El músico albacetense Arturo Moya ha volcado en su último trabajo discográfico, Composiciones pianísticas, toda su faceta como creador, transmitiendo en esas partituras su talento artístico y enlazándolas, a la vez, con una vertiente claramente poética.
Este disco, Composiciones pianísticas, agrupa composiciones de muy distintos períodos, ¿podría considerarse un resumen ilustrativo de su carrera?
Sí, resume buena parte de mis 50 años como compositor. Hay composiciones más antiguas, como Minerales, surgida del impacto que me produjo la maravilla natural de la Cueva de Nerja y que estrené en 1967 en el Palacio de los Condes de Castro Guimaraes, en Cascais (Portugal), dedicándosela al Conde de Barcelona. Otras son más recientes, por ejemplo la España herida, compuesta tras los trágicos sucesos del 11-M, que me cogieron dando unas conferencias audiovisuales en Hellín, y El mar de Maya (2004), inspirada en la obra del pintor luso Francisco Maya. Para mí, la música representa una huella de mi piel, de mi paso por la vida... no es simplemente ponerme a escribir, debe haber una motivación añadida para sacar fuera lo que llevo dentro.
Se trata de composiciones muy descriptivas, con un fuerte tono poético, algo evidente en Los minerales o en Los ojos de Marylia.
Así es. Respecto a esta última composición es muy curioso todo lo que la rodea, porque el poeta portugués Pedro Falcao me dijo en sueños que buscara a la mujer de su poema Los ojos de Marylia, que viajaba conmigo junto al grupo de jóvenes intérpretes Atabal en Cascais y a la que pude localizar finalmente en Hellín. De aquí surgió la melodía.
Como compositor, ¿considera que la música se enriquece al asociarla con el resto de las bellas artes?
Sí, precisamente hace poco realice una composición muy enérgica con motivo de la exposición del Retablo de Albacete, del pintor francés Daniel Ogier, en el Centro Cultural La Asunción. Por otra parte, para el próximo mes de mayo tengo previsto estrenar una partitura para acompañamiento vocal, inspirada en un gran lienzo de caballos realizado por el pintor albacetense José Ángel Ramírez. También en mayo o junio interpretaré la música que compuse para pinturas de Paco Pérez, José Zafrilla de la Torre, José Ángel Martínez Cuenca y el gran Ignacio Zuloaga, en la inauguración de una muestra que acogerá la Delegación de Cultura de Sevilla. Finalmente, otro proyecto a medio plazo serían unas canciones inspiradas en las pinturas de temática taurina del maestro Ignacio Zuloaga (1870- 1945) , con cuya familia he vuelto a ponerme en contacto después de muchos años, y que podría escenificarse el próximo año.
Musicalmente estamos ante un trabajo muy variado, desde el folklore andaluz, la influencia de la música cubana, música religiosa y partituras muy intimistas, ¿es algo premeditado?
Se ha seleccionado así, intentando reflejar la variedad, las distintas características de mi trabajo como compositor.
¿Qué motivos le inspiran a la hora de componer?
Para mí, todo lo que me impacta emocionalmente me vale. Una simple mirada, como me ocurrió en el centro de Asprona, me sirve para descubrir todo un universo interior, la naturaleza, la infancia... todo el componente de emociones que supone el paso por la vida.
¿Cómo se definiría en esta faceta creativa?
Soy un clásico moderno. Es decir toda la estructura básica de la construcción de la música tiene una sólida base, pero con una fuerte personalidad a la hora de dar color a la armonía.
¿Podría citar cuáles son las referencias que más le han marcado como músico?
Creo que, con el paso de los años, mi música posee un fuerte sello personal, aunque no cabe duda que los grandes clásicos me han influido.