La Tribuna de Albacete
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jueves, 17 de mayo de 2012
Vivir

Mongol Rally

CARLOS R. RODRÍGUEZ - jueves, 20 de agosto de 2009

La expedición se alojó en la ciudad de Barnaul, frontera ruso mongola, una próspera capital industrial con una distribución un poco extraña para nuestros ojos occidentales, pues no existe un centro del que parten calles

A eso de las cuatro de la mañana y, tras dormir un par de horillas en el coche, nos dirigimos hacia Barnaul, la ciudad más al norte de nuestra ruta.

Un nuevo país, un nuevo paisaje. Todo verde con hileras de árboles por todos los lados y una fresquísima hierba cubriendo todo el suelo. No se veía ni un trozo de tierra. En nuestra ignorancia, pensábamos que más allá de Moscú, Rusia se tornaría tan desarreglada como el resto de ex repúblicas soviéticas que habíamos visitado ya. Nada más lejos. Las carreteras eran excepcionalmente buenas. Poco tenían que envidiarle a las que dejamos atrás hace un mes en la vieja Europa.

En Barnaul nos alojamos. Necesitábamos algo de descanso y una buena ducha. Varios días acampando habían hecho mella en nuestra higiene.

Barnaul es una próspera ciudad industrial con una distribución un poco extraña para nuestros ojos occidentales. No existe un centro ciudad del que salen el resto de calles. Hay grandes avenidas llenas de centros comerciales, sin escaparates a la vía y enormes bloques de edificios, pero no pegados los unos a los otros. Cada finca está exenta de las que la rodean. Ya no son tan grises como las que vimos en Tukmenistán, por ejemplo. Ahora decoran las fachadas de colores, lo que le da un aspecto algo menos serio y triste.

Barmaul, frontera ruso mongola o atravesando los montes de Altai. Salimos de Barnaul pensando que nos quedaban 200 kilómetros escasos hasta la frontera mongola, para enseguida llevarnos el chasco de que faltaban más de 700 kilómetros. La parte buena era que teníamos que atravesar los montes Altai, una cordillera espectacular, que se extendía y se extendía. Parecía no tener fin.

Atravesamos sus laderas y sus valles, bañados de caudalosos ríos y de otros más medianos, rodeados de frondosos bosques y montañas con los picos nevados durante horas y horas y horas.

Por fin llegamos a la frontera. Sabíamos que estaría cerrada, pero queríamos acampar allí para ser los primeros en entrar por la mañana. Detrás de nosotros, aparecieron más equipos.

Estamos en agosto y, sin embargo, la temperatura no superaba los 5 grados. Caímos en la cuenta de que estábamos en Siberia y aquí, el frío y el viento no dan tregua ni en verano. ¿Estábamos preparados para soportar esa temperatura? Simplemente, no. Nos pusimos todo, absolutamente todo lo que teníamos para abrigarnos y, creedme, creo que nunca en mi vida he sentido una sensación igual. No había forma de entrar en calor. Durante la noche se alcanzaron los 3 grados. Es, lo que podríamos decir en términos manchegos, un frío negro. Sobre todo, cuando te has hecho la mochila en ese Albacete de 37 grados y ni remotamente piensas que vas a necesitar en el verano algo más que una sudadera recia.

The Adventurists, la empresa organizadora del Mongol Rally, nos había avisado vía sms de que el trámite en la frontera mongola se venía realizando con una media de 24 horas.

Pero en la parte de la salida de Rusia, las gestiones fueron más o menos rápidas. Estábamos contentos con nuestra suerte. Qué gran engaño.

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