Foto de familia del equipo multidisciplinar que trabaja a diario en la Unidad de Conductas Adictivas.
Una parte importante de la terapia que reciben las personas que acuden a la Unidad de Conductas Adictivas (UCA) la constituye el diagnóstico social y el estudio integral de su situación que realizan las dos trabajadoras sociales del equipo, que por un lado trabajan con los pacientes del llamado Programa Libre de Drogas (que tiene como objetivo la abstinencia de sustancias por parte de los pacientes), y por otro con los del Programa de Mantenimiento con Metadona (PMM), este último indicado sólo para adictos a la heroína.
Patro Sánchez Gallardo y Marta Santiago Cabrera son las trabajadoras sociales de la UCA encargadas de esta tarea. Su labor comienza por realizar a todos los pacientes que pasan por este recurso su historia social, lo que consiste en el estudio de su situación económica, laboral, social, jurídica, lo que determina el estudio integral de la situación de cada paciente y en base al mismo se realiza el diagnóstico social. Desde ese momento se encauza la intervención de las trabajadoras sociales con los pacientes.
Así se ocupan desde las acogidas de pacientes consumidores de heroína, las derivaciones judiciales o de servicios sociales, penitenciarias, hasta las derivaciones de menores». También las trabajadoras sociales se encargan de las derivaciones posteriores a las comunidades terapéuticas y a los servicios sociales, y de la reinserción sociolaboral , en contacto con instituciones como el Ayuntamiento (a través de su Plan de Empleo), Cruz Roja, R q R, y con las asociaciones de autoayuda.
El mayor porcentaje de pacientes que tratan Patro y Marta son los pacientes consumidores de cocaína y de alcohol, con edades entre los 25 y 35 años, aunque también se atienden en la actualidad a unos 200 pacientes que están en tratamiento con metadona, siendo ambos perfiles de pacientes totalmente diferentes.
En cualquier caso siempre se hace un plan terapéutico individual para cada paciente, porque la evolución de cada caso es distinta, siendo fundamental, según aseguran las trabajadoras sociales «que los pacientes cuenten con apoyo familiar, porque en muchos casos es la propia familia la que intenta que se pongan en tratamiento; si no hay apoyo familiar se dificulta muchísimo la intervención».
El de las trabajadoras sociales, afirman «es un trabajo muy gratificante porque en todo momento vamos acompañando al paciente en el proceso de recuperación».
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