Tras la pista de los deshabitados

José Fidel López
-

Pueblos albacetenses que se quedaron sin habitantes con el paso del tiempo son puestos de nuevo en el mapa por blogueros, que rescatan testimonios, historias, imágenes... Recorren caminos polvorientos en busca de su pasado

«Yo no puedo vivir sino en mi propia tierra; no puedo vivir sin poner los pies, las manos y el oído en ella, sin sentir la circulación de sus aguas y de sus sombras, sin sentir cómo mis raíces buscan en su légamo las substancias maternas». La sincera declaración, sin ambages, es de Pablo Neruda, que en sus memorias Confieso que he vivido, recordaba la dureza del adiós a su tierra, a sus orígenes. Exilios, destierros, emigración, crisis... Las causas que se ocultan tras el abandono de nuestros hogares pueden ser infinitas, pero la nostalgia siempre es una, y suprema. En la provincia, como en el resto de nuestro país, el fenómeno de la despoblación ha dado al traste con un sinfín de localidades, caseríos, aldeas... de mayor o menor entidad, rango, belleza, riqueza y tamaño.

Muchos de nuestros pueblos, estoqueados de muerte por la falta de oportunidades, dieron paso al abandono, la ruina, y casi, casi, al olvido. Los recuerdos de quienes fueron cuerpo y alma de estas poblaciones mantienen en pie lo que, otrora, fue un manantial de vida. Aunque en muchos casos, no basta. Por eso, hay quienes, empeñados en conservar en la memoria colectiva lo que fue y se perdió por el paso del tiempo recorren polvorientos caminos para recuperar testimonios, gráficos y orales, de nuestro pasado.

Uno de ellos es Faustino Calderón, que decidió hace 28 años liarse la manta a la cabeza y hacer realidad su pasión: conocer pueblos deshabitados. Desde entonces, y hasta la fecha, este conductor de camiones de limpieza ha visitado «unos 1.100 aproximadamente», y parte de su trabajo se puede consultar en su blog  Los Pueblos Deshabitados. Pero, ¿por qué? Explica que una serie de factores fueron los que dieron forma a su pasión por los que llama «deshabitados». «Las canciones que oía en mi juventud de Labordeta, donde cantaba al abandono de los pueblos de Aragón, la lectura de La Lluvia Amarilla, las temporadas que pasaba con mis abuelos en mi pueblo, en Ávila, donde veía como cada vez quedaba menos gente y se iban marchando rumbo a la emigración hacia Madrid, dejando muchas casas cerradas, aunque el pueblo nunca se abandonó, y un suplemento dominical que cayó en mis manos de un periódico de los últimos años 80, donde salía un reportaje sobre un pueblo que se había quedado deshabitado recientemente: Villacadima, en el norte de la provincia de Guadalajara». Todas estas circunstancias fueron germinando en su cabeza su pasión sobre un mundo bastante desconocido en aquellos años: la despoblación en España.

Tiempo y tiempo. Reconoce que le dedica «todo el tiempo» que puede, aunque teniendo en cuenta la dimensión del fenómeno, «nunca es suficiente». Los fines de semana que puede los dedica a visitar pueblos y entre semana, por las noches, se pone al día, «actualizándome sobre todo lo que sale en la red sobre el tema e intercambiando correos con personas afines al tema».

Y es que Faustino Calderón no está solo en esta cruzada. Hay otros a los que también apasiona conocer pueblos deshabitados, como el autor del blog Pueblos sin Vida, Jesús Sánchez Yuncal. «Desde pequeño siempre he tenido afición por meterme en casas abandonadas, cuevas... es algo que se lleva dentro y no se saben las razones, quizá tenga alma de arqueólogo», explica quien comenzó en 1995 con esta afición, recorriendo algún que otro pueblo leonés, «aunque visitando pueblos deshabitados para hacer reportajes fotográficos llevo algo más de cinco años». En el fondo, lo que pretendía era irse a vivir a una de estas poblaciones, «pero cuando vi en el estado que estaban las casas, me di cuenta de que no merecía la pena, tampoco se trataba de meterse a vivir entre escombros por mucho que me gustara el campo y la soledad».

Pues en el último lustro, en el que Jesús Sánchez Yuncal ha ejercido sin prisa pero sin pausa su apasionante afición, le dedica «muchas horas, incluso he pasado noches enteras buscando pueblos o aldeas deshabitadas a través de Google Maps, y he llegado a crear un mapa con la localización de pueblos, aldeas, caseríos... deshabitados, me ha llevado muchas horas y muchas noches sin dormir».

Pues bien, entre los hallazgos de Faustino Calderón en nuestra provincia destacan localidades como Alcadima, El Encebrico y Las Hermanas. Y el propio bloguero explica, respecto al primero, que «Alcadima es pura belleza, es uno de los deshabitados más bonitos no ya solo de Albacete sino de Castilla-La Mancha. Pueblo muy fotogénico, muy bien conservado, su ubicación, encajonado en un estrecho valle, su arquitectura popular, su deliciosa calle principal, el puente sobre el río Mundo, su refrescante fuente, el precioso sendero por el que se llega allí desde el pueblo de Híjar…. Un lugar para el recuerdo, para volver».

