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EXCLUSIÓN

Cáritas trabaja con 180 menores con carencias educativas y sociales

ANA MARTÍNEZ - domingo, 1 de febrero de 2015
Las clases de baile se imparten en una aula del centro sociocultural del barrio Hospital. En ellas asisten niños y niñas con carencias y necesidades sociales especiales. - Foto: RUBÉN SERRALLÉ
El programa de Infancia atendió a más de 2.800 niños en 25 años, a través de actividades de ocio, deportivas y de apoyo escolar

No se trata exclusivamente de tenerlos entretenidos durante un par de horas, ni de ofrecerles actividades divertidas para que olviden su situación familiar y social. No se trata simplemente de tenerlos recogidos para que la calle no sea su medio en el que crecer.
La filosofía y planteamiento del programa de Infancia de Cáritas Diocesana de Albacete va mucho más allá, es mucho más complejo y mucho más comprometido con aquellos menores y adolescentes que serán el sostén de la sociedad del futuro. Niños y niñas de hoy que, sin elegirlo, se encuentran en riesgo de exclusión social por las circunstancias económicas, laborales y sociales que les ha tocado vivir a sus familiares, a veces heredadas, a veces por nacer en el sitio equivocado.
El programa de Infancia de Cáritas cumple en 2015 sus primeros 25 años de vida, unas bodas de plata que celebra con más sentido que nunca, pues lejos de ir consiguiendo más niveles de igualdad y justicia social, cada vez es mayor el número de menores en riesgo de exclusión que atiende, en estos últimos años debido a la crisis económica que azota a las familias más vulnerables, más empobrecidas. A enero de 2015, el programa de Infancia de Cáritas atiende aproximadamente a unos 180 menores de entre 4 y 17 años de edad, la mayoría derivados de servicios sociales y centros educativos que detectan la necesidad de que estos niños y jóvenes reciban un seguimiento individualizado de los educadores de Cáritas, para evitar que aparezcan en sus modos de vida conductas asociales como el absentismo escolar, el consumo de drogas o la agresividad.
Este es el objetivo general de este recurso que nació en 1990 en el barrio de Carretas, para dar respuesta a las necesidades de intervención que tenían entonces los barrios de Carretas-Huerta de Marzo y la plaza de Miguel Ángel Blanco. No fue hasta 2007 cuando los educadores de calle de Cáritas realizaron un análisis de la realidad de los barrios Hermanos Falcó y Hospital, cuyo resultado dio origen a la ampliación de este programa, que en estos 25 años ha llegado a atender a más de 2.800 menores de edad.

Una intervención a tiempo. Carmen Montiel, Rubén Martínez y Lucía Donate conocen muy bien los pormenores de este recurso, uno de los más mimados de Cáritas Diocesana por la importancia que adquiere una intervención acertada y a tiempo con la comunidad infantil más vulnerable.
Los técnicos recuerdan que el programa de Infancia es responsabilidad de Cáritas Diocesana y de las parroquias que integran el Arziprestazgo número dos. En la década de los 90, a lo más que podía optar un menor de edad era a actividades de ocio aisladas y puntuales, cuyo objetivo era meramente divertir, pero sin intervenir en los ambientes educativos, sociales y familiares en los que se movía. Fueron ellos, los técnicos de Cáritas, quienes elaboraron un programa de actividades enfocado a educar en valores, a adquirir hábitos alimenticios e higiénicos saludables y normas de convivencia y a evitar actitudes asociales y conflictivas.
Para ello, diseñaron una oferta para desarrollarla de forma grupal, aunque el equipo técnico del programa de Infancia nunca ha perdido de vista la atención individualizada, que se realiza en función de las carencias y necesidades de cada chaval y se dirige aplicando el refuerzo positivo a las potencialidades de cada uno de ellos.
Servicios sociales y centros educativos son, principalmente, los recursos públicos que derivan a los menores a este programa de Cáritas:«Aquí no cogemos un menor sin saber sus necesidades», aclara Rubén Martínez.
El hecho de estar presentes en Carretas y Hermanos Falcó no significa que los participantes tengan que pertenecer a esas dos barriadas. Sólo así se evita crear guetos y se potencia la integración social de estos menores. ¿Cómo se consigue? Aceptando el ingreso de niños con una situación menos susceptible, pero con alguna carencia. «Para las actividades de ocio y fútbol somos menos rígidos, pero para apoyo escolar somos más selectivos, los niños deben presentar un desfase curricular, episodios de absentismo, conductas agresivas dentro del aula, problemas o retrasos de lectoescritura...», explica Carmen Montiel.
Detectar estas carencias es uno de los retos de estos tres técnicos, que actúan también como educadores de calle, en colaboración con las parroquias. De esta forma y ante la sugerencia de la iglesia de El Buen Pastor,  han empezado a trabajar con un nuevo grupo de menores del barrio de Nuestra Señora de Cubas que entienden se encuentran en riesgo de exclusión social. Otra vez se cumple la filosofía de Cáritas: Llegar donde otros recursos no lo hacen o son insuficientes.
Ese contacto con la calle, con las familias y con los niños más débiles no atendidos por otros recursos asistenciales también permitieron a Carmen, Rubén y Lucía observar que desde que se entregaron las viviendas de VPO del sector 12 -detrás de la Facultad de Medicina-, muchos han sido los nuevos menores que se han interesado por este programa, gracias también a la apertura de la nueva parroquia de Santo Domingo de Guzmán en el barrio de Hermanos Falcó, cuya vida comunitaria está permitiendo la integración de muchos vecinos del sector 12: «Ahora hay familias normalizadas que han metido a los niños en el programa de Cáritas, generalmente en fútbol, porque los menores tienen problemas de relación con sus iguales».

