Me parece muy bien que las autoridades del lugar hayan guardado un minuto de silencio en memoria de los dos guardias civiles muertos en Afganistán. Pero me parecería aún mucho más pertinente y debido que lo hubieran hecho también, y en primer lugar, en memoria de los más de 20 millones que mueren de hambre cada año, entre una y otra tomatina, espectáculo que constituye uno de los más afrentosos ejemplos directos de cómo todavía los Epulones de hoy siguen prefiriendo destruir la comida para jugar, en vez de impedir dichas muertes, repitiendo aquel siniestro: «¿Acaso soy yo el guardián de mi hermano?».
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