Varias personas comparten el transporte, cuya puerta deja ver ‘huellas’ de la guerra, a través del desierto del norte de Nigeria.
Níger y Nigeria, dos países con nombres similares pero totalmente distintos. E igualmente fascinantes que he podido visitar demasiado poco tiempo.
Entré a Níger por el norte de Benín y de nuevo, como si las vegetaciones respetasen las fronteras, me encuentro repentinamente con un paisaje desierto y palpablemente más pobre. Al contrario que en Benín, ya no se ve a los niños caminando orgullosamente en sus uniformes a lo largo de las carreteras en dirección al colegio. En su lugar, niños de cualquier edad que se ofrecen a lavar el coche, trabajando como vendedores ambulantes y muchos, muchos como pastores, responsables de un gran número de vacas, cabras u ovejas.
Níger se hizo tristemente conocido en 2005 como uno de los países más pobres. Una sequía desastrosa que hizo perder a la población rural la mayor parte de su ganado, y con eso, su principal fuente de ingreso. Y viajando por el país es fácil de percibirlo. El paisaje es árido o simplemente desierto, y la mayor parte de la población vive en pueblos pequeños y aldeas donde la única riqueza es la tierra de cultivo y el pastoreo.
No obstante, en el camino recorrido de Dosso a Birnin-Konni, Zinder y finalmente Diffa pude conocer a gente muy orgullosa de su país y, sobre todo, de la paz y cierta democracia que viven desde hace poco tiempo.
Nigeria la conocemos como uno de los países más ricos del continente, como poseedor de riqueza petrolera que en efectivo domina económicamente toda la región del Oeste de África. Es un país de extremos, ocupa el 15 por ciento de esta región, pero con sus 140 millones de habitantes contiene la mitad de su población.
Tiene la tercera producción de cine del mundo, después de Estados Unidos e India, por lo que es también llamada Nollywood, produciendo entre 400 y 800 películas al año. Además, de lo que pude experimentar personalmente, posee de las mejores carreteras que he recorrido hasta ahora.
Sin embargo, es un país que va de crisis en crisis. Sorprendentemente, en las muchas gasolineras que hay pocas tienen gasolina y lo mismo con los bancos. Multitud de ellos, pero sin dinero.
Como consecuencia, puede resultar difícil encontrar diesel pero barato, 50 céntimos el litro y un cajero donde funcione la tarjeta o un banco que cambie dinero por lo que terminé en el mercado negro cansado de dar vueltas. Al menos esto fue el caso en Maiduguri, la ciudad en el norte de Nigeria que visité de relámpago y que en agosto fue lugar de un enfrentamiento sangriento entre los fundamentalistas islámicos y las fuerzas de seguridad. Como otras ciudades de Nigeria, parece albergar demasiada gente y todo parece un caos, especialmente el tráfico.
Tal y como es el caso en Maiduguri, en la mayoría de los estados del norte se ha introducido la Sariá, es decir la ley que dirige la vida cotidiana según lo rige el Corán, pero en el sur sin embargo, los que ostentan el poder son los cristianos.
Nigeria adquirió su independencia en 1960 y a los pocos años le toco la lotería con el boom del petróleo. Su producción subió siete veces e inversores del extranjero aportaron mucho dinero al país. Pero en los años 80 el precio de la gasolina quebró y el país entró en crisis. Como consecuencia, las inversiones extranjeras se pararon y el resultado fueron deudas astronómicas. Crimen y corrupción crecieron paralelamente.
Me llevo el recuerdo de un país caótico, exuberante y fascinante, con una gente que parece llevar la sonrisa siempre en la cara de nacimiento.
Desde ahí me dirijo a Camerún que cruzaré de norte a sur pasando por parques nacionales, montañas entre selvas para terminar en playas tropicales.
OPINIÓN - CON GANAS DE VOLVER
Nigeria, lo único que me quitaba el sueño de vez en cuando. Desde antes de salir de España, durante el viaje y hasta el último policía de Níger en la frontera con Nigeria, todas las noticias que venían de este país eran negativas.
Tantas historias de robo, corrupción, fraude, policías borrachos y, sobre todo, innumerables controles de carretera con obligación de pagar dinero. Y eso en un país políticamente inestable, donde según el seguro que tengo contratado está en guerra y no me cubría, con una población de 140 millones de habitantes y la mayor parte de su territorio categorizado como «zona de alto riesgo» por el Ministerio de Asuntos Exteriores español. Vale, pero ¿cómo llegar entonces a Camerún?
Ir por el sur saliendo desde Benín, obviamente lo menos recomendable, por tener que pasar por Lagos y siguiendo toda la carretera a lo largo de la costa y atravesando el Delta del río Níger. Ahí es la zona más conflictiva y decido ir por el norte, dominada por los fundamentalistas islámicos. La ruta que decido es estar el mínimo tiempo posible en Nigeria, sólo son unos 500 kilómetros, que los podía hacer en 24 horas parando a dormir.
Cruzo la frontera y me encuentro una pista arenosa en el sur del lago Chad de 37 kilómetros, que no se cómo no me perdí. Echo gasolina, a unos 50 céntimos el litro y me dirijo a Maiduguri. Cada 20 kilómetros hay un control de policía pero como no tenían pinchos ni barreras cortando la carretera decido no parar en ninguno de ellos. Los paso lo más rápido posible, me pitan, tocan el claxon de los coches para que parase y yo nada de nada, y así consigo llegar a mi destino sin parar en ningún control. Me alojo en un asqueroso hotel con parking, situado en la misma carretera de salida en dirección a Camerún.
A la mañana siguiente salgo al amanecer para cruzar lo antes posible la frontera. Hago la misma táctica de no parar pero a unos 30 kilómetros de la frontera si hay barreras con pinchos sobre el asfalto y me dan el alto, utilizo mi experiencia de cuando pasé por Costa de Marfil y no tengo ningún problema. Llego a la frontera, trámites y a Camerún.
Nigeria, 24 horas, ningún soborno, ninguna cerveza, gasolina barata y con ganas de volver.