A diferencia de los dos últimos años, este Miércoles de Ceniza no fue tan frío, quizás por eso más gente de animó a salir a las calles para despedir una de las fiestas más divertidas del año, donde todos pueden ser alguien diferente por unos días: el carnaval.
Como manda la tradición albaceteña, el Miércoles de Ceniza y Entierro de Doña Sardina se inició con el velatorio, -epílogo de los Carnavales en la capital- con la capilla ardiente instalada en la calle San José de Calasanz. Los asistentes al velatorio pudieron disfrutar de 1.500 pulgas y chatos de vino para calentar el cuerpo y poder disfrutar mejor del espectáculo.
Y la actuación empezó -como no podía ser de otra manera- con el saludo de «buenas noches queridísimos» , del polifacético Valeriano Belmonte, quien con su entusiasmo animó a los presentes con una oda a Doña Sardina, reina de la mar y ponderó sus virtudes, cuando terminó los ripios carnavales pronunció, ¡Viva Doña Sardina!, seguido por los vivas del público, y al poco tiempo el Obispo dio la orden del inicio del desfile.
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