El coche del autor, remolcado por un camión en el tramo de entrada al Congo.
Hay dos Congos que no hay que confundir entre ellos. Uno, llamado La República de Congo o Congo Brazzaville es el país que visito primero. El otro, con peor reputación, es la República Democrática de Congo con la capital Kinshasa.
Sin embargo, las dos capitales están pegadas una a otra, pero separadas por el inmenso río Congo. Y mientras que el primero ha encontrado una paz relativamente estable, el segundo sigue siendo país declarado «en estado de guerra» por la ONU.
Entro en Congo Brazzaville y enseguida vienen a mi recuerdo las aventuras de Tintín en el Congo, las mías no son tan peligrosas de vida o muerte, pero sí llenas de riesgos por el camino que tuve que escoger para llegar desde la frontera de Gabón hasta la primera carretera de asfalto.
Sabía que iba a ser difícil y, a pocos kilómetros de la frontera, vi un camión con matrícula española. Es de un extremeño que viaja por África sin rumbo fijo ni planos y va recogiendo gente que se le une para compartir kilómetros y aventuras. En este momento se le han unido una española de 65 años, un japonés y un brasileño. Decidimos hacer juntos estos 250 kilómetros por pistas arenosas ahogadas en agua por la temporada de lluvia que en estos momentos llega a su fin.
Otro peligro añadido: los camiones que van pasando dejando unas huellas tan profundas que el coche se queda agarrado por sus tripas constantemente. Estos camiones, que van de un lado a otro circulando día y noche, son de la empresa china que ha sido encargada de construir la carretera. Pero de momento, con el resultado completamente adverso.
La pista que antes era más o menos transitable, está ahora llena de barro, charcos o bancos de arena. Los camiones con sus cargas pesadas dejan atrás unas rodadas en las que los coches se quedan fácilmente atascados por los bajos.
De todos modos, voy avanzando poco a poco y adquiriendo cada vez más experiencia en este tipo de conducción y solo en una ocasión, me tienen que sacar mis amigos con su camión a remolque del barro.
Hay que procurar mantener siempre gas constante en este tipo de conducción pero siempre hay algo que te hace cambiar de rumbo. Una cuesta, un puente que está en malas condiciones y tienes que parar para observar antes la rodada que vas a realizar, charcos que parecen piscinas olímpicas y no sabes la profundidad o un simple camión atascado en medio de la pista y tienes que salir de ella y hacer un nuevo camino entre la vegetación más alta que el propio coche.
El camino que normalmente se puede hacer en una jornada, se convierte en un trayecto de cinco días conduciendo de sol a sol diariamente.
Dormimos en los pueblos que nos acogen con una hospitalidad extraordinaria, eso sí, siempre acompañada de mucha curiosidad. Lo primero que suelo ver por las mañanas cuando saco la cabeza de la tienda, son niños y adultos que están observando y comentando todo, a veces acomodados en sillas para no cansarse contemplando el espectáculo, un público constante al que tiene que habituarse cualquier viajero en África.
Como la primera noche, pedimos permiso al jefe del poblado para acampar en el campo de fútbol. Nos deja sin problemas y por la noche charlando con él, le pregunto cómo está la carretera a partir de allí, estaban dos camiones atascados en su poblado, y me contesta: «¿llevas pala? Si llevas pala no hay problema» Miro a David y nos echamos a reír.
En el siguiente pueblo que nos encontramos al día siguiente después de unas 10 horas conduciendo, conocemos al gobernador de la región que nos acoge en su casa, nos invita a unas cervezas mientras charlamos y cambiamos impresiones de nuestros países y nos prepara un desayuno a la mañana siguiente con su familia digno de una recepción política. Nos regala infinidad de mangos y papayas y nos desea un buen viaje.
Con todo ello consigo llegar a Oyo, la ciudad donde empieza la carretera asfaltada y directa a la capital, Brazzaville. Aquí unos días para hacer las compras oportunas, hacerle de nuevo la revisión al coche, visitar un buen restaurante y salir a conocer la vida nocturna congolesa antes de embarcarme en el transbordador que me cruce a la otra orilla del río Congo, Kinshasa.
OPINIÓN - KART A PEDALES
El ciclista, ambientalista y fotógrafo brasileño, José Geraldo de Souza Castro, Zé do Pedal de 52 años está haciendo un viaje en un kart a pedales.
Desde el comienzo del viaje, en Paris, el día 10 de mayo de 2008, Zé do Pedal ha recorrido 11.600 kilómetros, pasando por Francia, España, Portugal, Marruecos, Sahara Occidental, Mauritania, Senegal, Malí, Burkina Faso, Costa del Marfil, Gana, Togo, Benín, Nigeria, Camerún, Gabón y finalmente Congo. De aquí sigue en dirección a República Democrática de Congo, Angola, Namibia, Botsuana y finalmente África del Sur, en un recorrido de 17.000 kilómetros que tendrá su final el 1 de junio de 2010 en la ciudad de Johannesburgo.
Según el ciclista-pedalista, la segunda etapa del viaje, Dakar-Lagos, «fue un poco más difícil y complicada que la primera Paris-Dakar. En Senegal, me toco casi 300 kilómetros de caminos de tierra, donde apenas lograba avanzar unos 30 kilómetros al día y fueron 12 jornadas comiendo polvo», bromea José.
«A mi llegada a Kayes, en Malí, durante una semana, las temperaturas ascendieron hasta 45 grados. Al llegar a Costa de Marfil, pasé por una zona controlada por la milicia rebelde de aquel país, donde no existen leyes. O sea: manda quien puede y obedece quien tiene juicio. Ya siguiendo por el litoral atlántico, empezó la estación de lluvia, con aguaceros constantes de 5 días consecutivos y con la lluvia, llegaron también los mosquitos. En Accra, capital de Gana, caí víctima de la Malaria, donde pude recuperarme y continuar el viaje. La parada sirvió, también para recuperar parte de los 6 kilos que perdí debido al insoportable calor en Malí». Al llegar a Gabón, debido a las condiciones climáticas y de los caminos, Pepe tuvo que cambiar su ruta y vehículo. En vez de continuar pedaleando por caminos embarrados hasta la ciudad de Oyo (República de Congo), subió su kart al camión de David. Ahora sigue rumbo a Sudáfrica por carreteras asfaltadas.