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Las últimas imágenes de un mundo que pierde su memoria

V.M. - lunes, 5 de octubre de 2009
El director Luis Alfaro logró el primer premio de la sección Videocreación Albaceteña del recién concluido Festival Abycine 2009 con su último trabajo, el cortometraje documental "Los hijos de los pastores"

E l director de cine albaceteño Luis Alfaro estrenaba recientemente su corto documental Los hijos de los pastores, que el realizador rodó el pasado año en la pequeña aldea de Santa Ana de la Sierra (aldea de Alcadozo), en el Cine Capitol, dentro de la sección Videocreación Albaceteña, trabajo que consiguió el primer premio en su categoría. Alfaro, de 31 años de edad, cursó estudios de Imagen y Sonido en el CEU San Pablo de Valencia y durante la última década ha trabajado como realizador para distintas cadenas de televisión, actualmente está en la Sexta. También dirigió documentales sobre las víctimas del 11-M ó sobre los secuestros en México.

El joven director comentaba a La Tribuna que esta cinta está centrada en el día a día de Pedro y José dos hermanos solteros, de 80 y 70 años de edad, respectivamente, que han dedicado su vida al pastoreo desde su infancia, un oficio heredado de sus padres y que, obligados por la avanzada edad, dejan con una mezcla de tristeza y orgullo. «Este documental llega justo a tiempo para recoger ese momento, y hacer balance de toda una vida. También justo a tiempo de dejar testimonio de los últimos meses de un paisaje que se deshabita, de un modo de vida que se queda sin herederos», asegura.

Pedro y José son los últimos vecinos de esta aldea, donde han vivido siempre (ambos no tienen coche ni carnet de conducir), no en vano los pocos desplazamientos que han hecho fueron para hacer el servicio militar, a pueblos próximos (el más cercano es Alcadozo, a 13 kilómetros) o a la capital. Pese a su retiro voluntario ambos no están desconectados de la actualidad, «incluso Pedro dice que si se marchan a Albacete es un buen momento para comprar un piso por la bajada de tipos de interés».

Para preparar esa marcha, los hermanos han comenzado a desprenderse de las 500 cabezas de ganado que tienen entre ovejas y cabras, aunque todavía no saben qué harán con sus perros, entre ellas la fiel Sara.

La cinta incluye recuerdos de infancia, balances de toda una vida de trabajo solitario y el orgullo de los que han sobrevivido a las más duras circunstancias, «son las últimas imágenes de un mundo a punto de perder su propia memoria», subrayaba Alfaro.

El director desvela el que propio Pedro hacía hincapié en la evolución de las profesiones a lo largo de las últimas décadas: «Antes los hijos de los labradores era labradores, los de los pastores eran pastores, pero ahora… los hijos de los pastores son a lo mejor, abogados o curas… Nadie quiere ya la profesión», decía.

PROCESO DE RODAJE. En cuanto al proceso de rodaje, Alfaro revela que «durante un año les hemos seguido en su vida cotidiana, recorriendo con ellos los paisajes de su vida, la aldea que ha quedado deshabitada, los campos en los que se ve rodar el ciclo de las estaciones. Nos han hablado de su primera noche en el campo, con el ganado, de cómo hacer una buena vara, de la vida aislada en una aldea de la sierra, de la dignidad y el orgullo que sienten por haber vivido de la manera que han heredado pero también elegido, incluso se muestran satisfechos de ser pastores que sacan todos los días al ganado al campo».

El rodaje de Los hijos de los pastores es calificado por su responsable como «una experiencia única, en la que el equipo aprovechaba los fines de semana para escaparse a la pequeña aldea.

Preguntado por la opinión de los protagonistas, dice que «ellos se han mostrado entusiasmados con el proyecto desde el principio, porque les hacía ilusión que quedase constancia de su trabajo; con el equipo fueron muy generosos, se han mostrado tal y como son».

El documental, que ha sido autoproducido -Alfaro lamenta el poco dinero dedicado por la Administración a proyectos centrados en nuestra propia tierra y cultura- tiene una duración de 30 minutos, aunque se han rodado más de 20 horas de material, «el problema es que para concurrir a los festivales debemos limitar el metraje», dijo.

En cuanto al estreno del corto en su ciudad, Luis Alfaro reconoce que le hizo mucha ilusión presentarlo en el Capitol, «porque era el cine al que iba de pequeño, y llenar esa pantalla con mis imágenes es un sueño conseguido».

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