Los socavones creados por el agua y los derrumbes empiezan a parecerse a cráteres de explosiones.
Dicen las malas lenguas que, para que algo se arregle en este país, antes se tiene que matar alguien. Pero, por desgracia, hay excepciones para todo, y una excepción a esta norma es la carretera del Puente de Híjar, que une Letur, Férez, Socovos y Nerpio.
Hace seis meses, Julia Fernández había ido a recoger a sus padres. Cogieron el coche para ir a Hellín, donde ella acababa de encontrar un trabajo. Salieron de Tazona, una pedanía de Socovos que da a la CVA-13. Eran las seis de la tarde, cuando el coche se le fue al tomar una curva.
«Sentí cómo el coche se iba solo, hacia un lado, sin que hiciese nada -cuenta en el mismo lugar del accidente- y recuerdo que mi padre echó mano al volante, porque el coche no me respondía, pero aún así, haciendo fuerza entre los dos, no pudimos evitar que el coche se saliese de la carretera».
Julia salió del trance con varias contusiones, pero sin heridas graves; su padre, evacuado de urgencia, pudo contarlo; pero su madre no lo consiguió, falleció a consecuencia de las graves heridas que sufrió. El atestado de la Guardia Civil habla de «exceso de velocidad» al tomar la curva.
Pero la propia carretera cuenta una historia algo distinta. Mientras hablamos con Julia y con la alcaldesa de Letur, Mari Carmen Álvarez, al borde de la carretera, vemos cómo una furgoneta de reparto está a punto de salirse de la carretera, justo en el mismo sitio, en la misma curva.
«El peralte de la curva no está bien, se ve a simple vista -señala- pero no habría problema si el firme estuviese en condiciones, pero como tampoco lo está, si hay un poco de humedad sobre la calzada, te vas».
Parte de bajas. Recorrer a pie los bordes de la carretera del Puente de Híjar, desde el cruce de la carretera que lleva a Elche de la Sierra hasta el propio puente, es como hacer un parte de bajas.
Cada vez que nos detenemos, en las cunetas o al fondo de un barranco, se ven a simple vista tramos de guardarraíl arrancados, piezas, pedazos, restos que pertenecieron a alguno de los numerosos automóviles que han sufrido algún percance en alguno de los recodos de la CVA-13.
No es el primer percance mortal que ocurre. El más espectacular de todos sucedió en enero de 2004, cuando un camión cayó por el propio Puente de Híjar, al cauce del Segura, resultando muerto su conductor.
Pero, a medida que el deterioro de la carretera se ha agudizado, los percances se han ido sucediendo y hay instituciones que no parecen darse por enteradas de la existencia de este tramo negro.
Así, desde hace meses, la Diputación de Albacete ha intentado, sin ningún éxito, que la Confederación Hidrográfica del Segura se haga cargo de las reparaciones que necesita esta parte de la vía porque, según explica la alcaldesa letureña, Mari Carmen Álvarez, es una arteria vital para varios de los municipios más recónditos de la Sierra del Segura, que son el suyo propio, Férez, Socovos y Nerpio.
«Podríamos llegar hasta Hellín y, desde allí, a Albacete por la carretera de Elche de la Sierra, pero supone incrementar el recorrido en veinte minutos -señaló- y, la verdad, eso nos parece una auténtica locura, hablamos de 50 minutos, ya no es hablar de una incomodidad, hablamos de un riesgo para los ciudadanos».
En estado terminal. Este riesgo quedó patente para todos con las tormentas de los últimos meses. Fue entonces cuando los derrumbes de laderas y barrancos estuvieron a punto de cortar, a la vez, las dos carreteras, la del Puente de Híjar y la que lleva a Elche de la Sierra.
Pero, mientras que los operarios de la Junta y de la Diputación trabajaban a destajo para mantenerla abierta y despejada, nadie se ocupó de la carretera del Puente de Híjar que, en palabras de la propia alcaldesa, se encuentra «en estado terminal».
No lo dice por decir. Lo dice plantada en medio de uno de los descomunales socavones que cruzan la calzada. Un socavón que se parece más al cráter de una bomba de la Guerra Civil que al producto de las avenidas de piedras, tierra y agua.
«Más que los socavones, me preocupa lo que hay en las laderas -indica- porque si uno se fija, ouede ver cómo hay piedras de gran tamaño, sueltas o sólo sujetas por las raíces o las ramas de algún árbol; si vuelve a llover y se mueve un poco el terreno, ahí van».
No es para tomárselo a broma porque, al otro lado de la calzada, se pueden ver algunas rocas que ya han caído. Piedras grandes, capaces de llevarse por delante un automóvil pero que, vistas desde arriba, no parecerían, sin duda, mucho mayores que las que siguen encaramadas al monte.
Grietas ocultas. Pero hay más, no todo se encuentra a la vista. Para llegar desde el Puente de Híjar al cruce con la carretera de Elche de la Sierra, hay que pasar por algunos pequeños viaductos, situados sobre el cauce de algún torrente o barranco.
Sobre uno de ellos, situado no muy lejos de un muro de contención de avenidas que parece bastante más nuevo, la calzada presenta unos extraños abombamientos, unas concavidades en el firme que se salen de lo normal.
Descendemos al fondo del barranco por una pendiente llena de pisadas de caballos, entre otros animales, hasta llegar a la parte inferior. Visto desde abajo, uno de los arcos del viaducto parece intacto. Pero el otro presenta grietas que van convergiendo en un muro de contención en el que, a su vez, se apoya el arco.
En ese muro, justo en el lugar donde se une con el arco del viaducto, hay una grieta enorme. Pasa, con creces, el brazo de una persona adulta. Y no parece, por lo menos a simple vista, que nadie haya intentado repararla.
Movimiento ciudadano. Por todas esta causas, en los últimos meses, ha empezado a cuajar en la zona un movimiento ciudadano, organizado en parte a través de métodos tradicionales, en parte a través de las redes sociales, para exigir al Estado, sea cual sea su rama, estatal, regional o local, que se haga cargo cuanto antes de esta carretera comatosa.
Julia es, precisamente, una de sus integrantes. «Estamos mi hermano, un compañero de Tazona, y yo, pero es que en el Facebook, habrá unas 600 personas -señala- y puede haber al menos otras 600 si contamos con las firmas que se han ido recogiendo».
Mientras tanto, las instituciones siguen mareando la perdiz.En noviembre de 2009, parecía que la Diputación de Albacete, que ya es titular de la otra mitad de la carretera, la que llega hasta el puente mismo, estuvo a punto de cerrar un acuerdo con la Confederación del Segura para incorporar el tramo que falta, de unos 10 kilómetros, a la red provincial.
Pero, por los motivos que fuesen, no se llegó a un acuerdo. El último capítulo del sainete administrativo tuvo lugar a principios de este mismo mes, cuando la Confederación negó que la carretera fuese de su propiedad, algo que, como es natural, niega la Diputación de Albacete.
El hecho es que cuando recorremos la carretera, por más que buscamos un cartel, señal o indicador que ponga ‘CHS’ no vemos ni uno. Lo curioso es que, según los vecinos de la zona, hasta hace poco, había unos cuantos. Ahora, nadie sabe dónde destán.
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