La Tribuna de Albacete
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21 de noviembre de 2018
HISTORIA

Las raíces del ferial

MAITE MARTÍNEZ - lunes, 14 de marzo de 2016
En 1883, con motivo del primer centenario del edificio, se acordó construir un Arco del Triunfo al final del Paseo de la Feria que, como es evidente, no se llegó a edificar. Los diseños son de Juan Peyronnet. - Foto: EDIFICIO FERIA
El catedrático Juan Calduch ofrece hoy una conferencia sobre las cualidades del Recinto

Dice Juan Calduch que puede sonar a presuntuoso que alguien de fuera de Albacete nos venga a hablar del Recinto Ferial. Pero ese alguien es un catedrático de la Escuela de Arquitectura de la Universidad de Alicante, que hace 30 años en una visita a la Feria quedó impresionado por la «potencia y fuerza» del edificio más singular de la ciudad. Tanto le interesó que rastreó planos y archivos investigando sus raíces. Sus hallazgos los plasmó en un extenso y documentado artículo titulado La plaza y la calle Carrera, que se publicó en el libro El edificio de la Feria de Albacete 1710-2010, coordinado por los arquitectos Francisco Candel y Antonio Escario, editado con motivo del III Centenario.
Hoy, este catedrático de Composición Arquitectónica expondrá su investigación en una conferencia que ofrecerá en el Colegio de Arquitectos de Albacete a las 20.00 horas. En su artículo, Calduch empieza analizando el proyecto de Lucas de los Corrales (1771) para levantar un edificio para la Feria junto al convento de Los Llanos que, según parece, no se llegó a ejecutar.

La fuerza del círculo. De aquella propuesta totalmente funcional, austera, sin elementos emblemáticos y de forma rectangular, se pasó al proyecto de Josef Ximenez (1783) que fue quien ideó un recinto ferial circular. «Los planos apuntan cosas sorprendentes», dice el catedrático, «se veía que detrás no hay un estudio académico y por eso sorprende más si cabe que se diera esta arquitectura de ideas áulicas, donde prima el círculo y el círculo encajado sobre el cuadrado, un modelo tipológico que por aquel entonces estaba cuajando en toda España en torno a las plazas de toros, que empezaron siendo cuadradas en el siglo XVII y terminaron redondas al siglo siguiente». También llamó la atención de Calduch que esta propuesta arquitectónica «tan potente y tan culta» luego fuese construida con los sistema tradicionales de la Mancha, esos muros de cal y cerramientos propios de las quinterías manchegas.
De aquel edificio, cuyos mimbres principales se hicieron con premura y urgencia en el verano de 1973, y cuya dirección de obras quedó al año siguiente en manos de Antonio Cuesta, queda hoy poco. Sobre todo con la última reforma de 1944 realizada bajo la dirección de Manuel Ortiz y Julio Carrilero que supuso una auténtica transformación del ferial. Aunque de la obra original quede poco, sí que queda mucho del concepto con el que se concibió. Su estructura, sigue vigente. Ahí están los círculos y la conexión con el rabo de la sartén, lo que en su origen se llamó calle Carrera, con la capilla de la virgen a modo de charnela. Este diseño de Josef Ximenez, maestro de obras del que poco se sabe, demuestra que ya la Feria empezaba a desdoblarse en dos actividades paralelas, el mercado al que se ubicaba en la zona circular, y la fiesta, localizada en esa calle Carrera, en cuyos porches se pensó en alojar «panaderos, nevateros, zucreros y figones» separados, por razones sanitarias, del mercado.

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