La Tribuna de Albacete
Saltar Publicidad   Cerrar   

Publicidad

17 de noviembre de 2018
Si yo te contara...

Manuel Torrecillas: «Tuve listas de espera para comprar un 600»

Sánchez Robles - domingo, 3 de abril de 2016
Manuel Torrecillas Sorio - Foto: J.M. Esparcia
«Desde muy joven tuve la ilusión de ser músico. Estudié clarinete en Barcelona con la idea de entrar en el Liceo. Mi gran éxito ha sido contar con el cariño de mi familia»

Ha llegado a lo más alto profesionalmente, su felicidad es máxima, casi absoluta. Es referencia y testigo de privilegio del desarrollo del sector del automóvil, no sólo en su provincia natal, sino a nivel nacional, donde es especialmente reconocido. Prototipo para desarrollar el elogio de la constancia, la pasión por el trabajo, por su empresa ha sido el inicio y la culminación de un éxito tan rotundo como incuestionable. Se ha levantado cuantas veces ha sido necesario, venciendo las dificultades por más duras que hayan sido, pues ha entendido que el coraje de continuar es lo que cuenta. Es Manuel Torrecillas Sorio (Hellín 7, octubre 1933) un paradigma en múltiples aspectos y circunstancias.
Se enorgullece de sus orígenes, que califica de humildes. «Mi padre tenía un taller en Hellín de calderería, fragua, soldadura, arreglo de las pocas bicicletas que había en el pueblo. Era un manitas, lo arreglaba todo. Fui al colegio de Hellín hasta los catorce años y de forma especial recuerdo al único maestro que tuve, don Julián Espinosa, valenciano de origen, un buen hombre y extraordinario dibujante. Aprendí mucho de él, su seriedad, educación, fue como mi segundo padre. Y de mis compañeros, recuerdo con mucho cariño a Manuel Cerdá, que luego fue otorrino, y su hermano», recuerda el empresario.
Cuando dejó los estudios, se puso a trabajar de aprendiz en una droguería, porque tenía que colaborar con el desarrollo de la familia. «Mi primer trabajo fue en la droguería de Mariano Aramburo en Hellín, luego estuve hasta los dieciocho años en la tienda de mi tío en la calle Benito Toboso número 21, llevando las cuentas y con los paquetes de perfumería y objetos de regalo».
Surgió una vocación interna que Manuel Torrecillas llevaba dentro: ser músico para lo que se preparó en Hellín y luego se examinaba en el Conservatorio de Madrid en la calle San Bernardo. «Me gustaba la música. Al marcharme a Barcelona al servicio militar, seguí estudiando solfeo y clarinete con un profesor en la ciudad condal para ser músico profesional. Incluso llegué a ingresar en el Cuerpo de Directores de Bandas Civiles de España, aunque nunca llegué a dirigir una banda de música, que era mi pretensión. Pensé también ser instrumentista para tocar en una banda sinfónica o en el Teatro Liceo. Al no encontrarme bien de salud, tal vez por un problema de alergia, el médico me recomendó que cambiara de profesión para no estar en lugares con humos como eran las salas donde actuábamos».
La reacción inmediata fue volver a Hellín, se orientaba así su destino. «Volví al negocio de mi padre junto a mi hermano y pusimos al lado una pequeña tienda de repuestos de bicicletas y algo de material eléctrico. Con una moto empecé a viajar por los pueblos para vender lo máximo que pudiera. Nos ofrecieron la concesión de las motos Montesa y abrimos también una tienda en Albacete. Era un negocio familiar también con mi hermana, hasta que un buen día hice sociedad con Rubens para vender coches de la marca Seat y como tenía mucha edad, acordamos que le compraba sus acciones en la empresa. Cogimos también concesiones de camiones, de tractores y de otras marcas de automóviles».
Uno de sus lemas fue «haz un cliente, no una venta», lo que supuso que sus ventas de coches subieran como la espuma y llegara la expansión en la región levantina, Alicante y Murcia al final de forma independiente ya. «Los coches de Seat se vendían sin regateo, pues en aquella época había cien personas esperando un coche. El ‘seiscientos’ fue un boom, pues fue el primer coche que pudo comprar la clase media y obrera. Adquirirlo era la consecución de un sueño, pues apenas había coches para vender ya que se adjudicaban desde Madrid y era difícil conseguirlo. Había listas de espera grandes y  cuando alguien lo conseguía en Albacete era como una noticia. Por otro lado, recuerdo que el primer camión Avia que vendí fue para un pescadero de Villarrobledo, que luego me compró más camiones. La marca Seat fue la que me colocó en la línea de lo que es y fue mi negocio. Le debo haber sido empresario de la automoción», afirmó Manuel Torrecillas.
Detalla las claves de su triunfo. «He sido muy constante, con una voluntad de hierro, que es más decisiva en ocasiones que la inteligencia», comenta este empresario que ha demostrado que es difícil derrotar a una persona que nunca se rinde. Se siente plenamente realizado con su familia, su esposa Charo y sus cuatro hijos, Manuel, Ricardo, María y Rocío. «Mi esposa ha sido decisiva en mi vida, me ha ayudado mucho, es muy inteligente, mi apoyo y mi seguridad. Mi mayor éxito es mi familia». Manuel Torrecillas Sorio se ha parecido en la vida a un barco velero, al dar su verdadera imagen cuando el viento venía en contra. Su éxito no se ha logrado sólo con cualidades especiales, sino como afirmó JP Sergent en referencia a un triunfador, se ha basado en «un trabajo de constancia, de método y de organización». Es grande, muy grande, como persona y como empresario.

Compartir en Facebook
Compartir en Google Plus
Compartir en Twitter
Grupo Promecal
La Tribuna de Albacete se basa en el Sistema de Gestión de Contenido desarrollado por Escrol
Auditado por Logo OJD