La Tribuna de Albacete
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18 de noviembre de 2018

Un alcalde que mejoró el edificio ferial

Sánchez Robles - jueves, 6 de junio de 2013
Calle Collado Piña. - Foto: José Miguel Esparcia
Este médico albaceteño publicó un reglamento municipal de la prostitución en 1889, que fue referencia a escala nacional

Un prestigioso médico da nombre a una de las arterias viarias relevantes de la capital, que avala la trayectoria de un profesional muy destacado en varias vertientes de la vida albaceteña del siglo diecinueve. Se trata de Andrés Collado Piña, otro ilustre polifacético albaceteño que destacó sobre todo en la Medicina tanto por sus conocimientos técnicos como por su cercanía a la gente, lo que le hizo ser muy querido en la capital y numerosas localidades de la provincia. También ha pasado a la historia del vivir y el recuerdo albaceteño por su faceta política,  muy eficaz, por cierto,  en aquellos tiempos de la década de los años mil ochocientos setenta y ochenta.
Llegó incluso a ser alcalde de Albacete, ciudad a la que con sus ideas y esfuerzo mejoró en varias dotaciones de infraestructuras, aunque por lo que más se le recordará fue por sus reformas en el recinto ferial, que realizó con la idea de potenciar la Feria de septiembre, especialmente para el desarrollo del ámbito comercial. Visión de futuro, ciertamente.
Analizando la vida y la obra del doctor Collado Piña reparamos en primer lugar que por su formación perteneció al claustro de profesores del Instituto que hoy se denomina Bachiller Sabuco tras su ingreso en este órgano académico en el curso 1898-1899. Repasando diversos documentos históricos y fuentes documentales, nuestro protagonista fue el presidente de un grupo de profesionales de distintos sectores que se unían para cambiar impresiones, generar ideas y debates en un grupo denominado Tertulia de Agua, ubicado en el Casino Artístico en la calle Concepción, donde además de estos menesteres marcados con la orientación intelectual «jugaban a las cartas gentes tan dispares como gitanos y guardias civiles», según se cita en un documento de la época, donde curiosamente se recoge como dato anecdótico que la leche que servía el repostero encargado de este establecimiento social «era de mala calidad».

Más información en edición impresa.

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