«Nosotros no somos gitanos españoles, somos españoles gitanos». Este aparente juego de palabras, pronunciado ayer por Juan David Santiago Torres, educador social en Alicante y miembro de la comunidad gitana, resume una reclamación de casi un millón de españoles, el reconocimiento de su identidad y, al mismo tiempo, de su pertenencia a un proyecto común, nuestro propio país.
Santiago Torres, quien también es responsable de Educación y Juventud de la Federación de Asociaciones Gitanas de la Comunidad Valenciana, acudió ayer a Albacete para participar en los actos que cerraron la Cuarta Semana Cultural Gitana en la sede de la Defensora del Pueblo de Castilla-La Mancha. Fue el encargado de pronunciar la ponencia «Participación Social en el Pueblo Gitano».
«Nosotros también somos España», afirmó en rueda de prensa junto a la Defensora, Henar Merino, «y por eso no creo que sea cierto que haya 800.000 gitanos que viven en España, es justo al revés, hay 800.000 ciudadanos españoles que, además de españoles, somos gitanos; nosotros también hemos puesto nuestro grano de arena para vertebrar España y muchas manifestaciones sociales y culturales que se asocian a nuestro país serían imposibles de entender sin nuestro pueblo».
En este sentido, y al hilo del proceso de revisión de los Estatutos de Autonomía en diferentes comunidades autónomas españolas, Santiago celebró que, por ejemplo, y en el caso de Cataluña, se hayan dado iniciativas políticas para reconocer la identidad cultural de estos 800.000 españoles, una vieja petición de este grupo de ciudadanos.
«No queremos hablar de agravios del pasado o deudas históricas, ni tenemos peticiones territoriales», puntualizó, «sino, simplemente, que se reconozca nuestra identidad cultural».
Un reconocimiento que, en los últimos años, ha avanzado muchísimo, pero en el que aún queda mucho camino por recorrer. En este sentido, Santiago recordó que, tras la incorporación de los países del Este a la UE, millones de gitanos se han incorporado al proyecto europeo, como ciudadanos de países con fuertes comunidades gitanas como Rumanía, Bulgaria o Hungría.
«Hay países de Europa donde el romaní es una lengua reconocida por el Estado», señaló, «y donde los gitanos tienen a su disposición emisoras y medios de comunicación; hay parlamentos que les reservan escaños en sus hemiciclos hay, en fin, una presencia pública e institucional en la que, en España, nos queda mucho por hacer».
Por su parte, y en esta misma línea, la Defensora del Pueblo, Henar Merino, recordó que «la recién creada agencia para los derechos fundamentales de la UE concede una especial importancia a la comunidad gitana» y que los gitanos también deben buscar su sitio en una Europa cuyo uno de sus principales retos «es mantener y respetar la necesaria identidad y diversidad cultural de los diferentes pueblos y personas que la forman» aunque este también es un camino en el que queda mucho por hacer «pues en Europa, hasta ahora han prevalecido los asuntos económicos y financieros; es ahora cuando empiezan a plantearse las cuestiones sociales».
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