Antes de salir, últimas preparaciones. Compras, papeleo, revisión y equipamiento del coche, despedidas y más despedidas, hasta el último minuto antes de salir.
El coche lleva una tienda en el techo para dormir en ella en cualquier lugar independientemente del frío o calor que haga, así lo dice el catálogo, esperemos que sea verdad, que aísle bien sobre todo del calor y la lluvia. En el techo van además dos ruedas de repuesto, dos depósitos de 20 litros cada uno de gasolina (aún vacíos) y dos rampas de arena ¡ya veremos cuando tenga que utilizarlo! El maletero va lleno hasta arriba de cajas con miles «por si las moscas». Cacharros, ropa, comida, regalitos, contenedor de 50 litros de agua, piezas de repuesto y chismes para el coche que ni sabía de su existencia, botiquines, cabrestante, nevera eléctrica, equipo de buceo y playa, todo para el camping, ducha, y demás chichis varios… Hay que probar el máximo estas cosas antes de embarcar a África y si es necesario hacer las últimas compras y preparativos.
¿Qué lugar mejor para la prueba que las playas de Cádiz con los últimos hippies y ver si todos esos trastos sirven para sobrevivir con todas las comodidades? Dicho y hecho que para allá nos dirigimos, además pilla de paso Algeciras para coger el ferry que nos lleve a África.
Una escala técnica de un día con visita a familiares en Mojácar y al día siguiente dirección Cádiz. Después de 8 horas de conducción veo los primeros hippies que quedan buscándolos con lupa y el lugar de acampada libre, previsto en los planes originales para probar el equipo, decido cambiarlo por un camping al lado de ellos en Caños de Meca. La tienda, para montarla o más bien desplegarla, tarda solamente diez minutos (durante un año y en condiciones meteorológicas adversas seguramente que serán cinco como máximo!) y se duerme fenomenal en ella. Además todos los trastos de cocina sirven para hacer una comida deliciosa y el frigo mantiene las cervezas fresquitas durante horas.
En Tarifa resulta que el ferry no transporta coches hasta el cinco de agosto, el de Algeciras sin embarco todo el año. Desde ahí salen cuatro compañías con diferentes horarios que llevan tanto pasajeros como vehículos. El coste del pasaje, 200 €. Se paga por el coche y el número de personas que van en él. No por la carga, menos mal. Dentro del barco formalidades, hacer sellar el pasaporte y además registrar la entrada del coche. Un recibo verde que habrá que guardar bien hasta la aduana en la frontera con Mauritania para volver a entregarlo.
El pasaje dura una hora y media, la versión rápida. En otros ferrys se tarda más. Suficiente tiempo para dicho papeleo, fotos con últimas vistas al continente viejo y más compras. Esta vez para aprovechar los productos duty free, un cartón de tabaco servirá para ganarse a los lugareños o bien para algún soborno.
Por fin, África a la vista, la primera ciudad del circuito será Tánger, la ciudad que hará empezar otro mundo. Otros olores, otras costumbres, otros ritmos… y sobre todo mucho, mucho calor.
Tánger es la puerta a África y la gente llegando en ferry desde España deberán tener en cuenta que acaban de dejar atrás Europa. A pesar de su cercanía a nuestro país, aquí empieza otro continente. No es una ciudad que encante a primera vista, pero tiene su atractivo por su casco antiguo, la medina, lleno de negocios pequeños y su animada vida callejera. A pesar de la abundancia de los muchos faux guides (guías no oficiales) y otros buscavidas que pueden llegar a ser muy insistentes, es una ciudad ideal para experimentar un bullicioso y colorido ambiente de negocio combinada con una sorprendente pasividad letárgica de muchos de sus ciudadanos (masculinos). Y, aunque no haya muchos restaurantes, también puede ser un lugar estupendo para primeras pruebas de la rica gastronomía marroquí y sobre todo para relajarse sorbiendo un té de hierbabuena (que por cierto recuerda a un mojito caliente) en el Café Central en el Petit Soho mientras se observa a la gente o se echa una siestecita...