En buen estado. En cuanto a El Encebrico, indica que es un caso distinto. «Esta muy caído y sólo la casa del último que allí habitó permanece todavía en buen estado. Estando allí te haces una idea de lo difícil que tuvo que ser la vida en este solitario y apartado lugar.  Tan lejos de todo y tan cerca de nada. Todo era difícil para sobrevivir en este lugar, ningún tipo de infraestructuras -luz, agua, carretera-, ni servicios -escuela, médico-, era lógico que las gentes acabaran marchándose, si a ello se añade su considerable altitud, 1.420 metros, que les hacía padecer unos inviernos muy crudos y rigurosos pues queda claro porque esta aldea se despobló».

Y en tercer lugar subraya el autor de Los Pueblos Deshabitados, respecto a Las Hermanas, que fue una sorpresa «muy agradable». «No tenía ninguna referencia sobre este lugar y aprovechando una visita a la zona por otros motivos, como quiera que me había sobrado tiempo decidí visitar esta aldea de nombre tan sugerente que tenía localizada en el mapa. Fue un placentero descubrimiento, la vista desde lejos ya te agrada, la quietud que allí se da, el silencio, un caserío relativamente en buen estado aunque sin ninguna casa recuperada. Su trazado urbano, la fuente, el lavadero y el horno en la parte alta, la torre del reloj, la almazara, las espléndidas vistas que desde allí se tienen…. Una aldea muy agradable para visitar sin prisa».

El bloguero de Los Pueblos sin Vida fue funcionario, y actualmente prejubilado, señala que «cuando la gente me pregunta que a qué me dedico, les digo que soy viajante. y la verdad que es cierto, por que mi afición principal es visitar pueblos deshabitados a lo que dedico buena parte del año». Jesús Sánchez Yuncal nos hace una descripción de algunas poblaciones albacetenses, algunas a las que él mismo ha bautizado. Así, describe desde Almazarán  a Arteaga de Abajo, pasando por Casas del Estrecho, Casas de los Muleros, El Estanquillo Viejo, Los Pradillos, Los Rivero o Moharras, aunque hace especial hincapié en algunos casos. «Sí, por ejemplo, Almazarán, es un pueblo o cortijada que me ha gustado mucho, me gustan los pueblos situados en sitios abiertos, el camino de acceso desde Letur era relativamente bueno, lo peor fue la salida, la hice en dirección contraria, quería llegar a Molinicos para visitar el deshabitado Las Hermanas, y el camino a veces se perdía y por donde iba era el cauce de un río seco, todo pedregoso, con unos reguerones en el camino, que de haberse metido alguna rueda de la furgoneta en alguno, no hubiera podido salir por mis propios medios, pase algo de miedo, la verdad».

Nombres inventados. Jesús Sánchez Yuncal señala el caso de Casas de los Muleros. «La verdad es que no existe un pueblo con este nombre, se lo he puesto yo, y lo hice porque en este pueblo no vive nadie de forma permanente, pero sí tiene algunas casas arregladas, y como en cierta ocasión robaron, he preferido no poner el nombre verdadero para que no sea localizable. Suelo hacerlo cuando en un pueblo no vive gente, pero sí tiene casas arregladas». Y de Los Pradillos, explica que «estos cortijos no estaban en el listado de pueblos a visitar, lo encontré de camino a Almazarán, el sitio muy bonito, mucha vegetación, río al lado, pero no es el lugar donde yo m iría a vivir».

Faustino Calderón es muy metódico a la hora de plantear su cuaderno de ruta. «Llevo siempre una ruta previamente determinada y estudiada en casa antes de salir, voy a visitar una comarca concreta y dentro de ella los pueblos que quiero visitar, lo que pasa es que el tiempo es el que delimita la visita a todos los lugares y en ocasiones algún pueblo que está proyectado de visitar se queda sin ver por falta de tiempo».

Respecto a su documentación, «siempre es la misma», indica, añadiendo que «los antiguos vecinos que vivieron en cada uno de los pueblos a visitar son la mejor fuente de información posible, y además como yo busco siempre el lado humano de estos lugares qué mejor que poner en boca de ellos lo que quiero narrar: la vida cotidiana del lugar contada a través de sus palabras».

La búsqueda de antiguos vecinos siempre es la parte más complicada de este trabajo, porque es una generación que no espera, el tiempo pasa muy deprisa y cada vez es más difícil encontrar informantes. «Siempre busco en los pueblos grandes de alrededor y en los tres pueblos que tengo documentados de Albacete he tenido suerte en ese sentido».

Personajes. De los personajes que se ha encontrado en estos pueblos de Albacete más bien habla de los que «no me encontré». Tanto en Las Hermanas como en El Encebrico vivieron durante bastantes años como últimos habitantes del lugar dos solitarios, «dos personas muy arraigadas a la tierra que no quisieron seguir el mismo camino que habían llevado previamente sus convecinos: emigrar. Cada uno aguantó en su pueblo hasta que la vejez y la enfermedad les obligaron a salir de allí».

Y puesto que cada maestrillo tiene su librillo, Jesús Sánchez Yuncal expone que antes de comenzar un viaje, «hay que preparar la ruta, cuando salgo a visitar pueblos, no salgo solo a visitar uno o un par de ellos, llevo una ruta preparada, puedo hacer rutas de más de 10 días o incluso un mes visitando pueblos, lo que suele ocurrir algunas veces, es que por el camino, según en que zonas de España, te vas encontrando otros abandonos». Y a partir de ahí, documentación, documentación y documentación. Y en este aspecto, subraya, las nuevas tecnologías han facilitado mucho el trabajo.