DE USUARIOS A VOLUNTARIOS. Para Carmen Montiel, lo importante también es que el abordaje que se realiza con los participantes se inicie a edades tempranas para garantizar el éxito de la intervención. Tanto es así que en la actualidad, «tenemos niños de la ESO que llevan muchos años en el programa y tenemos jóvenes que estuvieron con nosotros, han alcanzado la mayoría de edad y siguen en el programa, pero como voluntarios».
Los años, la experiencia y el abordaje pedagógico que se aplica a este programa lo ha convertido en un recurso «referente» para muchas familias usuarias, especialmente el programa de apoyo escolar que se desarrolla en el local de infancia Creciendo Juntos de Hermanos Falcó y en los salones parroquiales de La Purísima. Durante dos tardes a la semana, cada menor -en pequeños grupos o de forma individualizada- realiza sus deberes, prepara exámenes y refuerza lo aprendido ese día. En ningún caso, ni técnicos ni voluntarios actúan de forma independiente al colegio o instituto, ya que «estamos en constante contacto y coordinación con tutores, orientadores y trabajadores sociales para complementar el trabajo de los centros educativos sin entorpecernos entre recursos».
El problema, según comenta Rubén Martínez, es que muchos de los menores no tienen hábito de estudio ni acompañamiento familiar educativo, si bien hay madres y padres que se preocupan por la educación de sus hijos, «otros progenitores no valoran nada la escuela y tienen una relación más de supervivencia que una relación emocional y de responsabilidad, unas carencias lógicas si tenemos en cuenta que muchas madres están angustiadas porque no pueden pagar el alquiler, la luz, el agua...»
El programa de Infancia también oferta fútbol y baile, talleres que se imparten en el centro sociocultural del barrio Hospital y en las pistas polideportivas del colegio Antonio Machado. La oferta se completa los viernes en los barrios Carretas y Hermanos Falcó, donde niños y jóvenes pueden participar en actividades de ocio, diseñadas para fomentar la educación en valores.
La programación se cierra con salidas, excursiones, acampadas en Navidad y campamentos, encuentros con otros grupos y convivencias. «Hace años para los niños de Las 500 venir al centro era como ‘venir a Albacete’; ahora ya no», apunta Rubén.
Para participar en el programa de Infancia de Cáritas, las familias deben abonar dos euros al mes en el fútbol y precios simbólicos para acampadas y campamentos, mientras que el resto de actividades son gratuitas. Una circunstancia que se hace posible gracias a los 56 voluntarios adscritos al programa. «Las cuotas son muy pequeñas, pero queremos que aprendan a valorar las actividades y también darle dignidad a las propias familias».
Sobre el hecho de que este programa pertenezca a una organización de la Iglesia, Rubén aclara: «No evangelizamos ni somos una catequesis. No escondemos nuestros valores, porque somos quienes somos, pero nuestro objetivo es educativo, no religioso».

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