Paseaba el martes por la calle Tesifonte Gallego de regreso a casa. La cena esperaba y escoltado por los escaparates y bajo la sombra de las luces cavilaba en la Natividad del Niño Jesús, en el misterio de lo que celebramos, el mensaje. Mucha gente esta noche ni siquiera tendrá donde pasar la noche, algo que llevarse a la boca, pensaba. Ya en casa, terminando de cenar, salió a mi encuentro La ciudad de la alegría, el film basado en la novela de Dominique Lapierre.
En algo más de dos horas he visto reflejado el espíritu navideño en la cinta dirigida por Roland Joffé. La ciudad de la alegría es un cántico a la Navidad. Porque celebra la vida; en una especie de chamizo cochambroso acontece contra todo pronóstico una de las escenas más emocionantes de la película, el nacimiento de un bebé. Quién da a luz es la mujer de un leproso enano y sin piernas. La felicidad de esos padres al conseguir alumbrar a una criatura en las condiciones más adversas es algo difícil de explicar. El brillo de sus ojos, la sonrisa de su rostro, la complicidad de unas miradas repletas de amor nos muestra la alegría luminosa de la vida frente a la oscuridad de la muerte. Elogia a la familia; los seres que allí habitan viven en la más absoluta de las miserias, pero se tienen los unos a los otros y se ayudan entre sí. No tienen cosas pero siempre tienen un plato de comida para compartir. No tienen pero son. Cuando sufre uno sufren todos y si uno está alegre lo están todos. Enaltece la dignidad de la persona, frente a las injusticias y el abuso de los poderosos. Alaba el impagable valor que tienen la tradición y la costumbre. Glorifica el trabajo, tan importante en estos tiempos que corren. La ciudad de la alegría nos muestra el camino, nos anima a buscar la verdad y nos invita a la vida.
Ambientada en Calcuta, dos occidentales deciden quedarse entre los habitantes de La ciudad de la alegría, allí encuentran pleno sentido a sus vidas. En medio del sufrimiento, la pobreza y la humildad, Joan Bethel (Pauline Collins) y Max Lowe (Patrick Swayze) descubren que el amor es el mayor aliado frente a las adversidades, ¿qué mayor muestra de amor que Él? Pero también que en esta vida hay tres tipos de personas: las que huyen, las que figuran como espectadores y las que se comprometen. En La ciudad de la alegría ambos pasan de huir a comprometerse. ¡Feliz Navidad!