Siempre han dicho que los frutos obtienen su recompensa, que no hay que perder el ánimo y que el pensamiento debe ser positivo hasta las últimas consecuencias y que la meditación nos ahorrará más de un problema, es cierto, pero la realidad de nuestro país nos hace ver cómo la compañía Spanair ha dejado en la puñetera rúa a 4.000 trabajadores de una tacada con una última nómina de 1.000 euros y encima se quedaron 22.000 pasajeros sin llegar a casa. Claro, esto en una república bananera puede ocurrir, pero en un país europeo que quiere llegar a los niveles de prosperidad de Francia y Alemania con el último dato del paro conocido y con las negras nubes que se ciernen sobre el cielo económico, pues es un poco descorazonador porque esa imagen se proyecta también al extranjero, ¿o es que se creen que un islandés no se ha enterado de tamaño desaguisado? Ya no es solo la fuga de cerebros, sino ver con la impunidad con que las empresas se declaran en quiebra y no pasa nada. Ejemplos hay a pares como Japan Airlines, General Motors, Kodak, que se declararon en quiebra para a ver si pueden aguantar el chaparrón y salvar miles de puestos de trabajo con la ayuda de los bancos.
Me gustaría ver a los señores que crean todos estos desaguisados, a los cabecillas, entre rejas, porque ellos se llevan el dinero a sus paraísos fiscales, Islas Caimán, Suiza y un largo etcétera y la justicia aunque hace es lenta como un escarabajo. Da pena que los valores en los que tengamos que educar a la gente, porque no tengo hijos, sean con este capitalismo atroz que no deja títere con cabeza y en el que la humanidad solo queda para los voluntarios, misioneros y algunos ejemplos para recordar como Gandhi o la Madre Teresa de Calcuta. Pero todo eso ya no sale en los telediarios, nos interesa lo estrafalario, la gilipollez mayúscula y ver cómo cuando una empresa cae como Spanair las otras compañías acuden como buitres carroñeros, y como ejemplo las acciones de Vueling que ya se frota las manos porque sus acciones han subido un 24%, mientras los trabajadores y nada menos que la ministra de Fomento, Ana Pastor, dice alto y claro que «se tomarán responsabilidades». Eso esperamos todos, como supongo que pensará el ministro de Justicia, Alberto Ruiz Gallardón y el presidente Mariano Rajoy, porque más de 4.000 personas se han quedado en la calle, y porque el arriba firmante en los últimos años a los pocos caraduras que he visto entre rejas ha sido a Bernard Madoff, otro que también jugaba con la avaricia y la codicia, dos alimentos que acaban siempre mostraron lo más bajo del ser humano. Las empresas no son hermanas de la caridad, lo sé, pero tampoco el modelo a seguir es el de Spanair, ¿o no?, pero tienen que hacer algo rápido para mantener el tejido productivo. La sociedad en general, las empresas, incluso las tiendas de ultramarinos, de las que apenas quedan en el barrio, lo están demandando desde hace meses.
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