por el PSOE, que tiene mayoría en la Cámara, se aprobaron. Las siete registradas por el PP, que son minoría, se rechazaron. Ni siquiera el agua fue milagrosa y no pudo salvar un acuerdo entre partidos, aunque ninguno de los dos se mostró muy dispuesto a buscar dicho consenso ‘suavizando’ las redacciones de sus textos.
Una vez pasado el cara a cara de Barreda y Cospedal, la cita parlamentaria más importante del año cayó en intensidad. La tribuna de invitados estaba casi desértica. La sesión empezó un cuarto de hora tarde. Los escaños de los diputados estaban más vacíos que el día anterior. Hasta los protagonistas se ausentaron. Barreda prácticamente no entró en la sala de plenos hasta la última media hora. Cospedal desapareció a media mañana y volvió en los minutos finales del debate.
Estas ausencias motivaron varios reproches de los diputados que subieron a la tribuna. «¡Qué manera más cobarde de despedirse de esta etapa!», clamó la popular Cesárea Arnedo. «¿Cómo les puede molestar que el presidente esté tomando un café y no les molesta que Cospedal no esté? ¡Venga hombre!», exclamó el socialista Felipe Rodríguez Aguilar.
De esta forma arrancó el nuevo curso político y se cerró el Debate sobre el Estado de la Región. Para el siguiente habrá que esperar dos años, según indica el Reglamento.
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