Los niños, omnipresentes en las calles de Senegal.
Cambio abrupto de vegetación. Como si las zonas respetasen las fronteras, inmediatamente después de pasar la frontera de Mauritania a Senegal empieza un diluvio monumental con lo que entramos definitivamente a la zona de lluvias. Aquí los meses de julio a septiembre son los meses húmedos, mucha lluvia que incrementa según se avanza hacia el sur.
Como consecuencia, muchas carreteras se convierten en pistas de barro intransitables y la mayoría de los Parques Nacionales y lugares turísticos cierran por la misma razón.
Toff-toff, así llaman aquí a los locos, y con razón, a los turistas que vienen en esta época a pasar sus vacaciones a Senegal. Además este año coincide con el Ramadán, lo que añade una dificultad extra encontrar un lugar para comer algo durante el día. Los restaurantes están todos simplemente vacíos. Menos mal que en Senegal, los mercados en comparación con Mauritania, ofrecen abundancia de frutas: papayas, limas, pomelos, naranjas y sobre todo mangos, muchos mangos, y todo a un precio de risa, unos 15 céntimos la pieza.
la puerta. Senegal es la puerta a África negra que atrae todos los años a miles de turistas por sus innumerables encantos. Es un país que permite tanto a los amantes de la naturaleza visitar sus numerosos Parques Naturales y playas preciosas como a los apasionados de la música, los bares de jazz de Saint Louis y la fiesta insuperable de Dakar. Y todo acompañado de gente simpática y extremamente guapa con sus vestidos en colores alegres.
Primera parada en Saint Louis, ciudad que me acoge enseguida con su ambiente colonial y su buena cocina. Al sur se extiende el Parque Nacional de la Lengua de Barbarie, una barra arenosa de 30 kilómetros de longitud que se extiende paralela al río Senegal. Es el refugio paradisiaco de muchas aves y escala obligada para cientos de especies en sus viajes migratorios. Normalmente se ven aquí pelícanos, cormoranes, gaviotas, garzas o flamencos, pero ahora es difícil por las intensas precipitaciones.
Después de unos días de relax, al aeropuerto de Dakar, unos amigos vienen a compartir experiencias y kilómetros durante sus vacaciones.
Esta capital es conocida por todo el mundo por el rally que durante tantos años empezaba en París y acababa aquí, más precisamente en las playas ubicadas detrás del igualmente famoso Lago Rosa, que por cierto de rosa tiene poco cuando el tiempo está nubloso y tormentoso.
Dakar es también conocido por su caos. Y a lo que se refiere mi viaje, se lo merece por su tráfico insuperablemente caótico. La carretera nacional de Saint Louis a Dakar está, cuanto más se acerca uno a la ciudad, atascada por causa de las lluvias, con calles cortadas por inundaciones y por la anarquía de su tráfico. En dónde normalmente está previsto un solo carril, hay tres filas de coches, carros y camiones.
Y para el trayecto que normalmente se suele tardar una hora se tardan ¡cinco!. Como el día que me para un policía de tráfico en el centro de la ciudad y me pide la documentación, los triángulos, el extintor y el resto de accesorios. Y mientras, pasando por mi lado todo tipo de coches con siete y hasta ocho personas, que les falta una puerta, maleteros y capós llenos de mercancías sobresaliendo más de dos metros.
Cuando ve que llevo todo en orden y le pregunto por el puerto, que es allí donde me dirigía, no se le ocurre otra cosa que parar todo el tráfico caótico y me hace dar media vuelta en medio de la calle con sus maniobras correspondientes y yo continuo tranquilamente. Muy útil.
En fin, hay que entregarse a las circunstancias y aceptar lo que traerán las próximas semanas. De momento, ya lo sé. Lluvia, mucha lluvia, acompañado por el Ramadán.
OPINIÓN - EL RAMADÁN Y YO
Ramadán, ni beber, ni comer, ni fumar, entre otras cosas, hasta la puesta de sol.
Yo, bebo cerveza cuando tengo sed y como, cuando tengo hambre.
Me estoy recorriendo Senegal de norte a sur por la costa en pleno mes de Ramadán pero en vez de disfrutar sus bulliciosas y caóticas calles, me dedico a ir en busca de algún lugar donde poder tomarme una cerveza o comer algo durante el día. Menos mal que está Dakar con sus bares y pubs, sin mucha gente porque está mal visto en esta época visitarlos y así poder deleitarme de la noche y viendo a las Naomis, así he bautizado a las mujeres de aquí por recordarme a la top model Naomi Campbell.
Los recién llegados de España y yo vamos de visita a una pequeña y turística isla. Da la casualidad que ahí no son musulmanes, me di cuenta enseguida viendo a las mujeres beber cerveza. Cenamos en uno de los dos restaurantes de la isla, con la música a tope y nos comentan que estarán abiertos hasta las 5:00 am, allí nos quedamos.
Decidimos hacer un paseo en cayuco por el Parque Nacional del delta del rio Saloum. Nos dicen de salir a las 15 horas para disfrutar de las aves y los manglares durante unas cuatro horas. Vamos con todo calor y no vemos ni un solo dichoso pájaro. A las dos horas, camino de vuelta. Nos quedamos sin gasolina y el capitán se lanza sin decir nada al río con una botella y nos deja a la deriva con su ayudante que se pone a rezar en la proa de la piragua ya que empieza a atardecer. Se nos queda una cara de gilipollas, menos mal que tenemos cervezas y mangos para hacer la espera. Una hora más tarde aparece nadando con la gasolina, arrancamos y a casa. Menos mal que las risas y el cachondeo merecieron la pena pagar lo que pagamos.
Así llevo yo mi Ramadán…