El primer ministro británico, David Cameron, defendió ayer ante el presidente del Gobierno español, Mariano Rajoy, que es el pueblo de Gibraltar el que «tiene que determinar su futuro».
Así se pronunció en la rueda de prensa conjunta en Downing Street, en la que constató que ambos países mantienen posiciones divergentes al respecto y donde confirmó que Londres no iniciará ningún tipo de diálogo con Madrid sobre ese enclave británico con el que los ciudadanos del Peñón no estén de acuerdo.
Por su parte, Rajoy confirmó las palabras de su colega al hablar de «posturas diferentes», si bien en su intervención evitó negar la posibilidad de diálogo. De hecho, aseguró que los ministros de Exteriores de ambos países seguirán «hablando en el futuro».
En el almuerzo que los líderes políticos mantuvieron previo a la rueda de prensa, el presidente del Gobierno español le expuso que para su Ejecutivo el diálogo sobre el Peñón debería establecerse en dos tipos de ámbito diferentes.
Uno de ellos debería girar en torno a la disputa sobre la soberanía y solo deberían participar ambos Estados. El segundo tendría que ver con la cooperación entre Gibraltar y sus poblaciones vecinas, y en este tipo de diálogo «deben de estar presentes los españoles del campo de Gibraltar y los gibraltareños».
En cualquier caso, como de momento no hay acuerdo, los ministros de Exteriores seguirán hablando del asunto mañana, cuando coincidirán en la Conferencia sobre Somalia que el Gobierno de David Cameron ha organizado en Londres.
Crecimiento de la UE. Por otro lado, ambos dirigentes confirmaron la necesidad de que la Eurozona adopte las medidas necesarias para «crear crecimiento», con acciones como las incluidas en la carta suscrita junto a otros once líderes ante la próxima cumbre en Bruselas.
El líder conservador se mostró «encantado» de que España se sumase a una iniciativa que no contó con la rúbrica de los jefes de Gobierno de Francia y Alemania. En esa carta, una docena de países europeos piden reforzar el mercado interior y liberalizar el sector servicios; crear y completar mercados únicos energéticos y digitales; impulsar la investigación, el desarrollo y la innovación; concluir acuerdos de liberalización comercial con EEUU y los Estados emergentes y reducir la burocracia, entre otros asuntos.
Rajoy indicó que el documento no supone «un frente contra nadie» y que la idea fundamental de quienes la suscribieron es que «se necesita austeridad» y una política monetaria ajustada.
Asimismo, reivindicó ante Cameron las reformas afrontadas en España, un proceso aplaudido por el primer ministro como «esencial» para la Eurozona. Según el premier, la receta continúa con «medidas fiscales duras y con una reducción de gasto público». Dos instrumentos a los que el popular atribuyó el empleo y el crecimiento, y que invocan a la disciplina presupuestaria.
Por ello, saludó los lazos que potencialmente se han establecido en su primer encuentro con David Cameron, definido por fuentes de Moncloa como «muy satisfactorio», por la capacidad de establecer una agenda común que, para Rajoy, ofrece la posibilidad de contar con «relaciones mejores si cabe en el futuro».
Tras la rueda de prensa, ambos mandatarios se desplazaron hasta una de las estación de Westbourne Park para visitar las obras de Crossrail, un ambicioso proyecto ferroviario en el que participan tres empresas españolas: Ferrovial, Dragados (ACS) y FCC.
Posteriormente, y antes de regresar a Madrid, el presidente del Gobierno se trasladó a la Embajada nacional en la capital británica.