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VECINOS

Parcelas, oasis en el secano

A.M. - domingo, 2 de agosto de 2015
Ramiro López Henares, a la derecha, con miembros de su junta directiva, en el porche del chalé que tiene en la urbanización Aguasol. - Foto: RUBÉN SERRALLÉ
Las casas y chalets del extrarradio constituyen todo un alivio para muchas familias albacetenses, que encuentran en estas segundas viviendas una buena forma de pasar el verano sin ahogarse de calor

El término  municipal de Albacete contaba, a principios de 2015, con 1.951 viviendas repartidas entre las 24 urbanizaciones que están inscritas, con nombre propio, en la Gerencia de Urbanismo. La mayoría, segundas viviendas o, como más popularmente se les llama, parcelas donde otras tantas familias albaceteñas logran sobrevivir a las altas temperaturas del verano entre chapuzón y chapuzón.
Hoy en día, con la crisis como espada de Damocles, no sólo las parcelas constituyen esa casa donde pasar todo el verano, con noches más frescas que en la capital, sino que han supuesto para muchas parejas y familias jóvenes su tabla de salvación frente a la pérdida de su vivienda o por la imposibilidad de poder pagar un alquiler. La urbanización más grande de Albacete y con mayor número de parcelas es Casas Viejas. La presidenta de su Asociación de Vecinos, Natividad Gómez Redondo, corrobora que cada vez son más los chalets que están ocupados todo el año, especialmente por jóvenes que han sido desahuciados de sus viviendas o no pueden comprarse una, ni siquiera costearse un alquiler. «Hay muchos abuelos y muchos padres que han cedido sus segundas casas a sus hijos; hay muchas que ya no se usan para el recreo, no se ocupan solo los fines de semana o en verano, sino todo el año», asegura la presidenta de Casas Viejas.
Calcula que, en época estival, la población se duplica porque se ocupan todas las propiedades, de modo que la zona acoge a unas 2.500 personas repartidas en 1,6 millones de metros cuadrados en una urbanización que, cuando termine su proceso de regularización, tendrá más de 2,4 millones de metros cuadrados, lo que la convertirá en la urbanización «más grande del país».
Para Natividad, la parcela supone «un desahogo» en verano, especialmente este de 2015 tan caluroso: «Estas parcelas son un oasis, sobre todo por la noche que hace más fresco que en la ciudad».
En el lado opuesto, que las parcelas se llenen de gente en verano supone un incremento de ruidos nocturnos, dado que muchos propietarios reciben las típicas visitas de familiares y amigos y montan cenas al aire libre, generando así altos niveles de ruido. Los hay también que sacan televisores y música a la calle, pero todo ello sin mayores problemas: «Son pequeñas cosas que se solucionan entre vecinos».
Cuando todo eran huertas y terreno sin urbanizar se empezó a construir Aguasol. Eran finales de los 60 y, desde entonces, siempre sha sido considerada «La Moraleja de Albacete». Así lo recuerda Ramiro López Henares, presidente de esta urbanización, que ya nació legal.
Con más de 150 chalets y casas unifamiliares, Aguasol tiene 40 familias que viven allí todo el año, a las que en verano se unen el resto no solo para disfrutar de las posibilidades que brinda una vivienda en medio del campo, sino de las múltiples actividades de ocio y tiempo libre que organiza Ramiro, junto con Ana, Arancha y Úrsula. Escuela de verano, talleres de cocina, cine, concurso de paellas, dominó, truque, maratones, entre otras, se desarrollan al aire libre a la espera de que llegue el ansiado centro cívico para toda la urbanización.
Califica Aguasol como «una pequeña ciudad» que dispone de campo de fútbol, pista de balonmano, cancha de baloncesto, pistas de tenis y, próximamente, pista de pádel.  Además destaca que en esta zona de la carretera de Peñas se registren cuatro ó cinco grados menos que en la ciudad y que su proximidad con Aguas Nuevas, con comercio, supermercado y mercadillo, garantice el abastecimiento a toda la población de Aguasol.
Josefa González disfruta desde hace 37 años en una de las parcelas de la urbanización de Los Prados, la última en regularizar su situación. Dice que tiene una «casica muy sencilla, con balsa y cochera», que completa con un pequeño jardín, un huerto y algunas gallinas. Como muchos de sus vecinos, Pepa se traslada a su parcela a primeros de junio y regresa a principios de septiembre, aunque el resto del año también acude los fines de semana a encender lumbre en la estufa.
Los Prados tiene 193 parcelas, a las que en un futuro se sumarán las 70 nuevas que han surgido con la reparcelación.  La mayoría son «vecinos de verano», tan solo nueve viven todo el año. Por allí pasan dos panaderos cada día, así como la recogida de basuras cada tres por semana. Josefa asegura que no hay problemas de convivencia por exceso de ruidos nocturnos ni tampoco tienen miedo por el aislamiento, sobre todo porque «los agentes del Seprona realizan muchas rondas por aquí».

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