La Tribuna de Albacete
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18 de noviembre de 2018

Traslado al Altozano

Vicente Pascual Carrión Íñigue - domingo, 3 de enero de 2016
Imagen del antiguo Ayuntamiento de la Plaza del Altozano, que fue ocupado el 3 de enero de 1879. - Foto: Arturo Pérez
El 3 de enero de enero de 1879, sin solemnidad alguna, el Consistorio dejó su sede de la Plaza Mayor y se mudó al nuevo edificio, en el que se realizó una reforma integral en 1900, por amenaza de ruina

Iniciamos el año recordando algunas efemérides importantes en la historia de la ciudad de Albacete acaecidas en el mes de enero. Por recordar algunas, señalamos que el 24 de enero de 1818 nace en Albacete el ilustre arquitecto y académico de la Nacional de Bellas Artes de San Fernando, Francisco Jareño Alarcón. El nacimiento tuvo lugar en su casa paterna de la calle del Cura, que luego llevaría su nombre. Fue bautizado el mismo día en la parroquia de San Juan con los nombres de Francisco Alejandro Mariano de la Paz.
El 18 de enero de 1928 falleció don Rafael Mateos y Sotos, cronista de la ciudad. Hoy todos recordamos sus monografías, como Paseos por Albacete en el siglo XVI o el Templo de San Juan Bautista de Albacete.
El 2 de enero de 1937 tuvo lugar el primer bombardeo de la aviación franquista en la ciudad que produjo 10 fallecidos, varios heridos y diversos destrozos materiales. También señalamos que el día 14 de enero de 1950 se crea la Base Aérea de Los Llanos.
En esta efeméride vamos a relatar un acontecimiento que tuvo lugar el 3 de enero de 1879: el traslado del Ayuntamiento de la Plaza Mayor a la del Altozano. Sin embargo, antes de exponer este hecho vamos a detallar aspectos de otros emplazamientos de nuestro Ayuntamiento.
Todos los historiadores locales coincidimos en que la vida municipal en Albacete comienza en 1375 cuando se concede el privilegio de villazgo otorgado por don Alfonso, hijo del infante don Pedro de Aragón, primer marqués de Villena (Castillo de Garcí Muñoz 9 de noviembre). Este privilegio sería posteriormente confirmado por los monarcas de la Casa de Trastámara: Enrique II (Burgos 8 de noviembre de 1377); Juan I en 1390, Enrique III (Madrid 15 de diciembre de 1393); Juan II en marzo de 1420 y Enrique IV en 1458. En esta Carta de Privilegio se concede a Albacete, hasta entonces dependiente de Chinchilla, el privilegio de villazgo al tiempo que se detallan los motivos de dicha concesión y delimitación del término. En el documento original que se conserva en el Museo de Valencia de Don Juan de Madrid se dice: «que de aquí en adelante, sus moradores ayan los fueros é derechos e privilegios e libertades e mercedes é franquezas que los de la dicha villa de Chinchilla».
Desconocemos aspectos históricos relacionados con las primeras «casas consistoriales viejas» bajo la advocación de Santa María de la Estrella en el siglo XVI. Estaban situadas en la subida de la plaza Mayor hacia el Alto de la Villa (Villacerrada), en el lugar que ocupó hasta 1981 el mercado público. Allí se encontraba la cárcel. En el citado siglo se construyó una torre municipal del reloj y, a finales del mismo, en la sala capitular se pintaron las armas reales por un pintor de las Peñas.
Aunque en 1817 el concejo se traslada a otro edificio, en estas salas capitulares se siguieron celebrando actos institucionales como que los que tuvieron lugar con motivo de la proclamación de Isabel II (24 de noviembre de 1843). Finalmente fueron demolidas para construir el mercado.
Ante el estado ruinoso de las viejas salas, el Ayuntamiento acuerda en 1817 trasladarse a la Casa-Lonja que poseía en la plaza Mayor. El conde de Pinohermoso, dada la falta de recursos del municipio, realiza a su costa las reformas necesarias que posteriormente le serían reintegradas.
Este viejo edificio, cuya fachada principal daba a la plaza Mayor y la espalda a la calle Albarderos, lo conocemos por antiguas fotografías. La planta principal la ocupaba el Ayuntamiento y en la baja existían locales con diversa actividad comercial. Cuando en 1861 se demolieron las viejas casas capitulares, las campanas del reloj fueron instaladas sobre un templete de hierro en el tejado.
Como este edificio era insuficiente para albergar las diversas dependencias municipales, en febrero de 1878, a propuesta del gobernador civil, se decidió hacer un nuevo Ayuntamiento más acorde con las necesidades reales de una ciudad que constantemente estaba creciendo y que contaba ya con casi 20.000 habitantes.
El traslado al nuevo emplazamiento del Ayuntamiento no estuvo exento de polémicas. En un principio se pensó construirlo en el mismo lugar, una vez derribado el edificio. También se consideró la posibilidad de hacerlo sobre el mercado o en otro lugar de la plaza Mayor. Desechadas estas opciones, el alcalde propuso adquirir una casa propiedad de don Manuel Cortés Alonso situada en la plaza del Progreso. Esta decisión estaba en contra de los intereses de los vecinos de la plaza Mayor, y sobre todo de los comerciantes, que querían que el Ayuntamiento continuase en la misma. Solventadas todas las dificultades, la citada casa fue adquirida por el Ayuntamiento por el precio de 40.000 pesetas.
La Corporación, en sesión extraordinaria celebrada el día 27 de diciembre de 1878, además de tratar del robo acaecido en sus dependencias, acordó «que la primera sesión ordinaria que celebre correspondiente al próximo miércoles primero de enero entrante, lo sea en la nueva Casa Consistorial donde se trasladarán desde luego todas las dependencias del Municipio anunciándolo así para conocimiento del público e invitándose al señor Gobernador Civil de la provincia por si gusta presidir».
