Las formadas por jabón y agua -pompas de jabón- duran muy poco tiempo, estallan por sí solas o al chocar contra algo. Tan efímera belleza, emboba a niños y adultos, como un juego malabar casi etéreo pues cada pompa es una finísima esfera hueca que exhibe una superficie iridiscente. Su tamaño varía según el arte y artesanía de quien las ‘construye’. Las gigantescas, de artistas callejeros, son de gran atractivo tanto para el público infantil como para la población viandante. Hasta aquí la parte lúdica de las burbujas. La trágica, es demasiado conocida por todos porque han estallado generando una profunda crisis económica en la que todos estamos inmersos. No sólo hemos vivido por encima de nuestras posibilidades construyendo demasiados castillos en el aire, sino que a río revuelto, las ganancias -ilegales y corruptas- han ido a parar a desaprensivos pescadores que siguen empeñados en hacernos tragar su anzuelo. A nivel de calle, se generaliza la sensación de impotencia. Estudios y experiencia profesional parecen irse al garete mientras la lacra del paro desestabiliza a multitud de familias. La clase política tiene que aplicarse a fondo para levantar la economía. El esfuerzo común precisa de dirección clara y firme. Nuestra sociedad malvive desencantada tras el estallido de la burbuja inmobiliaria al chocar con la económica (burbuja especulativa, de mercado o financiera). La subida anormal y prolongada de los precios los ha hecho alejarse cada vez más del valor real del producto. La espiral imparable de la especulación ha elevado el precio del activo hasta niveles absurdamente altos hasta producirse el estallido con la caída de los mismos por bajo de su nivel normal, dejando una deuda insostenible (crash). Las burbujas financieras fueron estudiadas por Hyman Minsky, que las vinculó al crédito, a las innovaciones tecnológicas y a las variaciones del tipo de interés. Existen otras clases de burbujas ligadas a diferentes situaciones y actividades de nuestra existencia. No pretendo hacer un estudio exhaustivo y extenuante de cada pompa de aire con todo su aparato y parafernalia. Sí, una llamada de atención ante la tentación al inmovilismo conformista o la crítica destructiva sin más. Sería como encerrarnos en una frágil burbuja abocada a estallar en un estrepitoso fracaso. Sin ‘zapatero’ lo lógico es comenzar a caminar con ‘zapatos nuevos’ aunque al principio nos hagan daño. Confiemos que el nuevo Gobierno no sea una burbuja de esperanza.
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