Ha hablado Botín, y cuando habla el cántabro banquero o se desploma el cielo sobre nuestras cabezas o se abre la tierra bajo nuestros pies. Ahora resulta que la culpa de la crisis la tienen los políticos en exclusiva, porque no han sabido hacer sus deberes mientras los banqueros pagaban sus impuestos y se dedicaban a lo suyo que era a multiplicar los panes y los peces, a costa de los españolitos, a los que, con la inestimable ayuda de los especuladores del tocho y el mirar para otro lado de los políticos, sumergieron con engaños en el espejismo de una sociedad del bienestar, basada en el falso «todos tenemos derecho a todo». Sofisma que les sirvió para hipotecar sus vidas y convertirlos en esclavos sin posible remisión.
Pero la culpa era solo de los políticos, ¿verdad usted? Por eso, señor Botín -nunca apellido alguno definió tan bien a nadie- ustedes, los usureros, condonaban las deudas al partido en el poder, babeaban alrededor de sus gerifaltes y usted mismo le cantaba a Zapatero el «no te vayas todavía/ no te vayas por favor», porque oye tú «es que lo estás haciendo muy bien». Frase lapidaria digna solo de la pequeñez del usurero mayor del reino, cuando la inmensa mayoría de los españoles estábamos hasta el gorro de Zapatero y rezábamos para que le dieran unas «correncias» crónicas que le impidieran acercarse a La Moncloa a presidir el Consejo de Ministros. Hay que perdonar a Botín cuando generaliza diciendo «los políticos». Al fin y al cabo no está demostrado que sea capaz de andar y masticar chicle a la vez porque si lo intenta, o tropieza y se cae o se muerde la lengua. Él se quería referir al Partido Socialista y a Zapatero, en quienes tenía puestas todas sus complacencias.
¡Qué rostro el del ínclito banquero! Porque aunque con una boina y una chaqueta de pana pasaría por un modesto vendedor de miel de la Alcarria, Botín sabe perfectamente que desde la noche de los tiempos los banqueros y los políticos son primos hermanos. Unos dedicados a financiar las aventuras políticas de los otros, con el fin de tenerlos cogidos por el rabo para que respalden su eterna operación de coge el dinero y corre. Pero todos unidos por la causa común de administrar los dineros del pueblo, porque ya se sabe que el que parte y reparte se lleva la mejor parte. Y con la repartidora en sus manos los unos y los otros tienen más peligro que una víbora en un bidé.
De todos modos todavía hay que distinguir entre banqueros y políticos, porque de éstos alguno que otro sale decente, cosa que no ocurre con los coleccionistas de billetes de banco. Si hubiera algún banquero que no aspirara a quedarse con el dinero de sus clientes se sabría. De todos modos, ojo al parche señor Rajoy. Que ya ve usted cómo se sacuden las pulgas los prestamistas de covachuela como Botín, que generaliza para poner una vela a Dios y otra al Diablo. Por si las moscas, que también los banqueros saben a estas alturas que nada es para siempre…
Usted no les debe nada, ¿verdad señor Rajoy? Pues si quiere responder a lo que de verdad espera este engañado, escarnecido y arruinado pueblo nuestro, métales mano sin temor ni remordimiento que aunque les expropiara hasta el colchón, Dios le habría de absolver por aquello de los «cien años de perdón». Aunque, ¿para qué vamos a disimular?; con lo que de verdad disfrutaríamos sería viéndolos conducidos por la Guardia Civil hasta Guantánamo y aún nos perecería demasiado cerca. Si alguna duda le cupiera de que lo merecen pregúnteles qué han hecho con las participaciones preferentes, vulgo el mayor robo del siglo. A ver si Botín es capaz de explicarlo sin la lupa y el panfleto de letra microscópica en que han apoyado bancos y Caixa su latrocinio. ¡Ay señor Rajoy! Si usted pusiera freno a las felonías de semejante gentuza, quizás recobraríamos la esperanza de que algún día se pueda vivir en este país en armonía y con justicia. Y merecería que los ciudadanos le levantáramos un monumento en la plaza mayor de todos los pueblos y ciudades de España, costeado por suscripción popular.
el puyazo: la imagen torera
Las figuras del toreo se han dado cuenta de que su imagen tiene un precio (como si no lo estuvieran cobrando hace tiempo) y hay que ver la que han armado. Los toreros del G-10 (los que más cobran) han encargado la defensa del porcentaje que les corresponde de lo que devengan las televisiones, que ellos cifran en el 50%, a una empresa llamada All Sport Medium, que está llevando la negociación tan mal que más que en defender los intereses de los del G-10 parece empeñada en enfrentarlos a los aficionados, a los empresarios y a los medios de comunicación. Y es que el que no sabe es como si no viera. ASM sabe tanto del negocio taurino como yo de la cría del gusano de la seda.