El escritor Miguel Aranguren (Madrid, 1970) intervino en el ciclo de conferencias organizado por la Asociación Cultural Alborea con una charla centrada en sus experiencias como autor joven y sobre su celebrada novela La sangre del pelícano. (2007, Libros Libres). Aranguren publicó su primer libro a los 19 años, El mirador del valle (Espasa Calpe) y comenzó su actividad como articulista en el diario El Mundo, con sólo 23. En la actualidad escribe artículos en diversas revistas y periódicos de España e Iberoamérica y acaba de publicar La hija del ministro.
«Esta conferencia me brinda una ocasión de oro -afirmaba a La Tribuna de Albacete- para contactar con mis lectores albaceteños y, por otro lado, para explicar cuál ha sido mi experiencia vital como escritor, la rápida evolución de una afición juvenil a una profesión apasionante».
Pese a tener nueva obra en las librerías su intervención se centró más en La sangre del pelícano, ¿por qué?
La sangre del pelícano es una novela que ha impactado especialmente en muchos lectores, hasta el punto que, año y medio después de publicarse, todavía me siguen pidiendo detalles del proceso de creación de la misma o la razón por la que me lance a esa arriesgada aventura; también hay curiosidad en conocer cuáles son las fuentes donde he bebido para contar la historia.
¿Le molesta que se compare su novela, por contraposición en su enfoque, al best-seller de Dan Brown, El Código da Vinci?
Creo que es una comparación natural hasta cierto punto. Era costumbre que la novela de misterio espiritual, desde hace años, ofreciera una visión negativa de la Iglesia y de la fe que profesan millones de cristianos, algo que no sucede, desde luego en el judaísmo o el islamismo. Es curioso que desde el ámbito literario haya recibido continuas agresiones por autores que aprovechan la ficción para dar por supuestas auténticas calumnias. En ese sentido, La sangre del pelícano trabaja ese misterio desde el respeto y el asombro por la figura de Jesús.
¿Cuál cree que ha sido la clave de su éxito?
Ser una novela que habla del Bien y del Mal, de las raíces del primero, que son el propio Jesucristo, cuya figura ha empujado durante la historia a millones de personas hacia el reto de la santidad y, por otra parte, de los orígenes del mal, del pecado; esta historia tiene el matiz singular de dar voz a un personaje inquietante, el príncipe de la mentira, el Diablo, al que nada molesta más que, de repente, un alma ganada para el mal sea capaz de renacer de sus cenizas y convertirse.
Su nueva novela, ¿camina por derroteros distintos?
Sí, La hija del ministro, que acaba de publicar La Esfera de los Libros, es una obra muy distinta. En este caso cuento la historia de una adolescente en el Madrid de los últimos años del reinado de Alfonso XIII, que pasa de la gloria -era hija de un ministro del monarca- a la persecución en los años terribles del final de la II República que sufrirá su familia y, además, le hará romper con su conocimiento del amor.
¿Cuál es el objetivo principal del proyecto que dirige desde hace unos años, llamado Excelencia literaria?
Pretende buscar nuevos talentos literarios, básicamente. Yo publiqué mi primera novela a los 19 años y eso me transformo. De alguna forma, creo que mi literatura está vinculada con el mundo de los valores y éstos no han sido respetados por la literatura en los últimos decenios. Desde hace unos años he salido por España, como una especie de flautista de Hamelín, en busca de chicos y chicas que tengan cualidades para escribir y deseen defender una visión íntegra del ser humano. En la web www.excelencialiteraria.com se pueden conocer más a fondo todos los detalles de este proyecto.