Con la muerte de Miguel Delibes, nos ha sacudido la tristeza; quizá al ver caer al roble de la lengua castellana. Buena madera. Armazón y artesanía de palabra y cultura. Raigambre de letras.
Nos ha dejado en el camino. Seguro que la señora de rojo sobre fondo gris habrá salido a su encuentro envuelta en todos sus recuerdos y añoranzas.
Es curioso, Delibes afirmaba: «Yo he sido siempre novelista de personajes (...). Sencillamente he poblado mis libros con unos tipos tan definidos desde el punto de vista humano que harían creíble la más absurda peripecia». Ahora, él es el personaje: definido y creíble. «Doy mi vida por vivida».Un personaje con un fondo, el campo de Castilla; una pasión, su familia. Y una herramienta, la palabra. «Yo me ocupo en mis relatos no sólo de los objetos, sino de los hombres e ideas, porque para mí la novela sigue siendo un intento de exploración del corazón humano» (Miguel Delibes). Hablaba de la importancia de la fidelidad del escritor a sí mismo. Escribir como somos.
A su preocupación moral e inquietud estética, unió la inquietud ética buscando un perfeccionamiento social.
«Sin los robles nos moriríamos» le dijo a Mónica Fernández-Aceytuno. Pero él se ha quedado con nosotros, en el legado de su existencia; tomando nota en y desde todos sus márgenes, de la vida, siempre atento a la realidad. Son muchas las horas que podemos estar con Delibes.
«Al verdadero maestro le otorgan tal grado los demás». Maestro también de periodistas. Su vida ha estado llena de lecciones magistrales: modo de ser, de sentir, de decir. De su esposa (y madre de sus siete hijos); «La mejor mitad de mí mismo», «Nos bastaba mirarnos y sabernos».
Valladolid y Castilla, constituyen- según sus propias palabras- la materia prima de su obra, sutilmente visto y estéticamente interpretados para trascender de lo propio a lo universal. Publicó más de 70 obras. Haciendo alusión a algunas de ellas, mi sincero y sencillo homenaje: Delibes, su sombra también es alargada, camino y partida, no de ‘el loco’ pero quizá diario para muchos emigrantes, como parábola de un náufrago. Santos inocentes con madera de héroe en más de dos días de caza. La vida no va siempre sobre ruedas; puede sorprender y suspenderse bajo la aureola de la señora de rojo sobre fondo gris. Apuntes del diario de un jubilado. El tesoro. He dicho. Adiós al hereje. Y para toda la eternidad, por esos mundos de Dios: Viejas historias de Castilla la Vieja. Descanse en paz.
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