Educar desde la infancia para fomentar la paz es sin duda el objetivo del Congreso Mundial de Educación para la Infancia que acoge desde el viernes la ciudad de Albacete, y en concreto su flamante Palacio de Congresos y que congrega a 1.200 delegados de 40 países, además de docentes y representantes de la UNESCO, el Ministerio y la Consejería de Educación. Concretamente, a lo largo del día de ayer un Grupo Internacional de Expertos elaboraron la fundamentación pedagógica de la Declaración de Albacete, un documento en el que se exponen las razones por las que hay que desarrollar una educación de calidad, integradora y plena de valores.
Tras proceder a la lectura de la Declaración de Albacete en inglés, pasadas las 13:30 horas del mediodía de ayer, en el salón de plenos del Ayuntamiento de Albacete, se hacía la traducción al castellano, lo que precisó del ajuste sobre la marcha de algunas precisiones y correcciones puramente lingüísticas.
desde la niñez. La encargada de dar lectura a la Declaración fue Gaby Fujimoto que actuó como portavoz y recordó que la propia Carta de la UNESCO , una organización que se creó en 1946 «nos dice que es en las mentes de los hombres donde se deben construir las defensas de la paz», algo que esencialmente «es un trabajo de educación, de reemplazar las mentalidades e ideologías que permiten la explotación con nuevas maneras de pensar, un trabajo que debe empezar en la primera infancia».
Por ello, todos los firmantes de la Declaración en representación de todos los delegados del Congreso Mundial de Educación para la Paz en la primera infancia considerando la necesidad de encontrar nuevos caminos para la transformación social y la paz mundial en cooperación con los gobiernos, la sociedad civil y especialmente con las familias, escuelas y servicios para la primera infancia declaran que «la pobreza atenta contra los derechos del niño y se convierte en una seria barrera para una mentalidad pacífica», siendo por tanto prioritario «apoyar a los niños y sus familias durante los primeros años para que construyan la paz».
una cultura de paz. Precisamente para conseguir una cultura de paz y la seguridad de los niños «debemos eliminar el acoso en nuestras escuelas; estimular la motivación para resolver los conflictos y la habilidad para hacerlo, incluyendo el uso apropiado del lenguaje y la imaginación creativa».
Por ello, los expertos en materia educativa consideran que «se debe considerar a los niños no sólo como objetos a entrenar en la resolución de conflictos, sino como sujetos creativos y con recursos no limitados por reglas o experiencias pasadas».
Además, señalan que para que los padres y los educadores puedan conseguir la resolución pacífica de conflictos deben trabajar para la construcción de entornos de paz».
Asimismo, se indica que «los gobiernos deberían cooperar con las instituciones de la sociedad civil para introducir la educación para la paz en los servicios para la infancia temprana», al tiempo que se aconseja la participación de los padres en el desarrollo y planificación de programas;desarrollar e intercambiar materias y métodos educativos y apoyar las oportunidades de desarrollo profesional para el personal que trabajo con los niños pequeños.
Por ello, los expertos abogan porque la educación de los niños se entienda como un proceso continuo, dinámico y permanente que facilite el pensamiento crítico y el aprendizaje participativo. Por ello, el objetivo de la educación temprana «es el pleno desarrollo de la educación del niño de una manera culturalmente relevante».
Pero, además, se aboga porque la educación también promueva la socialización positiva entre los géneros que reconozca la vulnerabilidad y la fuerza de ambos sexos de diferentes maneras sin predisposiciones de género.
Aseguran asimismo este comité de expertos que «dado que la participación en la sociedad empieza con el nacimiento a través de la interacción con su entorno inmediato, los adultos deberían adoptar una actitud centrada en el niño, escuchando y observando a los niños pequeños, respetando su dignidad».
e asegura en la Declaración que «las políticas nacionales, legislación y reglamento sobre el bienestar, cuidado y educación de los niños pequeños debería estar acorde con los acuerdos internacionales vigentes, un listado de los cuales se suma a este documento».
Y es que se afirma que «es una responsabilidad fundamental de cada nación el proporcionar a los niños pequeños educación temprana y actividades para el desarrollo de alta calidad equitativa y accesible de la educación que incluya entre sus muchos componentes oportunidades para que los niños pequeños establezcan relaciones positivas y respetuosas».
En el preámbulo de la Declaración se indica que «hoy en día se dispone de conocimientos y experiencias suficientes para responder a los retos a los que se enfrenta nuestro mundo, que entre otros, son el calentamiento global y el progresivo deterioro del entorno natural».
Asimismo, la Declaración se refiere a que hay retos mucho más íntimos en nuestra sociedad como el racismo, la intolerancia de la diversidad, la violencia doméstica y el impacto positivo de los medios de comunicación en la mente de los niños.
Además, conseguir una sociedad mundial más justa y más humana requiere, tal y como se recoge en la Declaración, «un cambio de mentalidades, una eliminación consciente de la violencia y la explotación para acercarse más hacia una cultura de paz y cooperación».
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