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Rosa Villada: «Hay personajes que no se conforman con una sola novela»

Ana Martínez - lunes, 14 de diciembre de 2015
La periodista y escritora, Rosa Villada. - Foto: RUBEN SERRALLE
La novelista y periodista albacetense, Rosa Villada, presenta esta tarde en la Biblioteca Pública del Estado su séptima novela, "La partera de almas", una historia ambientada en la Edad Media, continuidad de "El juego de Dios"

Pertinaz, soñadora, creativa, fantástica, imaginativa, luchadora... Así es Rosa Villada, una contadora de cuentos, la fisgona de vidas inventadas, el chasis de esos personajes que hibernan dentro de ella y cobran vida en sus novelas. La escritora intimista que pone sentimientos, emociones y sensaciones negro sobre blanco, que agota ediciones y que escribe porque le da la real gana. Así de sencillo. Esta tarde, a las 19,30 horas, Rosa Villada presenta en la Biblioteca Pública del Estado su séptima novela, La partera de almas, una historia ambientada en la Edad Media -con portada ilustrada por Sergio Bleda- que continúa la que escribió allá en 2008, titulada El juego de Dios.
¿Cómo llega ese día en que una periodista decide cambiarse a la novela?
Escribo porque me gusta, de hecho empecé en el periodismo porque me gustaba escribir. Y lo hago para vivir otras vidas y en otros mundos, quizá mi vida no me baste y necesite experimentar y ponerme en la piel de otros personajes. Es algo que también les ocurre a los actores.
¿Y dónde nacen las historias?
Las historias te escogen a ti, no tú a las historias. La partera de almas es la segunda parte de El juego de Dios, una novela que publiqué en 2008. Han pasado siete años y otra novela entre medias hasta que ha llegado esta segunda parte. En un momento dado la protagonista, aunque suene esquizofrénico, empezó a aparecer en mi cabeza sin yo buscarla.
 ¿Quiere decir que usted es la única protagonista de todas sus novelas?
Todos los personajes soy yo, todos salen de mi interior, de mi imaginación. Lo que hago es crear un universo literario distinto al que vivo mi presente. Cierto es que la historia es ficción, pero las vivencias las aporta el escritor, lo que no significa que haya vivido las circunstancias concretas de cada uno de los protagonistas.
¿Se le quedó corto El juego de Dios?
Cuando escribí El juego de Dios nunca pensé en una segunda parte, pero esta primera entrega termina con dos beguinas que están en París donde van a ser quemadas por la Inquisición y otro grupo que huye a España, al Reino de León. Ahí es donde se desarrolla toda la historia de la segunda parte, concretamente en 1327. Esos personajes querían salir de mí otra vez y eso han hecho, porque la novela puede terminar, pero la historia no. Hay personajes que me persiguen. Sara, la protagonista de mi primera novela, volvió a salir en la quinta. He llegado a la conclusión de que hay personajes que quieren seguir viviendo más, no se conforman con una sola novela.
Las beguinas eran mujeres que desarrollaban una función social y espiritual, asistían partos, enseñaban a escribir a otras mujeres... Se consideraban cristianas, pero estaban al margen de la disciplina eclesial. ¿Qué tienen que ver con Rosa Villada? ¿Cree en la reencarnación?
El juego de Dios lo escribí a partir de un curso de reencarnación al que asistí. Estoy convencida de que la reencarnación existe y una de las épocas que siempre me han impactado es la Edad Media. Le veo incluso muchas similitudes con la actualidad: si a nivel tecnológico e industrial hemos avanzado, internamente seguimos viviendo la Inquisición.
Novelas de estas características requieren una parte importante de documentación.
Sí, la hay y aún así no es una novela histórica, porque en este género los hechos te atan y a mí mis novelas no me atan. En El juego de Dios aludo a un hecho histórico real, pero los personajes no están atados a él porque mi obra es intimista, para mí lo importante es lo que pasa dentro de ellos, cómo viven, cómo se transforman, cuáles son sus sentimientos, sus emociones... Por eso, El juego de Dios y La partera de almas las escribo en primera persona, porque uno de los personajes cuenta la historia de la que forma parte. La primera persona es ideal para contar el interior de los personajes, sin narrador de por medio.
Da la sensación de que tiene una familia muy extensa, pero ficticia, claro. ¿No será enajenación?
Después de siete novelas, personas y personajes se parecen mucho, para mí estos últimos tienen vida, están en otro plano y eso me enriquece porque tengo ocasión de vivir cosas que en la realidad no viviría.
Novela en nombre de mujer...
Lo primero que me aparece a la hora de escribir una novela es el personaje y no sé por qué a mí siempre se me aparece una mujer, lo que facilita la escritura. Cada género vive de forma distinta, ni peor ni mejor, simplemente distinta. A mí me resulta más fácil escribir desde el punto de vista femenino, no me complico la vida, escribo lo que me surge y precisamente por eso ahora ha salido esta novela, en la que aparecen personajes de la primera entrega y otros nuevos. Con esta novela me ha pasado una cosa que no me pasó con la primera: que al terminarla me he dado cuenta de que habrá una tercera parte, se me ha quedado corta.
¿Y por qué le puso fin?
A las novelas les pones fin cuando sientes que los personajes han acabado un ciclo, lo que no quiere decir que no puedan seguir viviendo.
¿Cuándo ese cierre de trilogía?
Hay que dejar un poco de tiempo. La partera de almas termina con un viaje. Hay que dejar que lo hagan. No sé cuándo empezaré a escribirla, pero sin ninguna duda habrá tercera parte. Tengo la necesidad interior de seguir contando cosas.
¿Cuánto de teatro tiene su forma de escribir?
De alguna forma, cualquier novela es teatro, es cine, porque el escritor utiliza las palabras y su imaginación para que el lector no vea las letras, sino las imágenes. Eso es lo bonito de la literatura.

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