El próximo viernes, 26 de diciembre, se presenta el libro póstuma de Manuel Merlos Ruiz, Rincón del alma, en la Caja Rural de La Roda a las 20,15 horas. Don Manuel Merlos, como era conocido en la Roda, dedicó toda su vida a la enseñanza y literatura. Fue fundador y director de la Academia Cervantes y gracias a él fueron muchos los jóvenes rodenses que tuvieron acceso a una formación y educación y que pudieron acceder a la universidad en una época impensable en muchos otros sitios, ya que los durísimos años de la posguerra lo impidieron en la mayoría de nuestros pueblos. En el acto se proyectará un vídeo conmemorativo de su vida y labor en la Academia Cervantes, un proyecto educativo que nació en 1945 y donde se educaron más de 2.000 alumnos de la región. En ella, además, también estudiaron niñas, algo aún menos frecuente en aquella época.
La presentación correrá a cargo de Adolfo Martínez García, ex alumno de la academia Cervantes y autor del prólogo. Asimismo, otro ex alumno, Federico Martínez Jiménez, leerá algunos fragmentos y poemas del libro.
Manuel Merlos potenció la cultura en La Roda, participando y fundando cualquier iniciativa en este sentido. Trabajó en la enseñanza durante más de cuatro décadas y ayudó en la creación de las primeras fiestas de primavera en 1942. Organizó, presentó y fue pregonero de las Galas Literarias, que tanto prestigio han dado a La Roda. Además formó parte de los amigos del Museo Antonio Martínez, de la Cofradía del Cristo del Perdón, de la Cofradía Virgen de las Remedios; y participó en las Cuevas de Barrax y los Pórticos de Munera.
Su pasión por la literatura le llevó a conducir un programa literario en la radio parroquial Sus poetas y escritores preferidos fueron Juan Ramón Jimenez, Rubén Darío, Antonio Machado, San Juan de la Cruz, San Agustín, Miguel Hernández. Manuel Merlos escribió el libro en vida y muchos de sus fragmentos son autobiográficos. Llegó a comprar un ordenador para pasar sus cuadernos a modernos archivos digitales. Quería ver el libro publicado, pero falleció el pasado año, antes de poder cumplir su sueño. Por ello, sus hijos han continuado su labor para poder presentar ahora este libro.
Rincón del alma contiene lo que su autor denominaba prosa poética y versos inspirados en La Roda. Recogen acontecimientos como los molinos blancos, las fiestas patronales, la despedida de la superiora del asilo, y también acontecimientos íntimos y familiares relacionados con su mujer, sus hijos y sus amigos. Escribe sobre figuras de las letras como Agustín Alarcón Santón, catedrático de árabe en la Universidad de Madrid y Barcelona, y Tomás Navarro Tomás, rodense de nacimiento y una de los lingüistas españoles más importantes.
mi cédula personal. Manuel Merlos cuenta en un extracto de sus escritos que «había pasado desapercibido. No caí en la cuenta. Creía que esta mañana tenía que renovar mi carne , mi cédula personal. Ya no tengo que renovarlo como antes cada cinco años, con su nueva fotografía. Pues por lo visto la cara se desfigura con los años. A mis 70 años me dejaron ir haciéndome a la idea de que no sirvo ni para ser un ilota. Como si fueras un cascarón de huevo que ya cumplió con su deber. Y ya han pasado 18 años más». Por ende, ya seré siempre el mismo y mi rostro no envejecerá. ¡Qué lástima! Fue precisamente la Administración la que me despachó con mi validez permanente. Hasta el final, añadiría yo.
Si buscaba la frasecita infundirme pesimismo, iba arreglada. Todo lo contrario. Una intensa e íntima y múltiple satisfacción. Llegado a esta cumbre de la vida, siento una gran serenidad que me permite instalarme y centrarme más en las realidades de nuestro entorno. De la vida transcurrida he tenido que retirar mucha hojarasca, para quedarme con el estío de lo fundamental. Me preocupan un ardite las cosas que antes ahogaban mi tranquilidad. Tengo ateridos muchos deseos, arrugadas muchas ansias, dormidos muchos amores que fueron, todo un poemario altruista en actividades culturales. Aquel Frente de Juventudes donde durante cinco lustros derramé una catarata de ensueños vividos con una límpida juventud de La Roda, hoy señera ancianidad con acervo de recuerdos, en la que se acunara la Cofradía del Cristo del Perdón y la ubicación del actual Campo de Deportes, que con tanto empeño e hincapié, al ocupar al mismo tiempo la concejalía de Cultura y Deportes en el Ayuntamiento y ayudado por el amigo Juan José Berruga ( que antes nos cediera el terreno del Maracañí, ¿recordáis? ) , y la actividad entusiasta de una juventud deportiva que dirigía José Aguado, se obtuvo la gran cantidad, entonces, de los 22.000 duros que costaron los 22.000 metros que abarca su perímetro».
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