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Opinión
Tribuna libre

Centenario de la conferencia Solvay

Augusto Beléndez y otros - viernes, 28 de octubre de 2011

El 29 de octubre se cumple un siglo de la celebración de la primera conferencia Solvay celebrada en el glamuroso, estilo Art Decó, Hotel Metropole de Bruselas en 1911. Las espectaculares escaleras de mármol de su vestíbulo fueron recorridas por los científicos europeos más famosos y de mayor prestigio de inicios del siglo XX.

El químico belga Ernest Solvay, nacido en 1838, patentó un exitoso procedimiento para la fabricación industrial de la sosa (que es necesaria, entre otras cosas, para la fabricación del vidrio, de detergentes y en metalurgia). Esta patente le produjo unos enormes beneficios que él dedicó, en parte, a fomentar el estudio y el avance de la ciencia de su época, probablemente influido porque debido a una pleuresía no pudo asistir a la universidad, como él tanto deseaba. Entre otros actos filantrópicos, patrocinó con 1.000 francos los gastos de viaje de cada uno de los participantes a la primera conferencia Solvay de 1911, entre que los que podemos destacar a Marie Curie (única mujer presente), Einstein, Planck, Sommerfeld, De Broglie, Rutherford, Lorentz y Poincaré. La crema de la ciencia de entonces. Hay que situar esta conferencia en su contexto histórico. A principios del siglo XX, en 1905, Einstein había publicado cuatro artículos muy importantes sobre la teoría de la relatividad, sobre el efecto fotoeléctrico y sobre el movimiento browniano. A 1905 se le suele denominar annus mirabilis (año prodigioso) porque el edificio de la Física clásica veía como se tambaleaban sus cimientos y cómo el huracán de la Teoría de la Relatividad, por un lado, y el tornado de la Física Cuántica, por otro, zarandeaban las persianas de sus ventanas y arrancaban algunas cornisas. Los desperfectos pudieron arreglarse.

Conocedor de toda esta ebullición científica, Solvay patrocinó su congreso de 1911, para analizar los últimos avances en las teorías moleculares y cinéticas, para poder dilucidar algunas cuestiones sobre los nuevos modelos atómicos que estaban surgiendo. Esta primera conferencia Solvay de 1911 fue un éxito total y se acordó repetirla periódicamente. La más famosa de todas ellas por la gran cantidad de premios Nobel que acudieron, 17, fue la de 1927, celebrada también en Bruselas y trataba sobre electrones y fotones. De esta conferencia se cuenta la siguiente anécdota: estaban Einstein y Bohr discutiendo científicamente sobre el entonces controvertido principio de incertidumbre de Heisenberg, el primero hizo su famosa objeción, «Dios no juega a los dados» a lo que Bohr replicó,«Einstein, deje usted de decirle a Dios lo que debe hacer con sus dados». Unas décadas después, Stephen Hawking puntualizó: «Dios no sólo juega a los dados. A veces también los lanza donde no puedan ser vistos». Al final la teoría probabilística de la Física Cuántica se abrió paso y parece que efectivamente a la Naturaleza le gusta jugar a los dados, unas veces vemos la tirada y otras no.

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