El coche del autor, en una playa de Costa Esqueleto.
Después de visitar el noroeste de Namibia y el Parque Nacional de Etosha me dirijo de nuevo dirección a la costa partiendo desde Outjo. Atravieso 500 kilómetros de pista vallada a ambos lados durante todo el trayecto, protegiendo así las fincas de los granjeros blancos ante la amenaza de intrusos invisibles.
El paisaje, llamado Damaraland ,y hábitat de rinocerontes y jirafas, sigue siendo árido y desértico, alternándose con colinas suaves y alguna montaña más alta, como por ejemplo la Brandberg, con sus 2.573 metros de altura formando así la cota más alta de Namibia, en cuyas faldas me instalo para pasar una noche rodeado de antílopes y un búho. Antes de llegar ahí, a 40 kilómetros al oeste de la ciudad Khorixas, hay la posibilidad de ver un Bosque Petrificado, compuesto de troncos de árboles mineralizados de hasta 34 metros de longitud y seis metros de perímetro.
De repente, cambia el paisaje y la arena conquista la pista. A izquierda y derecha se elevan dunas interminables que desembocan en el mar. Aquí se encuentra la tan temida Costa Esqueletos y me doy cuenta por qué.
A pesar de ser ahora verano, hace un viento tremendamente frío y niebla acompañada de una humedad pegajosa que no invita a demorarse mucho en este lugar. La costa debe su nombre al traicionero litoral que, con sus rocas y calas de arena, cubiertas constantemente de la ya mencionada niebla, ha hundido tantos barcos y a sus incautas tripulaciones. Los primeros marineros huían de estas costas ya que cuando un barco era arrastrado a la orilla, el destino de la tripulación estaba sellado. La costa, que es área protegida, comprende casi dos millones de hectáreas de dunas y llanuras de grava, en lo que es considerada una de las zonas más inhóspitas del mundo.
cámping de lujo. Sin embargo, se encuentran ahí en el medio de la nada un hotel y un camping, que solamente abren durante las vacaciones escolares de verano como ahora y en donde se instalan los aficionados a la pesca.
Vienen de todos los rincones del país y de más lejos, sobre todo de Sudáfrica, y acampan con sus familias montando un biwac impresionante, tiendas más grandes que muchos pisos en España, con frigoríficos llenos de carne y cervezas, cocina completa televisión con satélite.
Es decir, todas las comodidades a las que están acostumbrados y a las cuales no quieren renunciar haciendo camping, un camping de lujo.
Un poco más al sur, al salir del Parque de Costa Esqueletos, se encuentra la Reserva de Lobos Marinos de Cabo Cross, donde crían miles de lobos marinos sudafricanos.
En la época de alumbramiento, que ocurre en sincronía para todas las hembras durante los meses de noviembre y diciembre ,y sobre todo alrededor del 10 de diciembre, se puede encontrar aquí hasta 210.000 animales, la mayoría de ellos recién nacidos, que forman una inmensa alfombra.
Todo acompañado de un olor agresivo y de una cacofonía procedente de las hembras y las crías que se pierden en la masa. Un 30 por ciento de los recién nacidos mueren en las primeras semanas, sea por calor, por no encontrarse con sus madres o aplastados por los pesados machos que luchan entre ellos por defender sus territorios sin tener en cuenta lo que se encuentran en su paso.
Desde ahí, siguiendo la carretera del litoral, se llega a las ciudades de Swakopmund y Walvis Bay, ciudades que se puede describir como más alemanas que la propia Alemania.
La primera es el destino turístico más popular de Namibia, de tal manera que se llena a tope durante las fiestas de Navidades y Fin de Año, atrayendo sobre todo a adolescentes hambrientos de fiesta y del deporte de aventura. Muy populares son las salidas por el desierto en quad y el sandboarding, surf sobre las dunas.
Lugar donde decido quedarme para pasar Nochevieja, acampando en una playa junto al único chiringuito de playa que existe en todo el país, como los que encontramos por toda la costa española, y otras 5.000 personas más. Barbacoas, fuegos, bebida y sobre todo mucha fiesta, con la consiguiente resaca de Año Nuevo.
OPINIÓN - ESPAÑOLES POR EL MUNDO
Mi segunda avería de importancia del coche ocurre en una pista de tierra de unos 500 kilómetros en dirección a Costa Esqueleto. De repente, la temperatura se sube por las nubes. Son cerca de las tres de la tarde; un calor espantoso, el termómetro una vez parado el coche marcaba 55 grados; vallado toda la carretera en ambos lados y lo último civilizado que había pasado estaba a unos 200 kilómetros.
Veo que todo el agua del radiador está por el suelo y cuando estoy pensando donde coño estoy el 30 de diciembre, con este calor y yendo a no sé donde, me di cuenta dónde estaba y porque del famoso nombre de Costa de los Esqueletos. Los primeros coches que pasan, van y paran. Resulta que vieron mi matrícula española y dijeron, ¿qué hace aquí un coche con esa matrícula? Sorpresa, son españoles que viven en Walvis Bay donde hay una gran comunidad de España: unas decenas de ellos, en una ciudad de unos pocos miles.
Se dedican a la pesca, tienen sede aquí grandes armadores y empresas pesqueras, con sus fábricas, barcos y hasta su Casa del Mar del Ministerio de Asuntos sociales de España. Se localizan aquí varias empresas que pescan y procesan pescado fresco y congelado, compañías como por ejemplo Pescapuerta o Pereira, ambos exportando a España y medio mundo. Tuve la oportunidad de visitar la planta de procesado de pescado y pude observar el alto control de higiene y eficacia en toda la cadena.
Mis nuevos amigos españoles me ayudan en la reparación del coche, me alojan en su casa, me invitan a comer y cenar todas esas cosas ricas que existen en España, como lentejas con chorizo. ¿Qué más se puede pedir estando a más de 15.000 kilómetros de tu hogar durante las fiestas? Gracias a Juan, Isabel, Marta e Ignacio.