Francisco Flores ha ganado una batalla y ha dado la cara en una situación que otros profesores también viven, pero que no denuncian. Este ex-profesor de Educación Física del IES Cristóbal Pérez Pastor de Tobarra se metió en un particular infierno al estar amenazado por el padre de una alumna de primero de Bachillerato del mencionado instituto. Entre los días 23 de septiembre y uno de octubre de 2006, el padre de la alumna, de quien no revelaremos el nombre, llamó repetidas veces al teléfono del domicilio del profesor colgando sin decir nada a distintas horas de la noche. «Todas las llamadas, recurrentes y la mayoría a altas horas de la madrugada, perturbaban el descanso y la tranquilidad de mi familia, incluidos la mis dos hijos menores (cuatro y un año), y constituían una amenaza para la integridad de todos los miembros de mi familia», comenta Francisco Flores, que en la actualidad trabaja como profesor de Educación Física en el Instituto Albasit.
El día 13 de octubre a la una de la madrugada se quedó grabado en el contestador un mensaje en el que el padre de la alumna, médico de profesión, decía:«Cabrón, ¿cómo vives cabronazo? ¿Eres feliz, cabrón? Pues te vas a acordar de lo cabrón que eres. ¿Sabes?, todo lo cabrón que eres te prometo que te vas a acordar estoy muy harto de ti, cabronazo (...) Todo lo que has hecho te vas a acordar. Lo puedes oír todas las veces que quieras:quería decírtelo al oído, pero no estás cabronazo. Lo repito otra vez: eres un cabrón y todo lo que haces lo pagarás». El mismo día se registró otra llamada en la que se oía:«Cabrón, me alegro de conocerte, voy a joderte».
A partir de ese momento, y después de encontrar el respaldo del director y del administrativo del centro, decidió presentarse en el Juzgado de Instrucción Nº1 de Albacete para presentar la primera de las dos denuncias por coacciones e injurias.
Los hechos comenzaron en junio de 2006 cuando la alumna, de quien no revelaremos el nombre, no acudió al examen de Educación Física. El docente Francisco Flores optó por suspender a la alumna para septiembre, ya que no se había presentado en los cuatro días siguientes y «sí lo había hecho en otras asignaturas. Mi alumna mentía y yo no quería que me trajese el justificante, algo que hubiera sido fácil porque sus padres son médicos», comenta Francisco Flores a La Tribuna, para agregar que al poco tiempo «llegó el padre de malas formas, muy nervioso y cagándose en todo», por lo que Francisco Flores llamó a alguien del equipo directivo para que fuera testigo de la conversación.
«Hicimos verle al padre que su hija había faltado al examen y decidí suspenderla. Pensaba que se había ido convencido, pero pegó un portazo tremendo, aunque después vino y se disculpó», dice Francisco Flores. La alumna recuperó Educación Física en septiembre y pasó a segundo de Bachiller con todo aprobado.
Injurias y amenazas. Después de los exámenes de septiembre y de aprobar «fue cuando el padre se acercó a administración a pedir el segundo apellido de Francisco Flores para buscarlo en la guía telefónica. Aunque lógicamente los administrativos no se lo dieron», comenta. A partir de ahí, empezaron las innumerables llamadas al teléfono fijo de su casa a altas horas la madrugada y desde diversos teléfonos. Francisco Flores lo sabía todo y grababa las llamadas porque el 25 de septiembre había acudido a su compañía telefónica a solicitar el servicio de identificación de llamadas que no tenía hasta ese momento. Pudo comprobar que la persona que realizaba las llamadas ocultaban su número de tal forma que en su teléfono aparecía como «Número privado». «La verdad es que no vivía tranquilo desde el momento en que la otra persona sabía la dirección de mi casa porque salía en la guía telefónica y más cuando tengo dos hijos pequeños», dice.
Estas llamadas se repitieron y el día 25 de enero su mujer cogió el teléfono con un número de Madrid en el que desde la otra línea otra vez se le volvía a insultar. Los mensajes fueron guardados en una cinta casette como prueba para el juicio que se celebró el 6 febrero de este año.
En el fallo judicial del 7 de febrero se condenó al padre de una alumna del IESCristóbal Pérez Pastor de una falta de coacciones e injurias, prevista y penada en el artículo 620.2 del Código Penal, a la pena de una multa de veinte días con una cuota diaria de nueve euros, debiéndose abonar antes del transcurso de dos meses, bien a plazos o en un solo pago, o a un día de privación sustitutoria por cada dos cuotas diarias de multa impagadas, y al pago de las costas procesales».
La reacción. Dice que denunció porque «todos sus compañeros le animaban, pero como dice el refrán:‘Habla muy bien el sano del enfermo’. Cuando no te toca a ti, te animan, pero cuando lo sientes tú te da miedo que se agrande la bola de nieve».
Asimismo, comenta que la sentencia ha sido «un alivio y me ha dado mucha tranquilidad que el juez le condene porque la gente no puede actuar de una manera impune», y añade que denunció para «animar a los profesores que puedan estar en mi situación y sensibilizarlos un poco, porque hoy puedo ser yo pero mañana puedes ser tú. Si no hubiera puesto la denuncia hubiera dado pie a que cosas como estas se siguieran haciendo conmigo o con cualquier otro compañero».
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