Antonio Moreno.
El primer ciclo de conferencias Albacete Llanura abierta, de la Asociación de Amigos de la Historia de Albacete, siguió ayer en el Museo Municipal con la intervención de Antonio Moreno García, que habló sobre Nuestras gentes en nuestras calles.
¿Por qué precisamente esta charla sobre gentes y calles?
Muchas veces pasamos por calles, las nombramos con mucha frecuencia, sin ser conscientes de quiénes son esos personajes que han tenido que ver en la vida de Albacete en aspectos diversos.
¿Cómo ha hecho la selección de personajes?
Es muy difícil, pero lo ideal es comenzar por la gente que ha nacido en Albacete, y dentro de ésa, hacer una selección de los más representativos en las vías más populares o céntricas, que llaman la atención. También hay que elegir otros, no nacidos aquí, que han sido declarados oficialmente como hijos adoptivos, y de distintas ocupaciones.
¿Qué personaje considera más atractivo?
El que con mayor merecimiento ha recibido una nominación, una calle por parte de nuestra Corporación de turno, es el que ha hecho el bien por los demás, sin esperar nada a cambio. En este sentido ha habido políticos, acaudalados, que han entendido muy bien la diferencia entre servir y servirse, y con su peculio particular han saneado arcas municipales que estaban en un momento de crisis alarmante. Sobresale la figura del Marqués de Molins, que fue un escritor importante y se codeó con los grandes, como Larra, y además realizó una labor extraordinariamente buena, desde el punto de vista político y benefició a Albacete en muchas cosas. Creo que las distinciones de que han sido objeto son muy merecidas.
De los que hablaba, no nacidos en Albacete.
Sí, tenemos uno como Gabriel Lodares Losa, nacido en un pueblo de Cuenca. Su ilusión por Albacete le hizo llevar a cabo edificios tan emblemáticos como el Gran Hotel, por su propia cuenta, o el pasaje que lleva su nombre, joyas arquitectónicas de estilo Modernista, que han dado dignidad a calles especiales, e inicia una revolución urbanística de tal calibre que cambia la faz del «poblachón manchego» que llamaban de forma peyorativa a Albacete.
¿Algún profesional?
Claro, los hay, oftalmólogos tan importantes como Nicolás Belmonte, que creó la saga en Albacete, dando una lección magistral de profesionalidad médica. Tenemos al arquitecto Julio Carrilero de la Torre, con una avenida dedicada muy bien, acorde con su importancia, porque es hombre que marca unas líneas desde el punto de vista humanístico.
¿Algún olvido importante?
Hay que jugar con lo que es común. Según los aires que rigen nuestras Corporaciones provinciales es muy normal que de ese grupo nominen a uno o dos para perpetuarlo, pero con la misma facilidad, cuando llegan los adversarios, cuestionan eso y llega el cambio. Plazas tan emblemáticas como la del Altozano ha llevado nombres variopintos, y el pueblo, viese los nombres que viese puestos, cinco o seis, la llamó siempre el Altozano. Ni Plaza de Pablo Iglesias, Real, Progreso, Constitución, Caudillo, todos esos nombre se han eliminado. Saturnino López no debió quitarse, al incorporar la calle Zapateros y otro caso muy injusto es el del arquitecto Francisco Jareño y Alarcón, diseñador de los grandes palacios de Madrid, desapareció, y se le dio un raquítico pasaje, no está tratado a la altura que merece