Va en cada persona-con mayor o menor uso de razón- todos los días de su vida, a pesar de los pesares de la existencia humana. Es el quid de nuestra personalidad, la esencia del modo de reaccionar ante cuanto acontece. El quid pro cuo (una cosa por otra) entre nuestro interior y el mundo que nos rodea. Sin embargo no constituye una base inamovible pues innata también a la persona -libre y responsable- es su tremenda capacidad de superación, de tal modo que el yo de nuestras circunstancias vitales tiene su razón, su porqué en la esencia del ser. La cuestión -con permiso de Descartes- la puntualiza cada cual con su esfuerzo personal por optimizar el logro del sentido de una vida coherente. Necesitamos un cierto orden en la cabeza (inteligencia y voluntad), en la agenda (electrónica o no) y en el corazón (afectos y sentimientos). El ser o no ser no depende sólo de cuanto acontece. Nuestra actitud es condición sine qua non de la trayectoria de la felicidad. Luchar por ser mejor de lo que somos. Implica reconocer la realidad personal abriendo de par en par las puertas a la esperanza. «No existe ninguna actuación que no se pueda ennoblecer» (Goethe). En cierto modo, somos dueños de nuestro modo de afrontar la vida. Cierto que constantemente nos aturde y sorprende con las mil cábalas del destino por eso es fundamental la actitud para afrontarlas. Muchas veces no podremos elegir nuestras circunstancias, pero siempre podemos escoger el cómo vivirlas. Creo que todos conocemos historias increíblemente positivas ocurridas en situaciones dramáticas. Al tiempo que vamos aprendiendo de los demás e incluso de nosotros mismos, tanto de los aciertos como de los errores, hay quiénes dejan una huella indeleble. La vida es para vivirla intensamente. Pasarlo bien y hacerlo pasar bien a los demás (Descomplicar, pasar por alto, disfrutar de lo que sí tenemos). Alegrar el día al primero que nos encontremos. Estar disponibles y saber delegar. Lo que tenga que venir vendrá pero quedarse de brazos cruzados es lo último. Siempre podemos hacer algo por los demás (al fin y al cabo, por nosotros mismos). Con nuestro yo, a trancas y barrancas, podemos participar en la construcción de un mundo mejor. Somos un poco de arena ante el inmenso mar de la vida pero nuestro espacio es irremplazable. Las grandes crisis nos ayudan a descubrir los auténticos ideales. Se sigue haciendo camino al andar pero hay que ayudar y dejarse ayudar. ¡Nos vemos!
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