Rajoy y Rubalcaba son de una actualidad presente. Es deseable la victoria de Rubalcaba (es verdad que ha sido su campaña amañada y colmada de renuncios, trucos y artificios, por mejor decirlo y de una vez: tramposa) para que el cambio que ha iniciado Rajoy sufra una oposición inteligente y constructiva. Rajoy está gobernando y con una firmeza extraordinaria -más allá que el propio Aznar-. Está cambiando, bajo el imperio del voto, toda una concepción de vida democrática. Tomemos el ejemplo de Gallardón. El ministro de Justicia ha decidido hablar claro y modificará la legislación abortista, devolverá las competencias a los jueces para que se gobiernen de manera independiente y elevará las tasas judiciales. Sólo estoy conforme con una de esas decisiones y me parecen malas las otras dos, pero Gallardón muestra -y esto es bueno- que hay política por hacer cuando se llega al gobierno, mandatado por millones de españoles. Y que la política ha de desarrollarse sin complejos, por cuanto el hacer pronto no significa hacer mal, siendo como es un mandato del pueblo, mandato electoral. De Justicia a Educación. El ministro ha terminado con la muy peligrosa Educación para la Ciudadanía. El acierto -la supresión- lo ha doblado de error. No se puede abrogar una asignatura para imponer otra -Educación Cívica y Constitucional- cuando lo razonable es dejar en manos del maestro tales educaciones que se presumen en todo magisterio. Lo mejor no legislar ni reglamentar lo obvio. Refuercen el magisterio y supervisen, mediante la inspección, la bonanza de lo que se enseña, siendo innecesario el agravio (cambiar una asignatura por otra) y, de paso, evitando ese tufo falangista (ya sé que infundado) de la educación «cívica». Lo cierto es que Rajoy gobierna y asienta bases para un desarrollo moral distante a otras administraciones. Cuando Aznar le ha sugerido rapidez -despido en la práctica libre- Rajoy puede contestarle con hechos. Jamás Aznar se atrevió a devolver el poder a los jueces, derogar la legislación del aborto o plantear la cadena perpetua -le llaman prisión permanente revisable-, además de aceptar, lisa y llanamente, la situación presente del País Vasco, en un ejercicio de formalidad política intachable del ministro de Interior-. Si a estas decisiones unimos la firmeza del titular de Agricultura o la confesión precisa de la responsable de Fomento, nos hallamos, a gusto o a disgusto, en el cambio constante y en la apuesta por un sistema de valores que se pretende reforzar -siendo, paradójicamente, las decisiones económicas las que contradicen el programa electoral de Rajoy (acabará subiendo el IVA)- y que se anuncia, con toda responsabilidad, en las comisiones del Congreso. Para este viaje es necesario -o mejor- nuestro tramposo conocido a la inconsistencia de Chacón -máxime cuando las trampas ya son nuestras propias y entrañables trampas, y las hacemos para sí y casi no nos sorprenden y nos procuran enseñanzas varias-, y todo esto es muy natural en la política, los cambios de peso necesitan el concurso de un adversario que conoce a fondo la radiografía del Estado. La R es la decimonovena letra y la decimoquinta consonante del alfabeto español, y la decimoctava letra del alfabeto latino básico. Su nombre en español es femenino: en castellano representa un sonido consonante sonante, oral, vibrante y simple. Rubalcaba y Rajoy deben están llamados a protagonizar un cambio de meridiano en nuestro sistema de libertades públicas. Un meridiano mejor y para el común de todos.