El triste episodio vivido el pasado miércoles en el campo de fútbol de Port Said, en el que 74 personas perdieron la vida a causa de los enfrentamientos entre las hinchadas de los dos equipos que disputaban el partido, que, además se saldaron con un millar de heridos, desató ayer una nueva ola de violencia en Egipto.
Miles de personas se manifestaron en la plaza de Tahrir, en El Cairo, emblema de la revolución que hace un año acabó con el régimen de Hosni Mubarak, y las protestas, como sucediera antaño, terminaron con al menos 388 heridos a manos de las Fuerzas de Seguridad, que emplearon gases lacrimógenos contra los congregados, que acusaban a la Junta Militar de estar detrás de los acontecimientos en el estadio para justificar su permanencia en el poder.
La situación se volvió especialmente tensa cuando los manifestantes avanzaron hacia el Ministerio del Interior, situado en el emblemático enclave de la capital, para empezar a tirar piedras contra el inmueble, momento en el que los agentes del orden comenzaron su ofensiva.
Los opositores responsabilizaron al Consejo Supremo de las Fuerzas Armadas de la tragedia en Port Said, al tiempo que exigieron al Parlamento que apruebe una declaración simbólica de retirada de su confianza a la autoridad castrense, que dirige el país desde el 11 de febrero de 2011.
Lejos de firmar algún documento contra la Junta Militar, el primer ministro egipcio, Kamal el Ganzouri, comunicó a la Cámara Baja que el recién estrenado Gobierno aceptó la dimisión del gobernador de la región de Port Said y cesó a los mandos policiales responsables de los agentes desplegados en el estadio de fútbol, al considerar que no cumplieron con su trabajo. Asimismo, también destituyó a los responsables de la Federación de Fútbol del país.
Al parecer, y según las últimas investigaciones, la trifulca comenzó cuando los seguidores del Al Masry invadieron el campo tras un cruce de insultos durante el partido y corrieron tras los jugadores del equipo visitante, lo que derivó en un enfrentamiento entre ambas hinchadas. La mayoría de las muertes en el estadio se produjeron como consecuencia de la estampida que se generó y que provocó múltiples aplastamientos o asfixias.
El Consejo Supremo de las Fuerzas Armadas egipcio anunció tres días de luto oficial, al tiempo que prometió que se encontrará a las personas que se encuentran detrás de los enfrentamientos violentos.