El amanecer es el mejor momento entre los viñedos.
La región de los viñedos que se extiende hacia el norte y el este de Ciudad del Cabo es el destino turístico más frecuentado y popular de Sudáfrica.
Lo mejor es tomar la Ruta 62 que se anuncia como la ruta vinícola más larga del mundo. Pasa por impresionantes puertos de montaña y poblaciones del siglo XVIII perfectamente conservadas, como la pequeña ciudad de Franschhoek por la que empiezo mi ruta propia. El lugar se vende cómo la capital gastronómica del país, y efectivamente, la calle principal está llena de rústicos cafés y restaurantes que invitan a comidas exquisitas.
Menos turístico es Paarl. Otro centro vinícola rodeado de montes y viñedos a orillas del río Berg y donde los edificios son muestras de arquitectura holandesa.
Aquí visito unas cuantas bodegas de las cuales destaco Backsberg, cuya oferta ofrece un vino para todos los gustos y bolsillos. Fue fundada en 1916 a pie de las montañas de Simonsberg. Bajo mi modesta opinión, y que no suelo ser fan de vino blanco, me gustó mucho el Chardonnay 2008 a un precio de cinco euros.
Pero el que más me llamó la atención fue el tinto llamado Elbar 2007 a un precio de seis euros, del cual disfruté varias botellas con el propietario de la bodega al que le pedí un lugar en su finca para poder acampar y me brindó una hospitalidad extraordinaria.
Pero la ciudad más famosa es Stellenbosch, fundada en 1679 y dando nombre a los vinos de la región más famosa de Suráfrica. Éste fue el segundo asentamiento colonial europeo más antiguo del país.
Con tantas bodegas es difícil saber y decidir cuáles de ellas visitar. Decido ir y con buen criterio a Thelema. Es una bodega que destaca sobre todo por su ubicación entre montañas y su arquitectura moderna con mucho cristal y luz natural. También destaca por haber sido fundada en 1983, joven en comparación con la mayoría de las bodegas que llevan normalmente en mano de la misma familia desde hace varias generaciones. El que más me gustó fue el Cabernet Sauvignon 2006, que se vende a un precio de 17 euros en la bodega.
También visito otras como Kleine Zalze y su campo de golf con un magnífico restaurante, Kanonkop, de la cual resalto su vino Paul Sauer 2006. Y una de las más conocidas mundialmente Meerlust, fundada en 1756 y donde sólo me dejaron catar un vino sin pagar.
Continúo por la Ruta 62 y llego a Montagu. Hay muchas bodegas con nombres impronunciables, como por ejemplo la Joubert-Tradauw. El propietario Meyer Joubert, está convencido que el mejor vino del mundo viene de la región de Tradauw, por su terreno único y un microclima entre montañas y mar.
Produce pocas botellas al año. En la misma bodega hay un jardín con mesas a la sombra de parras donde la mujer de Meyer sirve comidas exquisitas con productos comprados a los granjeros de la región.
Siguiendo la carretera y unos 100 kilómetros más adelante se encuentra la ciudad de Oudtshoorn que se anuncia como la capital mundial de avestruces.
A principios del siglo XX, se hicieron fortunas con la moda de sus plumas. Entonces esta ciudad floreció y sus magnates de pluma se construyeron las mansiones características que se ven.
En mi camino de vuelta a Ciudad del Cabo en vez de ir por la carretera nacional decido volver y adentrarme en la ruta de las bodegas. Visito Excelsior Estate en la ciudad de Ashton, donde por destacar alguno de sus vinos, me inclino por el Excelsior San Louis Shiraz 2007.
Continúo ruta y hago otra parada en la zona de Robertson. Me acerco a la bodega Van Loveren y el vino que más me gusta es el Signature Series Shiraz. Springfield me brinda la cata de los suyos y subrayo entre ellos el Whole Berry Cabernet Sauvignon 2008, de nueve euros.
Para terminar en esta zona y a última hora cuando estaban cerrando la bodega me dan la bienvenida en Robertson Winery. Tienen una gran variedad y a precios muy accesibles entre uno y cinco euros, pero lo que más me llama la atención son una serie que se llaman Fat Bastard donde el Shiraz no está nada mal
De aquí a Ciudad del Cabo, a descansar del vino y volver a la cerveza.
OPINIÓN - 'TICKET SALES'
El otro día me pasé por la oficina de la FIFA para ver si compraba unas entradas para el Mundial. Unas oficinas completamente vacías, exceptuando a los dos vigilantes y las tres chicas en las casillas de venta. Me pongo a estudiar el calendario y, después de un buen rato y viendo los precios, decido comprar unas cuantas entradas para los partidos de la selección española.
Hay cuatro tipos de localidades y la más barata, a sorpresa mía, es de 14 euros. Cualquier persona puede acceder a las entradas desde la página oficial de la Federación Internacional de Fútbol (FIFA), pero los precios que salen son para los NO africanos por lo que estos precios solo se pueden conseguir en la oficina oficial o en las propias taquillas.
Como español te dan como máximo un visado de tres meses en la frontera, gratuito, y lo bueno de este visado es que es temporalmente residente, por lo que decido ir a comprar lo máximo de entradas, que son 10 por partido.
Haciendo números veo que, con una inversión de 140 euros por partido, con poco que las venda a un precio asequible gano una pasta.
Me acerco a la taquilla y después de soltarles un rollo, de hablar con unas cuantas personas y convencerles de que soy surafricano durante tres meses y que no pretendo hacer reventa, que son para mis amigos locales y que no pienso venderlas, resulta que están agotadas todas las entradas para los partidos de España.
En cambio quedan todavía sin vender para partidos de Brasil, Argentina, Alemania o Inglaterra.
Si va a venir algún español a disfrutar del Mundial, le recomiendo que en inmigración a su llegada, pida un visado de tres meses con la excusa de venir a ver los partidos y luego viajar por el país.
De esa manera será residente temporal y podrá conseguir entradas cuando las vendan en taquilla a precios de locales. Tendré que buscarme otro negocio… www.365xafrica.com