Esta vez no lo consiguieron y su destino fue huir. Así acabaron los piratas somalíes que intentaron atacar ayer al atunero vasco Txori Argi en aguas del Océano Indico, ya que la embarcación logró repeler la agresión gracias a la seguridad que llevaba a bordo, según informó el armador. En el ataque, ocurrido a más de 80 millas de la isla principal de las Seychelles, hubo un intercambio de disparos, pero el navío patrio se encuentra en perfecto estado, al igual que toda su tripulación.
Los hechos se iniciaron cuando el Txori Argi advirtió la presencia a unas ocho millas de distancia de un barco desconocido, momento en el que empezó a alejarse del mismo. Al iniciar el pesquero vasco esta maniobra, dos embarcaciones ligeras se hicieron a la mar desde el citado buque. Ante esta situación, los responsables de seguridad del pesquero realizaron varios disparos de advertencia cuando los corsarios se estaban acercando peligrisamente, aunque no cesaron la persecución. Al acercarse a una milla, se dispararon varias ráfagas ante las proas de las embarcaciones ligeras de los delincuentes, conforme marca el protocolo de seguridad, momento en el que finalmente los perseguidores abandonaron su intención y dieron media vuelta.
«La gente a bordo está normal, ellos no han tocado ninguna arma. El barco va hacia una zona más segura aunque relativamente, porque aquello está todo plagado. Estaba dentro de las aguas de Seychelles y se suponía que en esta zona no hay peligro», concluyó la empresa armadora del pesquero, que tiene sede en Bermeo.
Fuera de control. Por su parte, el patrón del atunero, Santi Gamboa, afirmó que los tripulantes (un total de 29 de los que 14 son gallegos, tres son vascos y el resto proceden de Ghana, Senegal, Seychelles y Madagascar), se encuentran ahora «más tranquilos», aunque «con miedo de volver a encontrar algún otro barco pirata». Tanto Gamboa como el resto de los pescadores llamaron a sus familias para tranquilizarlas tras el intento de agresión. «Apenas había terminado el ataque ya nos llamaron», señaló en referencia a los medios de comunicación, cuya labor de difusión de estas agresiones entendió que, en cierta medida, contribuyen a intranquilizar a las familias de los marineros.
«Hoy (por ayer) ya no hemos podido faenar y mañana, imagínese con qué tranquilidad lo haremos», expuso. Así, destacó que el área en el que trabajaban dista unos 1.200 kilómetros del litoral de Somalia, por lo que consideró que los corsarios «no tienen miedo» o «es que no hay control».
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