El traslado se realizó sin solemnidad alguna tal como leemos en el acta de la sesión del día 3 de enero de 1879. De ella extractamos los siguientes datos: «…reunido el Excmo. Ayuntamiento bajo la presidencia del Ilustrísimo Gobernador Civil de la Provincia, en su nueva Casa Consistorial situada en la calle de San Agustín frente a la plaza del Progreso, al objeto de celebrar sesión ordinaria é inaugural a la vez de la indicada Casa Consistorial, cuyo acto no pudo llevarse a efecto el primero del corriente como estaba anunciado por no haberse convocado número bastante de Señores Concejales, por la referida superior autoridad de la Provincia fue declarada abierta la mencionada sesión...». Tras aprobarse el acta de sesión anterior, tomó la palabra el gobernador civil quien «...en un breve y sentido discurso manifestó a la Municipalidad que a su juicio la población toda había visto con el mayor gusto la traslación de las Casas Consistoriales, puesto que sobre ser una importante mejora, reunía el edificio adquirido cuantas condiciones requieren las de índole tal, terminando con exhortar a la Municipalidad continuar el camino emprendido llevado a efecto, además de las innumerables mejoras que tiene verificadas y otras muchas que reclama la capital, lo cual no duda una vez realizado atendiendo el celo incansable que tanto distingue a sus Señorías a cuyo fin ofrecía su más distinguido apoyo». Concluida la intervención del gobernador, se trataron otros asuntos como el concerniente a la necesidad de contratar un archivero, «teniendo en cuenta el lamentable estado en que se encuentra el archivo». Como dato curioso señalamos que en la siguiente sesión (12-1- 1879) se tomó el acuerdo de cambiar el nombre a la plaza del Progreso por el de general Espartero, «rindiendo así a tan ilustre patricio el justo tributo debido a sus nobles merecimientos». Asimismo, la calle del Progreso pasará a llamarse de Alfonso XII como homenaje de Albacete al monarca «pacificador de España y Cuba».
El viejo edificio de la plaza Mayor fue ocupado por el Juzgado Municipal, también fue sede del Colegio de Médicos y de la Cruz Roja, además de otros usos, hasta que finalmente fue demolido en abril de 1894.
Por lo que respecta al nuevo Ayuntamiento que conocemos por antiguas fotografías, era un edificio que constaba de bajo y piso principal, con amplio balcón de hierro que daba a la plaza y al paseo de Alfonso XII, sobre el que sobresalía una torreta cuadrada que correspondía a la caja de la escalera.
Este caserón no reunía las condiciones necesarias, como la falta de espacio y la amenaza de ruina de parte del mismo, por lo que el Ayuntamiento decidió en 1900 llevar a cabo una reforma integral del todo el edificio. Para ello, según relata Quijada Valdivieso, «… la Corporación Municipal en su sesión de 20 de diciembre de 1900 acordó conferir a su arquitecto don Francisco Manuel Martínez Villena el encargo de redactar un proyecto de reforma del expresado edificio, proyecto que fue presentado al Ayuntamiento en 16 de julio de 1902, acordándose en sesión de igual fecha que se llevase a efecto las obras propuestas, procurando que no se interrumpiese el despacho ordinario de las oficinas, ni la vida oficial del Municipio».
Las obras de derribo comenzaron inmediatamente y, ante el peligro de cualquier accidente, el alcalde don Rogelio Martínez Serna y la Corporación acordaron trasladar las dependencias municipales provisionalmente a un inmueble de la calle Mayor hasta la conclusión de las obras. En este lugar estuvieron establecidas las oficinas municipales hasta el 8 de julio de 1903, en que se trasladaron al nuevo edificio siendo alcalde de la ciudad don Gabriel Lodares Lossa.
Una vez concluidas las obras se procedió en años sucesivos a decorarlo interiormente. Así, en noviembre de 1903 Marcial Fernández realizó diversos trabajos de pintura en el portal de entrada y en los muros de la escalera. Siendo alcalde don José Legorburo, las obras de decoración adquirieron un gran impulso: se hizo la balaustrada y zócalo de la escalera principal así como los mármoles de los escalones y rellanos. También, el salón de sesiones fue decorado en 1911 por Ángel Tébar, mientras que el pavimento y zócalo de este salón lo hizo Alfonso Rubio. En cuanto al mobiliario de la sala de sesiones, fue encargado a la casa Liern y Giner de Valencia con un coste de 20.000 pesetas. La primera sesión que se celebró en este salón tuvo lugar el 8 de septiembre de 1913. Finalmente en julio de 1912 se colocó un reloj de tres esferas transparentes de cristal.
Las obras llevadas a cabo transformaron por completo el viejo caserón. Al nuevo edificio se le dio más altura y una segunda planta en el lado del paseo de Alfonso XII. Se hizo un nuevo salón de sesiones, la torre del reloj, el zaguán y la gran escalera de tipo imperial. Exteriormente, las pilastras articulan las ventanas verticales que configuran un conjunto de gusto ecléctico en perfecta armonía con el palacio de la Audiencia Territorial reformado a partir de 1857 por el arquitecto albaceteño Francisco Jareño Alarcón. En este Ayuntamiento de la plaza del Altozano se celebró el 21 de noviembre de 1986 la última sesión. Con la solemnidad debida, siendo alcalde de Albacete don José Jerez Colino, la Corporación y todas sus dependencias fueron trasladadas al nuevo Ayuntamiento junto a la Catedral. En las dependencias del viejo consistorio se encuentra actualmente el Museo Municipal de Albacete.

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