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ARQUITECTURA

Un pasaje a prueba de modas

MAITE MARTÍNEZ BLANCO - domingo, 3 de noviembre de 2013
La cubierta de hierro y cristal, que protege al Pasaje de las inclemencias del tiempo, se renovó en 2001 cuando se rehabilitó el edificio con ayudas públicas. - Foto: Jose Miguel Esparcia
Lodares proyectó sobre una casa en ruinas esta galería comercial que 88 años después conserva todo su atractivo tanto para vivir como para comerciar

Quiso Gabriel Lodares construir viviendas de alquiler para gente de posición y en sus bajos locales que albergasen comercios en un pasaje de lujo por su «suntuosidad constructiva». Y lo consiguió. Hoy, el Pasaje de Lodares es la construcción más singular de la ciudad y, sin duda, el lugar más fotografiado por sus visitantes.
El pasaje se construyó ocupando el terreno de una casa que había heredado de su padre la esposa del promotor, Mercedes Alfaro Fernández-Cantos, según reza en la escritura de obra nueva de tan singular construcción, donde se hace constar que dicha casa que estaba en el número 32 de la calle Mayor ocupaba 1.400 metros cuadrados y tenía como vecinos linderos a Josefa Montero, José Cabot y por la espalda la calle Tinte, estaba valorada en 28.000 pesetas. La falta de acuerdo con el dueño de la vivienda que hoy alberga una farmacia obligó a modificar el proyecto, estrechando las viviendas y los locales del lado derecho conforme se entra por la calle Mayor, que en un tramo apenas alcanzan los dos metros de anchura.
Corría el año 1918. El mundo acababa de salir de su primera contienda mundial, la economía renqueaba y Gabriel Lodares Lossa, una de las fortunas agrícolas de la ciudad, se embarcó en la construcción de dos singulares edificios: esta galería comercial y el Gran Hotel. «Su negocio no eran los edificios, pero en un momento de gran necesidad para Albacete decide hacer estas dos inversiones que crearon mucho trabajo», recuerda el actual Gabriel Lodares, biznieto de aquel inquieto hombre de negocios que fue nombrado hijo predilecto de la ciudad, pues bajo su mandato como alcalde (lo fue en dos periodos 1900-1901 y 1904-1906) la ciudad logró el suministro de agua potable.

quinta generación. Para la quinta generación de Lodares es todo un orgullo que este edificio pregone el nombre de su antepasado, «el pasaje está muy presente en toda la familia», dice el biznieto Gabriel, aunque no conserven en este lugar ninguna propiedad. Su bisabuelo tuvo dos hijos, Manuel Lodares a quien le legó el pasaje y Concepción que recibió el Gran Hotel. Este último edificio sigue siendo propiedad de la familia, pero de los pisos y locales del pasaje se fueron desprendiendo. «En los 80, con la ley de arrendamientos que había entonces y sin perspectivas de poder obtener un alquiler decente, mi padre lo malvendió», dice el sucesor de la saga, que resta importancia a la circunstancia de no conservar la propiedad ni tan siquiera de un metro cuadrado del lugar. Hoy la vinculación es sentimental y aquello, ya es historia.
Aquella vivienda, que Mercedes heredó en 1915 en estado ruinoso, se demolió y sobre el terreno se proyectó un «pasaje cubierto con montera o claraboya de cristales» de 37,50 metros de largo y 5 metros de ancho, para conectar las calles Tinte y Mayor. La licencia de obra fue concedida por el Ayuntamiento de Albacete el 19 de abril de 1926, el promotor pagó 1.847 pesetas de permiso urbanístico para poder construir una «casa de alquiler» utilizando «piedra, ladrillo, cemento, hierro y madera», reza la licencia que se custodia en el archivo municipal. El arquitecto valenciano Buenaventura Ferrando Castell fue quien ideó esta galería sobre la que colgó viviendas y comercios y que hoy está protegida como Bien de Interés Cultural (BIC). ¿Quién no se ha fijado alguna vez en esos grandes fruteros rodeados de niños que sostienen guirnaldas o en los herrajes de los balcones que forjó el rejero albaceteño Tejados?
Dos portales a cada lado del pasillo comercial dan paso a las 21 viviendas que se construyeron distribuidas en las cuatro alturas que se levantaron (una entreplanta y tres pisos más). Los pisos son de grandes dimensiones, entre 150 y 200 metros, con techos altos y todas las habitaciones con ventanas al pasaje. Sobre la azotea, hubo tres viviendas con vistas a la calle Mayor en su día reservadas a los porteros y 21 lavaderos (hoy transformados en trasteros), que dan servicio a los pisos. Aunque buena parte de las viviendas se han reconvertido en gabinetes de abogados, arquitectura, despachos y oficinas de los más diversos oficios, todavía hay familias que viven en tan singular dirección.
 

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