José Navarro en Johannitesbrücke (puente de San Juan), en el río Rin, y de fondo la catedral de Münster
José Javier Navarro Lucas, es un joven albaceteño de 32 años, que emigró a Suiza para estudiar y terminó quedándose, y adaptándose a la nueva cultura de acogida.
¿Dónde vive actualmente?
Basilea, al noroeste de Suiza, justo donde colindan Suiza, Francia y Alemania.
¿En qué trabaja?
Soy músico clásico, guitarrista e ingeniero de sonido. Soy profesor de guitarra en el Conservatorio de Basilea. Paralelamente dirijo un proyecto de investigación sobre Human-Computer Interface y tengo un cuarteto de guitarras en Karlsruhe, Alemania, a casi dos horas de Basilea.
¿Ha sido muy difícil aprender el idioma?
Bueno, Suiza tiene cuatro idiomas oficiales: alemán, francés, italiano y romance. Basilea es germano parlante, por lo tanto me tocó el más incómodo por no tener orígenes tan latinos. Aquí existen muchos dialectos del alemán y cada ciudad tiene el suyo. Eso complica bastante las cosas. La gente de aquí prefiere hablar inglés o cualquier otro idioma antes que el alemán standard (no es difícil encontrarse suizos que hablan español). En mis clases hablo alemán académico y mis alumnos su dialecto.
¿Qué destaca culturalmente del sitio donde vive?
Basilea es una ciudad con casi 190.000 habitantes, algo más grande que Albacete. Sin embargo cuenta con cerca de 40 museos en los que destaca la Fundación Beyeler y El Museo Tinguely. También tiene la feria Art Basel que es de las más importantes del mundo. Por otra parte se vive un ambiente musical muy intenso por toda la ciudad, desde música antigua hasta nuevas corrientes de D&B o Punk.
¿Qué es lo que más extraña de Albacete?
Lo que más extraño no solo de Albacete sino de España en general es el humor. Nuestra forma irónica que tenemos de afrontar los problemas. Esa dimensión subrealista que tenemos de reírnos de todo. Desde luego aquí también tienen humor, pero... es distinto.
¿Se conocen los cuchillos y navajas de AB?
Desgraciadamente Suiza tiene una industria cuchillera también bastante importante por lo que uno no encuentra muchos cuchillos de Albacete por las tiendas. Sin embargo vino manchego si es fácil encontrarlo.
¿Cree que hay mucha diferencia entre una cultura y otra?
Una de las cosas mas llamativas es el respeto social que se respira. Tenemos una imagen de gente fría e individualista y creo que eso no es del todo cierto. Aquí la gente cuida más lo que es de todos que lo suyo propio, o, por ejemplo, paseando por la calle a una hora avanzada de la noche baja automáticamente la voz para no molestar a los que duermen. Luego esta el efecto contrario, es decir, están acostumbrados a eso y si a medianoche por la calle no hablas a media voz sale algún vecino por la ventana para gritarte que va a llamar a la policía.
¿Piensa volver?
Yo vivo aquí, pero siempre que puedo vuelvo a Albacete donde está mi familia y amigos. Cuando terminé mis estudios, ya tenia aquí: trabajo, novia y amigos.
Anécdota. «En mi época de estudiante era normal ganarme el pan diario tocando la guitarra en bodas, y diversas celebraciones. Una vez me llamaron para tocar en un bautizo y sólo cuando llegue al lugar me di cuenta que de bautizo nada, que era un entierro. En fin, que allí estaba yo delante de toda la familia apesadumbrada con mi repertorio de choros brasileños y rumbas. Desde luego tuve que improvisar un poco».