Decirnos a los castellano- manchegos lo de que tenemos sol, es tan simple como asomarse a la ventana para contemplarlo. Aunque este mes de junio haya sido una excepción histórica, por la cantidad de agua de lluvia que ha mojado nuestros campos sedientos. Sin embargo nos gusta ir a las playas de las provincias limítrofes y disfrutar de la arena y el sol. Es raro, rarísimo, no encontrarse a un albacetense desde Almería hasta Castellón disfrutando de un apartamento o simplemente pasando unos días. O sea, tenemos y gozamos de un país de sol y playa. Por eso, también, tenemos la costa mediterránea hecha un enjambre de hoteles, apartamentos, chalés, chiringuitos, hamacas, paseos marítimos. Construcciones de primera, segunda, tercera… línea de playa. Construcciones que se fueron instalando acercándose cada vez más al mar e incluso robando terreno al mar. Desde hace unos años se reclama a la Administración de Costas la defensa de las playas construyendo espigones por aquí y por allá, aunque sean semisumergidos, según el mar va dejando más peladas de arena las playas de nuestros litorales, incluso con tendencia a desaparecer, en especial durante las temporadas de lluvias o temporales. Desde los años 60, la arena que llegaba a las playas desde las cuencas fluviales ha ido disminuyendo en proporciones alarmantes por causa de las urbanizaciones, por haberse arrasado el cordón de dunas que había en la mayoría de las playas, que constituían su propia autodefensa contra las inclemencias del tiempo.
Hace unos días contemplé una playa de Castellón que estaba siendo regenerada de arena mediante la aportación de barcos-draga. Era tal la cantidad de arena que bien podían haberla traído a la playa cientos de camiones. Por otro lado había tramos de arena que pinchaba en los pies descalzos. Lo primero se debía a que se extrae arena del fondo marino adecuado, hasta los cien metros de profundidad que pueden trabajar los barcos-draga. Y lo segundo a áridos machacados de cantera, de elevado coste y molestos para los bañistas por sus aristas hirientes en los pies descalzos.
La solución, según los técnicos, no está en seguir sólo este sistema de regeneración de las playas, sino, como están haciendo en Francia, Inglaterra, Holanda o EEUU, incorporando terrenos a las playas para su uso público, regenerando hacia el interior, como está haciendo la Administración de Costas española poco a poco, pasando por encima de intereses puramente económicos. Y aplicando la ley de costas de 1988.
Postdatario: La huelga de la crisis sigue molestando, aunque sean una minoría, cual mosca... Es que lo que mal empieza, ya se sabe. Y en el caso que nos ocupa no cerrar el acuerdo al cien por ciento equivale a esto, a estar pendientes de unos pocos. ¿Para cuándo una ley que regule las huelgas? ¿Es que es tan difícil ponerse de acuerdo en el parlamento, ¿español?, sobre este tema? ¿O es que se molesta a alguien o algunos?