La Tribuna de Albacete
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Opinión
LA VENTANA AL VIENTO

El Titanic, Nietsche y el autobús

GARCE - miércoles, 4 de marzo de 2009

No te creas, amigo lector, que vas a leer algo así como una tesis doctoral o cosa que se le parezca. Simplemente se cuenta, se dice, se cotillea, que el Titanic, Nietsche y el autobús, tienen algo en común. Del primero se cuenta, yo no sé si es todo cierto, que llevaba una inscripción en el casco que decía algo así como «Ni Dios ni la naturaleza me hundirán». Y se lo cargó un fiordo en su primer viaje. Cosas del destino, del azar o cosa parecida, porque para los promotores de tal barco Dios no tenía que ver nada en el asunto. O a lo mejor era una fardonada del que lo diseñó y construyó. En el segundo caso se cuenta que Nietsche puso una esquela funeraria en un periódico en el que se podía leer «Dios ha muerto. Firmado Nietsche». Cuando a Nietsche le llegó la hora, como nos llegará a todos los demás, y se murió, apareció otra esquela que decía algo así como «Nietsche ha muerto, firmado Dios». Y en el tercer caso se trata de esos autobuses que, empezando en Cataluña y copiando a otros del extranjero, llevan una propaganda que dice también algo así como «Probablemente Dios no existe, goza de la vida». Supongo incluso que han colocado a Dios con mayúsculas y todo. Y como ahora parece que nos llega a Albacete, por eso lo traigo a colación.

Ha pasado mucho tiempo y el Titanic es una anécdota en la historia de los buques de pasajeros. Y no necesitó contestación directa de Dios, simplemente la fortaleza de un fiordo se lo cargó. Es que las causas directas o indirectas también tienen su razón de casualidad. Y Nietsche murió y es un gran pensador, un gran filósofo, pero lo conocen los que culturalmente lo necesitan para sus estudios o algún filósofo que estudia sus obras. Porque Nietsche intentó con su pensamiento crear un corpus filosófico, o sea, racional. Cosa que le honra. Y, sobre todo, a estas horas, habrá salido de la duda de si Dios estaba vivo o muerto. En el tercer caso los autobuses dan vueltas y vueltas, o sea, están en el tiempo que pasa, como los que han pagado para que se coloque dicha propaganda. Lo que no es óbice para que se preocupen tanto de los creyentes. Es raro, ¿no? Porque supongo que la tal propaganda va dirigida a los creyentes, porque los que no creen no necesitan ayuda de los autobuses dichosos. Y al verdadero creyente le trae sin cuidado lo que digan tales papeles pegados.

Otra cosa es que se debatiera racionalmente la existencia o no de Dios. Y entonces, si es así, les propongo otro lema interesante para propagarlo. Tendríamos que poner «A lo mejor Dios existe o no existe, obra según tu conciencia». Y así todos contentos, creyentes y no creyentes. Pero no hace falta que lo pongamos en los autobuses de línea. Simplemente se puede llevar en el corazón de cada uno. Y entonces creo que todos nos divertiríamos más y seríamos más solidarios, porque no creo que nadie quiera el mal del prójimo. Y tendríamos que pensar en lo que la ciencia llama evolución. Y como un amigo me decía no hace mucho. De acuerdo con la ciencia todo procede de un tronco común que evoluciona. Y ese tronco común quién lo trujo (sic), decía él. El pobre no sabe hablar con florituras, como él también dice, pero piensa, vaya que si piensa.

Probablemente los que promocionan tal frasecita del autobús piensen o no piensen. En el primer caso son, como supongo, animales racionales. Y yo me atrevería a afirmar que con alma inmortal, por eso de no tener materia. Y sus dudas se desvanecerán cuando dejen este cuerpo mortal. Y si no piensan, o piensan que son simple materia, pues a qué preocuparse, hombre, simplemente desaparecerán y aquí paz y después la nada. Porque no puedo decir gloria. Pero los que creemos en Dios tenemos la certeza de la fuente que mana en medio de la noche, porque oímos su ruido. También con dudas si será la fuente que esperamos, pero suena a fuente. Luego tendremos nuestros defectos como los que no creen, pero esperamos la salvación de la mano de nuestro padre Dios. ¡Ah! Y que conste que también nos divertimos, oiga, que la vida sólo se vive una vez.

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