Recuerdo a un base estadounidense en el Campeonato Mundial de Baloncesto España 86, que consiguió ganar el oro junto a su equipo, se llamaba y se llama Tyrone Curtis Bogues, alias Muggsy.
Fue un tema de conversación recurrente durante esos días, no por su juego, que fue excelente, sino debido a una peculiaridad, su estatura de 1,59 metros, a día de hoy aún sigue siendo el jugador más bajo de la historia de la NBA.
Suplía su falta de estatura con una extraordinaria velocidad, un salto espectacular, acierto en el lanzamiento a canasta, un manejo de balón con dribling imparable y una capacidad defensiva asombrosa. De hecho su actuación más memorable en aquel mundial fue contra Yugoslavia, desquiciando y anulando, con bastante éxito, al hasta el momento imparable Drazen Petrovic.
Está claro que para llegar a la NBA tuvo que esforzarse y no poco, debió superar muchos obstáculos para conseguir labrarse una carrera profesional en el baloncesto, la cual por cierto fue larga y fructífera.
Era bajito casi para cualquier deporte, cuanto ni más para jugar a baloncesto, pero aún así él pensó que podía y pudo.
No siempre querer es poder, ni tampoco poder tiene por qué ser querer. Creo que este caso demuestra que muchas veces puede más el deseo, con su tremendo poder para superar barreras aparentemente infranqueables, porque en realidad ¿quién impone los límites?