Mezquita construida con barro en mitad de la naturaleza.
Bienvenue à Burkina Faso, ¡Bonne route!: me dice el aduanero dándome la bienvenida y deseando buen viaje. Será por lo agradecido que está de poder romper con la rutina monótona de esta frontera por la cual no pasa prácticamente nadie.
Cuando me di cuenta en donde me metí, siguiendo las recomendaciones de Carlos, un amigo de Albacete que dirige la ONG África Sonríe, ya no había vuelta atrás. El mapa me indicaba un paso fronterizo que tenía buena pinta, siguiendo una carretera bien marcada. Pensé que en una frontera menos frecuentada, seguramente tardaría menos en pasar la burocracia y los trámites de varias horas ya conocidos de otras fronteras. Y así fue, al menos a lo que se refiere el papeleo, pero ¡menuda carretera!.
Lo que me acordé de Carlitos. La lluvia del día anterior había dejado la pista llena de sorpresas. Charcos ocultando agujeros amenazadores de estancar el coche en cualquier momento y barro deslizante… En fin, tardé una vez más el doble del tiempo que había pensado. Por el trayecto de 200 kilómetros me demoré un par de horas más del tiempo estimado. Y así me acosté esa noche, reventado de la concentración de la ruta, habiendo aprendido una cosa más. Elegir solamente puestos fronterizos en carreteras principales y, sobre todo, asfaltadas.
En Dedougou me albergo en el centro de acogida de unas monjas. La mejor opción por lo limpio y barato, además de acogedor, tal y como dice el nombre. Por solamente cinco euros y pagando por una buena causa. Por la noche, San Jueves, toca salir a cenar y tomar una copa con unos amigos locales.
Al día siguiente, Ouagadougou. De camino Houandé, a unos 200 kilómetros de la capital.
Visito la sede de la ONG Medicus Mundi Castilla-La Mancha. Ahí me recibe el albaceteño de 32 años Felipe Juárez, coordinador de proyectos de la organización que vive desde hace dos años y medio en este pueblo de pocos habitantes.
«El Gobierno local nos facilita mucho las cooperaciones ya que tiene un acuerdo con nosotros. Las ideas para identificar los proyectos nos las aportan los mismos habitantes, ellos conocen bien sus necesidades. El año pasado hemos realizado proyectos en varios ámbitos, tales como en la lucha contra el VIH/Sida, el suministro de agua potable o el apoyo terapéutico de enfermos mentales. Todo con la financiación, colaboración y el patrocinio de instituciones de Castilla La-Mancha» nos comenta Felipe.
Continuo camino a la capital de Burkina Faso. Con poco más de un millón de habitantes y lugar idóneo para dejar el coche aparcado, hacerle una revisión a fondo y sacar los visados necesarios para los próximos destinos: Costa de Marfil, Ghana, Togo, Benín y Níger. En este orden seguiré el trayecto si no hay cambios de última hora.Los consigo todos en 48 horas, todo un récord, pero por supuesto, con soborno de siete euros a un funcionario simpático y eficaz, vestido en chándal del Real Madrid incluido.
En Burkina Faso, la mayoría de la gente, el 80% son animistas. En las casas y los campos es sencillo encontrar amuletos protectores y objetos con nos parezcan raros y sin uso aparente.
Según me dice mi amigo Sankara, un guía y agente de viajes que he conocido en mi travesía de Malí, todos los africanos son algo animistas, independientemente de que sean musulmanes, cristianos o poco religiosos. Se basa en la creencia de que cualquier objeto, lugar o hecho, dispone de conciencia o vida propia, es más, está poseído por un espíritu.
Como consecuencia, todo lo que nos rodea es potencialmente sagrado. Para los occidentales es difícil de comprender el animismo y se tiende a confundir fácilmente como superstición.
Deshago el camino realizado de unos 400 kilómetros y me dirijo en dirección suroeste para ir a Costa de Marfil. Tengo que conseguir el visado para Camerún, pues lo dejé pendiente a mi paso por Dakar. En mi trayecto paso por Bánfora y visito unas cascadas donde el camino que me lleva es entre plantaciones de caña de azúcar y vigilantes con sus correspondientes escopetas.
Burkina, el país que más me ha gustado de los que llevo recorridos. Tal vez por su vegetación, por lo poco turístico o por los buenos precios. Lo que es cierto es que posee una gente encantadora y fascinante.