Trashorras encuentra el pasillo perfecto entre los dos centrales para poner el balón fuera del alcance de Cabrero.
El Albacete Balompié volvió a demostrar ayer que es un claro aspirante al descenso, por mucho que se quiera pintar la cosa de otra manera. Las sensaciones que dejó el conjunto manchego en una indignada afición fue la de equipo muerto, y eso que todavía faltan 14 jornadas para el final del campeonato. Igual que le pasó frente al Cádiz, la expulsión de un jugador desencadenó la debacle en un partido dominado por el Celta y en el que los manchegos nunca dieron muestras de poder ganar.
La semana fue, como dijo Julián Rubio el pasado viernes, de relajación, con la sesión en el balneario, de cariño, de arropar a los futbolistas, pero el Alba salió ayer totalmente bloqueado, vencido por la presión y a merced de un rival que sólo cuando se vio con un hombre más fue capaz de transformar su dominio en goles.
De inicio Salva Ballesta se caía de la alineación por los problemas musculares que le mantuvieron en vilo durante toda la semana. Iba a jugar, pero no pasó las pruebas iniciales y Rubio tuvo que cambiar la alineación. Y como este equipo parece estar gafado desde que comenzó el 2010, a los 10 minutos se lesionó Hidalgo, con un pinchazo en la musculatura isquiotibial. El jugador catalán demostró las tablas que tiene provocando una tarjeta antes de su sustitución sabedor de que era la quinta y así sería sancionado para el próximo partido en el que, previsiblemente, ya no iba a poder jugar por la lesión. Julián Rubio no acertó con el cambio, dando a Merino una nueva oportunidad para demostrar su evidente desconexión con este proyecto.
A todo esto, el Alba todavía no había aparecido por el partido y enseguida se demostró que no iba a aparecer. El Celta tomó el control del centro del campo, con la misma facilidad que todos los equipos lo hacen partido tras partido sin que Rubio haya encontrado la clave para evitarlo.
Pero por algo el Celta estaba antes de este partido con un sólo punto por encima del Albacete y quedó en evidencia su capacidad goleadora, pues a pesar de su demostrada superioridad en el centro del campo, apenas aparecía por el área defendida por Cabrero.
La primera parte dejó muestras de las penurias de uno y otro. Un espectáculo lamentable de cara al aficionado, que el Carlos Belmonte supo aguantar estoicamente porque era el día de animar y de estar con el equipo, que por otra parte sólo daba motivos para todo lo contrario.
Una falta en la frontal ya en el descuento que Callejón pegó mal y a las manos del portero fue la única ocasión en la que el Alba tiró entre los tres palos en este partido. Sencillamente lamentable.
MÁS DE LO MISMO. El descanso no varió los esquemas de uno y otro, es decir, el Alba salió a verlas venir y el Celta a dominar sin profundidad. Los jugadores manchegos eran incapaces de dar tres pases seguidos sin perder el balón, mientras que el Celta tocaba muy bien, pero los balones morían cuando se profundizada sobre un Cellerino excesivamente lento.
El Celta había sabido tapar perfectamente la banda de Fernando Sales y el Albacete no encontró otra manera para llegar a la portería rival. Stuani se desesperaba, totalmente desasistido. El uruguayo trató de inventarse alguna jugada por su cuenta, pero era batallar en solitario ante veteranos en estas lides como Noguerol y Catalá.
Todo transcurría por el mismo camino de la impotencia manchega cuando llegó la jugada desencadenó el desastre. Alberto, que había visto la primera cartulina amarilla en el último minuto de la primera parte, agarró claramente a un jugador del Celta en el centro del campo y no fue perdonado por Bernabé García. Su camino hacia los vestuarios con casi toda la segunda parte por delante no presagiaba nada bueno para un Albacete que se había mostrado impotente en igualdad de condiciones.
Dicho y echo, como un castillo de naipes que se derrumba cuando cae la primera ficha, el Alba se deshizo como un azucarillo y tres minutos después de la expulsión de Alberto, Iago Aspas abría el marcador para desesperación de todos los presentes.
Rubio tampoco estuvo fino en el segundo cambio, pues para sacar a Pereira y recomponer el centro del campo quitó a Callejón, que al menos defendía, y deslizó a la banda a Merino. En su primera acción, perdió un balón en una clara acción de ataque manchego que provocó el contragolpe con el que el Celta se ponía con ventaja.
Igual que pasó en Cádiz, el Albacete desapareció por completo y el Celta comenzó a tener ocasiones claras para aumentar su cuenta en el marcador, lo que hizo Trashorras en el minuto 66 finiquitando un partido que hacía ya varios minutos que había terminado, al menos para uno de los dos equipos que estaban sobre el campo.
Belencoso mandó un cabezazo cerca del palo en el minuto 76, siendo la mejor ocasión del Alba en todo el partido. Muchos aficionados empezaron a desfilar, otros coreaban con oles los pases del Celta y al final se oyó una de esas pitadas que no caen en saco roto.