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Un abogado con cargos ministeriales

Sánchez Robles - jueves, 8 de enero de 2015
Calle Gómez Gil. - Foto: Rubén Serrallé
Nacido en Carcelén fue jefe de la Secretaría Técnica del Ministerio de Trabajo, Comercio e Industria y comendador de la Orden de Isabel la Católica

Una amplia carrera administrativa dedicada fundamentalmente a desempeñar puestos políticos en distintos ministerios jalonan la vida de Esteban Gómez Gil, albaceteño nacido en la localidad de Carcelén el día dieciocho de junio de 1893. El cúmulo de méritos alcanzados durante su carrera profesional fue razón y causa suficiente para que además de en su localidad natal, su nombre figurara dando nombre a una calle de la capital. Estudió la carrera de Derecho en la Universidad Complutense de Madrid tras manifestar a su familia su inclinación por esta profesión, en la que se licenció en el año 1916 después de una brillante trayectoria en las aulas universitarias. Prueba de ello y de su incuestionable preparación para ejercer la abogacía fue la consecución del ingreso el mismo año de la finalización de sus estudios en el ministerio de Fomento una vez que ganó la oposición tras duros exámenes en los que logró los primeros puestos, lo que supuso el inicio de una dilatada carrera administrativa.
Más tarde y con la creación del ministerio de Trabajo, Esteban Gómez Gil fue nombrado jefe de sección del departamento de Política Social como consecuencia de su especialización en esta materia en la que era uno de los principales expertos en aquella época. En esta especialidad orientada a los estudios sociales fue ascendiendo en el citado ministerio ocupando puestos de una importancia cada vez mayor. Buena prueba de ello es que durante la Dictadura de Primo de Rivera obtuvo el nombramiento de jefe de la secretaría técnica del citado ministerio compaginándolo con el de secretario particular del ministro Aunós Pérez, del que fue especialmente uno de sus hombres de confianza por la eficacia demostrada por el albaceteño en el desempeño de su trabajo diario en la sede ministerial, como queda acreditado en diferentes manifestaciones del ministro.
El cambio de régimen político con la llegada de la República supuso un grave inconveniente para este albaceteño nacido en Carcelén, pues sufrió registros domiciliarios y persecuciones claramente ideológicas por su pertenencia al ministerio de gobiernos anteriores. Se dio la circunstancia de que algunos de sus jefes en el gobierno español como es el caso del ministro Eduardo Aunós Pérez tuvieron que huir a Francia ante la situación política que se había generado en España, aunque desde el país galo siguió en contacto con Esteban Gómez Gil como se demuestra en el hecho de que le enviaba escritos de carácter muy reservado para José Antonio Primo de Rivera. Por unas u otras razones tuvo que dejar naturalmente su cargo en el ministerio, siendo perseguido y detenido, aunque ayudado por varios amigos pudo refugiarse en un lugar seguro para poder actuar en una de las falanges clandestinas.
Pasados los momentos dramáticos de la contienda civil, tomó posesión como secretario de la Dirección General de Trabajo en 1942, un año más tarde fue presidente pro delegación del ministro de Justicia del Consejo Asesor de la Justicia, logrando además en este año inaugurar una escuela de Capacitación artesana con su nombre en la prisión de Yeserías. Importante también para su carrera profesional fue la concesión en 1944 por el Ayuntamiento de Albacete de la medalla de la ciudad, logrado al año siguiente el nombramiento de vicepresidente jefe de servicios de carácter permanente del Instituto Nacional de Estudios Jurídicos siendo condecorado por el gobernador civil de Albacete con la Cruz del Mérito Civil al mismo tiempo que obtuvo el nombramiento de académico de la Real Academia de Bellas Artes y Ciencias Históricas de Toledo. En 1950 se le nombró vicepresidente primero de la junta directiva del Círculo de Bellas Artes y la Diputación de Albacete le nombró hijo predilecto de Albacete y su provincia. Otra condecoración muy preciada fue la Encomienda de San Silvestre otorgada por el Papa Pio XI a este albacetense en una de sus misiones oficiales a Roma. Fue presidente de la entonces denominada Casa de la Mancha en Madrid en el año 1951.
Estuvo casado con Purificación Caviró Llorente, hija de Eugenio Caviró y falleció en Madrid el día trece de junio de 1959. Por sus méritos logrados y su brillante carrera profesional en el ámbito de la abogacía ocupando puestos de importancia y responsabilidad política relevante en distintos ministerios se acordó que su nombre figurara en el callejero de Albacete.

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