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Opinión
Cartas

El autobús y su mensaje ateo

Alejandro Pérez - jueves, 19 de febrero de 2009

Empezó la moda en Londres, y como las extravagancias rápidamente se imitan, ya tenemos, en Madrid y Barcelona autobuses con la frasecita atea: «Probablemente Dios no existe. Deja de preocuparte y disfruta de la vida».

Si analizamos la frase, vemos que no se afirma categóricamente que Dios no exista, sólo que probablemente no existe. Pero Dios no puede equipararse a cualquier fenómeno aleatorio que puede o no suceder: o existe para los creyentes, o no existe para los ateos. No entra dentro de cualquier probabilidad, o todo o nada. Y no lo niega categóricamente porque es más difícil demostrar, desde un punto de vista racional, o sea, usando la razón, que Dios no existe, que lo contrario. En una novela que leí, dos personajes contemplaban en una noche clara, desde la cima de una montaña, el cielo; y uno de ellos le decía al otro: ¡qué difícil es viendo todas estas estrellas, no creer que detrás de ellas existe un ser infinitamente bueno y poderoso, que las ha creado. Efectivamente la Creación es un reflejo de la gloria de Dios. Si Dios no existe ¿de qué es reflejo?¿de sí misma?. El Universo ¿es eterno? Según la ciencia, hubo un comienzo de todo hace unos 14 mil millones de años, el Big Bang y después el Universo ha evolucionado hasta lo que podemos ver hoy. Bueno, lo poco que podemos ver hoy, porque sus dimensiones son tan gigantescas que cuesta sólo imaginarlas. Eso concuerda con el relato de la Creación, ¿o no? De todas maneras, hay que respetar tanto a los que creen en su existencia como a los que no creen. A veces, incluso para los creyentes, es difícil sentir la presencia de Dios. El mismo Benedicto XVI le preguntaba al mismo Dios: «¿Dónde estabas?», cuando visitó el campo de exterminio de Auschwitz. Lo que me parece ya una frivolidad intolerable es la segunda parte de la frase: deja de preocuparte y disfruta de la vida. Se está presuponiendo que los creyentes en Dios somos unos seres atribulados por sentimientos de culpa y que por ello somos incapaces de sentir placer y gozo en esta vida. Jesús de Nazareth dice: «mi yugo es suave y mi carga ligera». La presencia de Dios en nuestras vidas no supone ninguna pesadumbre extraordinaria a los creyentes, sino lo contrario. Bien es cierto que hay que huir del pecado, pero asociar el disfrute de la vida al pecado es ser muy estrecho de miras. Además, ¿es Dios nuestra única preocupación? No creo que piensen lo mismo los tres millones de parados, ni los enfermos, ni los ancianos, ni los que sufren el terrorismo. Lo que sí puedo asegurar es que para los creyentes la confianza en Dios es un tremendo consuelo, en los momentos de adversidad, que en la vida de cualquiera son muchos.

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