Quijotes del mundo

JOSÉ FIDEL LÓPEZ
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Una veintena de militares y guardias civiles albacetenses participan en cinco misiones internacionales • Su labor va más allá de la estrictamente castrense, apoyan a la población

Los militares españoles entregan ayuda humanitaria a un orfanato afgano. - Foto: MINISTERIO DE DEFENSA

Albert Chantraine, el poeta de la paz, dejo escrito que «los hombres hablan mucho de paz, pero no comprenden su verdadero sentido (...) El primer paso, el gran paso a dar es la búsqueda de la paz en su conciencia; la paz tranquila, la paz del corazón... la paz del alma. Sólo esta paz puede producir todas las demás paces». Esta literaria reflexión puede explicar el impulso que lleva cada año a cientos de militares españoles a enrolarse en misiones internacionales -unos 137.000 en los últimos 25 años-, dejando durante meses sus hogares, sus familias, sus amigos, su vida cotidiana... Son hombres y mujeres que quizá, como dijo el poeta de la paz Albert Chantraine, buscan «la paz del alma».

Roberto Prieto Montaño, comandante del Ejército del Aire; José Daniel Ruiz Villena, brigada del Ejército de Tierra; Carlos Valero López, sargento del Ejército del Aire, y Javier Lozano Vives, guardia civil, son sólo cuatro de los albacetenses que se encuentran inmersos en lo que el Ministerio de Defensa denomina misiones por la «paz y la legalidad internacional» allende los mares.

MILES DE KILÓMETROS. A miles de kilómetros, como otros 16 paisanos más, en un ambiente hostil en muchas ocasiones, trabajan codo con codo con la población afgana, libanesa, somalí, maliense o centroafricana en funciones que en muchos casos distan de las de un militar al uso. Y es que no sólo se dedican a garantizar la seguridad allá donde son enviados, o a labores de entrenamiento de las fuerzas militares locales para enfrentarse a un enemigo, en muchas ocasiones, invisible. No. Enseñan el castellano como si fueran docentes del Instituto Cervantes, realizan labores humanitarias como una ONG más, garantizan la asistencia sanitaria o llevan a cabo obras en beneficio de la población local, desde abastecimiento de agua potable a suministro de energía eléctrica e iluminación, entre otras.

Así, de los 19 militares albacetenses -18 hombres y una mujer- inmersos en estos momentos en misiones internacionales, siete pertenecen al Ejército de Tierra; nueve al Ejército del Aire, uno a la Armada, y dos son agentes de la Guardia Civil. Por misiones, once están ocupados -y preocupados- en la reconstrucción de Afganistán con la ISAF -International Security Assistance Force, en castellano, Fuerza Internacional de Asistencia para la Seguridad-; otros tres están en la misión Libre Hidalgo, en el Líbano; otro más en Somalia; uno más en Malí y tres en la República Centroafricana. Y a todos ellos les une su vocación militar, con todo lo que ello significa hoy en día.

Uno de los más veteranos, no por edad, sino por experiencia, es el brigada del Ejército de Tierra Jose Daniel Ruiz Villena, que ya ha formado parte de cinco contingentes, desde Bosnia Herzegovina a Afganistán, pasando por Somalia, donde se encuentra en la actualidad.

Según cuenta desde allí, a 8.800 kilómetros de la capital albacetense, su bautismo internacional llegó en los años 1988-89, en Bosnia Herzegovina, donde formaba parte de patrullas para proteger a los vecinos que regresaban a sus viviendas después de la guerra. En aquellas tierras desarrolló otras dos misiones más hasta que en los años 2011-2012 fue enviado a la capital de Afganistán, Kabul. «Formé parte de un equipo internacional de watchkeepers , nos dedicábamos a hacer el seguimiento en tiempo real a la operación ISAF, en un centro de operaciones. Trabajábamos a turnos de ocho horas. En aquel tiempo estaba destinado en Alemania y esta actividad formaba parte del puesto que ocupaba». No fue una operación cualquiera. «Fueron seis meses en los que sufrimos un par de ataques por parte insurgente, espectaculares pero sin efectividad gracias a los guardias macedonios que hacían su trabajo realmente bien».

Y en la actualidad, cumple con su quinta misión, que comenzó el 9 de junio y que terminará en enero, en este caso, en el Cuerno de África, en Somalia. Está destinado en la denominada Green Zone, que comprende el aeropuerto internacional de Mogadiscio y alrededores, y forma parte de EUTM-S, Misión de Entrenamiento de la Unión Europea. Su puesto es de segundo del tutor e instructor jefe, con labores de tutoría de la plantilla del campo de instrucción Jasiira, en las proximidades de la instalación aeroportuaria. «Además me hago cargo de las tareas administrativas de todo el equipo DSTT -Equipo de Instructores del Sector de la Defensa».

Reconoce que la situación allí es «difícil», puesto que se avanza «poco debido a la escasez de medios materiales y humanos del ejército somalí, es complicado entrenar a soldados que en su mayoría no saben leer ni escribir». Lo mismo ocurre con la tutoría, indica, ya que el nivel cultural de los potenciales alumnos «es muy bajo por lo que hacerse entender por ellos, a pesar de los intérpretes, cuesta mucho».

Lejos de Somalia, en Afganistán, se encuentra el sargento del Ejército del Aire Carlos Valero López, que a pesar de llevar ocho años en el Ejército, toma parte en su primera misión internacional. Opina que participar con otros países bajo un mando único «es muy enriquecedor, llevo a cabo mi trabajo prácticamente en inglés en su totalidad, además de aprender otros idiomas como el italiano por el mero contacto entre compañeros».

