Hollywood en los tebeos

Valeriano Belmonte
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Un siglo de tebeos

Hollywood, Bosque sagrado o Bosque de acebos, porque dichos arbolitos abundaban en aquellos parajes allá por 1870, se convirtió en la famosa Meca del Cine gracias a hombres tan importantes, emprendedores y talentosos como Horacio H. Wilcox, que transformó la loma solitaria en ciudad próspera  uniéndola a Los  Ángeles, y al impagable Edison, constructor del primer estudio cinematográfico  (María la Negra) en un barracón pintado de oscuro con el techo corredizo. Pues bien, el dorado y glorioso imperio, además de regalarnos maravillosas películas, rutilantes actores y actrices, soberbios músicos y guionistas y exquisitos directores, enriqueció infinidad de páginas de nuestros tebeos , tanto de carácter serio como de corte humorístico, precisamente Roberto Alcázar y Pedrín, pioneros de los cuadernos de aventuras de Editorial Valenciana, vivían una apasionante historia cerca de Beverly Hills titulada Gansters en Hollywood que leyeron los aficionados al séptimo arte, alumnos de Escolapios,  Escuelas Graduadas y Franciscanos, amén de los dependientes de Valcárcel, Paños, Modas Barcelona y Lorenzo López y especialmente Mario el cuchillero que compraba puntualmente Fotogramas, Primer Plano y Cine Mundo y asistía a los estrenos que se daban en el Capitol, Teatro Circo y Gran Hotel, por cierto que en la breve aventurilla desarrollada en un ejemplar, salían a relucir los entonces populares Gary Cooper, Mikey Rooney  y la glaumorosa  Dorothy Lamour.

De la divina Greta Garbo se ocupaban el legendario TBO  con sus Visiones de Hollywood  y   Can Can, la revista de las burbujas que en su sección Diga vd. Algo contaba que la deliciosa sueca había venido a España con ropa de ir de incógnito, sombrero de ala ancha, gafas color azabache y pelo hasta la cintura (en la peluquería Teresito de Santa Quiteria, 6, varias señoras que se hacían  permanentes en frío, opinaban que la Garbo, ya retirada de las pantallas, debería visitar con más frecuencia al peluquero de turno porque buena falta le hacía. También se narraba que cuando a Boris Karloff le preguntaron cómo se encontraba ejerciendo de  «monstruo» en el celuloide menos rancio que el tocino que vendía Argimiro el charcutero, contestó que estupendamente, al tiempo que acariciaba la cartera de su bolsillo. Y si la dulce Ana María Pier Angeli, protagonista de Mañana será tarde y Teresa, se disponía a ser la madrina del bebé de su hermana Marisa Paván,  María Fernanda, la sastra del barrio de las Cañicas lo sería de los gemelos de su amiga Mari Puri. Florita  y Mariló con Hollywood y sus cosas… y Bruguera a la verita de  la vecina de enfrente de Marta Hyer, secundaria de primerísima línea, que estornudó sin cesar en una fiesta de gala y se quedó más anchita que la fachada de la Granja Agrícola albaceteña... al poner «perdiditos» a los impactados asistentes al festejo. Albert y las coproducciones, Madame Remedios  y  Zsa Zsa y su colección de maridos  a tres pasos de La Osa Mayor, agencia teatral y cinéfila destinada a chicas de buen ver que suspiraban por trabajar junto a Kirk Douglas, Rock Hudson y Clark Gable. La Historia esa vista por Holywood, conducida hábilmente por Manuel Vázquez y Francisco Ibáñez, encandilaba a las hijas de María Luisa, modelos de Galerías Piqueras, en pleno chaflán de Tinte con Tesifonte Gallego. Y Guillermo el Conquistador, similar a diversos galanes bancarios del Hispano Americano, recurriendo a la bolita de cristal de Amancia la pitonisa que marcaba que el apuesto doncel triunfaría en Hollywood al lado de cierta rubia que sucumbiría a sus encantos. Lo malo es que Guillermito se declaraba a la rubita Palmira y recibía un guantazo con derecho a ver las estrellas… del firmamento, la Luna, el Sol y cuatro o cinco planetas. A Doña Lío Portapartes la contrataba el director de los Estudio filmete, americanos, por supuesto, para currar de «pisapapeles» (pesaba 110 kilos ) en el desierto de Gobi, ya que soplaba un viento huracanado que se llevaba «pa lante» al gordo de Navidad. Y en fin, queridos amigos, Hollywood en los tebeos.