En este sentido, indica el sargento Valero que establecer relaciones con personal de ejércitos de otros países es una oportunidad «única», «por no hablar del apoyo al pueblo afgano en su conjunto dada su situación actual, una experiencia muy positiva». Además, manifiesta    -quizá, pensando en su familia- que se siente «muy seguro», ya que  «la Force Protection -o Fuerza de Protección-, funciona con gran eficacia y nos proporciona muchísima seguridad, está todo muy controlado». Su grado de satisfacción es tal que afirma sin rodeos que estaría dispuesto a repetir. «Por supuesto, aunque me gustaría ir a otras misiones en las que participa mi Ejército, en mi caso, el Ejercito del Aire».

También en territorio afgano se encuentra el comandante del Ejército del Aire Roberto Prieto Montaño. Cumple su tercera misión internacional, sin contar las operaciones de policía aérea realizadas en sus destinos de Zaragoza y Morón.

De momento, en Afganistán, su trabajo no ha sido directamente el de su ejercicio profesional, piloto de caza. En sus dos primeras estancias colaboró como FAC -lo que se denomina Forward Air Controller, controlador aéreo avanzado-; junto con cuatro miembros del EZAPAC -Escuadrón de Zapadores Paracaidistas-, formaba lo que se denomina un Equipo TACP -Tactical Air Control Party-; «estábamos integrados con las fuerzas del Ejercito de Tierra que realizaban misiones sobre el terreno en Afganistán, nuestra misión era la de controlar los aviones que nos prestaban apoyo aéreo en caso necesario. Tuve el honor de compartir la experiencia con la BRILAT -Brigada de Infantería Ligera Aerotransportable- en 2009, y con La Legión en 2010».

Actualmente, en su tercera misión, ejerce como jefe de Movilidad Aérea dentro del Cuartel General del TAAC WEST, la región donde realizan su labor, que abarca una porción del oeste del país, coordinando aspectos logísticos de la misma. No olvida el comandante Prieto su paso como instructor del TLP -Tactical Leadership Program- en Albacete. «La labor docente de los cursos de vuelo aunque dura es muy satisfactoria», pero no oculta que en las misiones en el extranjero en las que ha podido participar «lo que más satisfacción personal me ha producido ha sido el contacto directo con la población civil como militar. A lo largo de las dos primeras, donde he desarrollado mi tarea fuera de las bases, hemos organizado visitas médicas para las poblaciones de las aldeas, hemos escoltado convoyes con ayuda humanitaria del World Food Program -o Programa Mundial de Alimentos-, hemos compartido nuestras experiencias con el ejército afgano y hemos sentido el apoyo y el aliento de las personas a las que hemos prestado nuestra atención y ayuda».

Apunta que las misiones internacionales son una escuela de aprendizaje continua. «Son misiones muy específicas de gran intensidad, con gran despliegue de medios y en zonas de riesgo, no es lo mismo llevar manzanas a un comedor en Albacete que a uno en Bal Murghab. Aprendo de la forma tan metódica y eficiente de trabajar de mis compañeros del Ejército de Tierra, aprendo de las diferentes aproximaciones a los problemas que realizan los lituanos, albaneses, italianos, eslovenos… con los que comparto tareas, aprendo de la capacidad de superación, de adaptación, del optimismo con el que afrontan la vida los civiles afganos con los que hablo… No paro de aprender».

ORIENTE PRÓXIMO. Y en Oriente Próximo encontramos a otro de los nuestros, al guardia civil Javier Lozano Vives, que se ha estrenado en misiones internacionales en Líbano, y lo ha hecho con la Brigada Libre Hidalgo XXI -BRILIB XXI-; «es la única en la que he tenido la suerte de participar como guardia civil, acogido conjuntamente con la Brigada Castillejos II de Zaragoza». Indica que como miembro de la Benemérita «no es nada fácil ser seleccionado para misiones en el exterior». De hecho, para esta ocasión fueron más de doscientos los peticionarios «y sólo unos pocos pudimos tener la fortuna de ser elegidos». El agente es miembro de la Unidad de Acción Rural -UAR-, grupo que posee una amplia experiencia en la lucha antiterrorista, «por lo que he podido aportar mi granito de arena en esta misión».

Explica que como guardias civiles tienen sus propias tareas dentro de la misión, aunque destaca la parte de Resguardo Fiscal, Servicio de Protección de Autoridades, Tráfico, Policía Judicial e Investigación… No obstante, esta misión le da la «oportunidad privilegiada» de apoyar a la población civil. «Las clases del Programa Cervantes, acercándonos a la población local por medio del idioma, promoviendo la enseñanza de la lengua española y consiguiendo una mejor integración con ellos a partir del conocimiento mutuo o los QIP,s (Proyectos de Impacto Rápido), donde la construcción de un polideportivo o la donación de farolas solares a una municipalidad contribuyen a cumplir nuestra misión».

Los testimonios de estos cuatro albaceteños nos ponen sobre la pista de que el Ejército ya no es sólo lo que era, o lo que pensamos que era. Ni mucho menos. Y alcanzar la paz no es solamente que no existan conflictos bélicos. Rigoberta Menchú, premio Nobel de la Paz, ya lo dijo. «La paz no es solamente la ausencia de la guerra. Mientras haya pobreza, racismo, discriminación y exclusión, díficilmente podremos alcanzar un mundo en paz». Y contra esos enemigos, la pobreza, el racismo, la discriminación y la exclusión se baten también Roberto, José Daniel, Carlos y Javier a miles de kilómetros.